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Septiembre
SIGMUND FREUD
(Příbor, 6 de mayo de 1856 - Londres, 23 de septiembre de 1939)
9 de abril de 1935
Estimada señora,
Deduzco por su carta que su hijo es homosexual. Estoy muy impresionado por el hecho de que usted no mencione este término por sí mismo en su información acerca de él. ¿Puedo preguntar por qué evita decirlo? La homosexualidad seguramente no tiene ninguna ventaja, pero no hay nada de lo que avergonzarse, no es un vicio, ni una degradación, ni mucho menos una enfermedad. Consideramos que es una variación de la orientación sexual, quizá producida por un diferente desarrollo sexual. Muchas personas muy respetables de los tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, varios de los más grandes hombres de entre ellos: Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si se tratase de un crimen, y una crueldad también. Si no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.
Cuando me pregunta si le puedo ayudar ¿qué quiere decir? Supongo que la pregunta es si puedo suprimir la homosexualidad y colocar en su lugar la heterosexualidad. Mi respuesta es que en general no puedo prometer lograrlo. En cierto número de casos tenemos éxito al intentar desarrollar el germen heterosexual que queda presente en todos los homosexuales, pero estos casos son mínimos, y en la mayoría de los sujetos el cambio no es posible. Es una cuestión de la calidad y de la edad del individuo. El resultado del tratamiento no se puede predecir.
¿Qué análisis puede hacer si su hijo transcurre por una línea diferente? Lo importante es si él es infeliz, neurótico, afligido por sus conflictos, inhibido en su vida social. Entonces el análisis puede traerle armonía, la paz de la mente, la eficiencia total. Si él sigue siendo un homosexual o cambia, es lo de menos.
Pero creo que usted necesita más ese análisis que él. Si usted se decide a tener un análisis conmigo, no espero que lo acepte, puede visitarme en Viena. No tengo ninguna intención de moverme de aquí. Sin embargo, estaré esperando su respuesta.
Atentamente con los mejores deseos,
Freud
Pd: No encontré difícil leer su letra. Espero que no encuentre en mi letra y en mi inglés una tarea más ardua.
Una carta que llegó a las manos de Alfred Kinsey y fue publicada en el American Journal of Psychiatry en 1951. Ahora ha sido rescatada para una exposición en el Museo de Sexología de Londres.
JACQUES LACAN
(París, 13 de abril de 1901-ibídem, 9 de septiembre de 1981)
EPÍLOGO
Así se leerá --este librejo apuesto.
No será como mis Escritos cuyo libro se compra: dicen, pero es para no leerlo.
No hay que tomar por accidente, el que sean difíciles. Al escribir Escritos en la cubierta de la colección, me oía a mí mismo prometérmelas: un escrito a mi entender está hecho para no leerse.
Eso dice otra cosa.
¿Qué? Como es donde estoy en mi presente decir, tomo aquí lance de ilustrarlo, según mi costumbre.
Lo que se acaba de leer, al menos lo que estoy suponiendo al epilogarlo, no es pues un escrito.
Una transcripción, he ahí una palabra que descubro gracias a la modestia de J. A. M., Jacques Alain, Miller de apellido: lo que se lee pasa-a-través de la escritura permaneciendo indemne.
Ahora bien, lo que se lee, es de eso que hablo, puesto que lo que digo está consagrado al inconsciente, o sea a lo que se lee ante todo.
¿Es preciso que insista? --Naturalmente: puesto que aquí no escribo. De hacerlo, epiborraría1 mi seminario, no lo epilogaría.
Insistiré, como es preciso para que eso se lea.
Pero todavía tengo que expresar al autor de este trabajo el haberme convencido --de manifestármelo durante su transcurso-- que lo que se lee de lo que yo digo, no se lee menos de que yo lo diga. El acento, hay que ponerlo sobre el decir, pues el yo puede muy bien correr aún.
En una palabra, que podría sacarse provecho para lo que es hacer consistente el discurso analítico, en lo que confío en que se me relea. Ponerlo en hora de mi llegada a la École normale sólo está ahí para tomar nota del fin de mi desierto.
Se puede dudar por el tiempo que he dedicado a ello de que la salida que he calificado de poubellication2 me desagrade. Pero que se p'oublie3 lo que digo hasta el punto de introducir ahí el giro universitario, vale bien que aquí señale su incompatibilidad.
Plantear el escrito como yo lo hago, que se observe que en extremo eso es logrado, que se lo convertirá aún en su estatuto. Aunque sea por un poco, no impedirá que eso fuese establecido mucho antes de mis hallazgos, puesto que después de todo el escrito como no-a-leer, fue Joyce quien lo introdujo, y haré mejor diciendo: lo intradujo, pues al hacer de la palabra trazo más allá de las lenguas, sólo apenas se traduce, al ser por todas partes igualmente poco a leer.
Yo sin embargo dado a quien hablo, tengo que sacar de esas cabezas lo que creen tener del tiempo de la escuela, llamada sin duda maternal de cuanto allí se posee la desmaternalización: o sea, que se aprenda a leer alfabetizándose. Como si el niño al saber leer de un dibujo que es la girafa, de otro que es gallo lo que hay que decir, no aprendiese solamente que la G con la que ambos se escriben no tiene nada que hacer de leerse puesto que allí no responde.
