Hay algo lorquiano en lo aferrado que están Juanjo y su propuesta y visión artística a sus raíces, a Zaragoza. Da la sensación de que existen unas raíces físicas que le unen tanto a él como a su arte a ese lugar y se ha marchado de ahí pero está tan conectado que parece ver, sentir, entender desde esa tierra, casi incluso desde esa tierra física. Como si él sintiese a través de ella, como si en sus entrañas Zaragoza hubiese hecho crecer raíces.
Muchos personajes de Lorca sienten así, desde lo más esencial, desde lo más brutalmente humano y sienten tanto y de una forma tan pura, cruda y desnuda que sus propios sentimientos parecen demasiado, parece que podrían robarles el aliento, dejarles marcas y hacerles sangrar. Parece que los sentimientos, las sensaciones, las emociones vienen de la tierra, del suelo, de las raíces.
Hay algo muy lorquiano en el rojo de la estética, en la camisa blanca, en el amor a todo aquello que las raíces hicieron crecer, aquí, el folclore. Hay algo muy lorquiano en que las mujeres sean protagonistas, en que tengan carácter y nombres y apellidos y las autoras de las consecuencias en su historia. Mujeres que miran a los ojos, que alzan la barbilla y la voz porque no son invisibles, que sienten, que padecen, que no serán personajes secundarios, no otra vez.
Hay algo lorquiano en llevar la tierra aferrada a tus adentros.