Que lo que se produce desde ese momento de anortografía no sea juzgable más que tomando la función del escrito por un modo otro del parlante en el lenguaje, es donde se gana en el bricolage ya sea poco a poco, pero iría más de prisa sabiéndose qué es de ello.
Ya no estaría mal que leerse se entendiese como conviene, allí donde se tiene el deber de interpretar. Que sea la palabra4 donde no se lea lo que ella dice, he ahí sin embargo eso de lo que el analista se sobresalta pasado el momento en que se lanzó,5 ¡ah!, a entregarse a la escucha hasta ya no tenerse en pie.
Intención, desafío uno se desentiende, desconfiado uno se defiende, reprime, rezonga, todo le será útil para no entender que el «¿por qué me mientes al decirme la verdad?» de la historia que dicen judía sea allí el menos tonto quien habla no diga, sin embargo, que es de no ser un libro de lectura que el indicador de los ferrocarriles es ahí el recurso por el que se lee Lembarg en lugar de Cracovia -o mejor aún que lo que zanja en cualquier caso la cuestión es el billete que expende la estación.
Pero la función del escrito no es entonces la del indicador, sino la vía misma del ferrocarril. Y el objeto (a) tal como lo escribo es el rail por donde llega el más-de-gozar eso donde se habita, incluso se abriga la demanda a interpretar.
Si de la libación de la abeja leo su parte en la fertilidad de las plantas fanerógamas, si auguro del grupo más a ras del suelo al hacerse vuelo de golondrinas la fortuna de las tempestades está claro de por qué les lleva al significante por el hecho de que yo hablo, que tengo que dar cuenta.
Recordar aquí el impudor que se me imputó para estos escritos de haber hecho de la palabra mi medida. Una japonesa estaba fuera de sí de lo cual me sorprendí.
Ocurre que yo no sabía, aunque propulsado, precisamente, por sus cuidados, allí donde se habita su lengua, que ese lugar sin embargo yo sólo lo tanteaba con el pie. Sólo después comprendí lo que lo sensible recibe ahí de esa escritura que del on-yomi al Kun-yomi repercute el significante hasta el punto que se desgarra de tantas refracciones, a lo que el menor diario, el rótulo de la encrucijada satisfacen y apoyan. Nada ayuda tanto a rehacer los rayos que chorrean de tantas compuertas, lo que de la fuente por Amaterasu volvió a la luz.
Es el punto en que me dije que el ser que habla por ahí puede sustraerse a los artificios del inconsciente que no lo alcanzan de allí encerrarse. Caso-límite a confirmarse.
Ustedes no comprenden stécriture. Tanto mejor, eso será motivo para explicarlo. Y si eso queda en suspenso, estarán libres para el aprieto. Vean, por lo que me queda a mí, yo sobrevivo a ello
Aún es preciso que el aprieto sea serio para que ello cuente. Pero ustedes pueden para ello seguirme: no olviden que entregué esta palabra a su suerte en mi seminario sobre la angustia, el año antes de lo que aquí va. Eso es decirles que uno no se desembaraza tan fácilmente de ello como de mí.
Esperando que la escala les sea propicia en lo que aquí se lee: no les hago subir para volver a descender.
Lo que me sorprende cuando releo lo que fue mi palabra es la seguridad que me preservó de caer en la tontería con respecto a lo que me llegó después.
El riesgo cada vez me parece total y eso es lo que me produce fatiga. Que J. A. M. me lo haya ahorrado, me hace pensar que eso no es nada para ustedes, pero también me hace creer que si me libro de ello, es que de escrito tengo más de lo que je n'écrois.6
Recordemos para nosotros que nous écroyons7 menos que en el Japón, lo que se impone del texto del Génesis, de ex nihilo nada se crea más que el significante. Lo que es evidente puesto que en efecto eso no vale más.
El inconveniente es que de ello depende su existencia, o sea eso de lo que sólo el decir es testigo.
Que Dios se probase en ello hubiese debido desde hace tiempo volverlo a colocar en su lugar. O sea, aquél en el que la Biblia plantea que no es mito, sino historia, se ha señalado, y eso en lo que el evangelio según Marx no se distingue de nuestros otros.
Lo horroroso es que la relación de la que se fomenta toda la cosa, no concierne nada más que al goce y que la prohibición que allí proyecta la religión compartiendo con el pánico del que procede en ese lugar la filosofía, una multitud de sustancias surgiendo de ello como sustitutos de la única propia, la de lo imposible a lo que se habla, de ser lo real.
Esta «estancia-por-debajo» ¿no es posible que fuese más accesible de esa forma por donde el escrito ya del poema hace al decir menos tonto?
¿No vale la pena que eso sea construido, si es lo que yo presumo de tierra prometida en ese discurso nuevo que es el análisis?
No es que nunca pueda esperarse de ello esa relación de la que digo que es la ausencia que da el acceso del que habla a lo real.
Pero el artificio de los canales por donde el goce viene a causer8 lo que se lee como el mundo, he ahí, convendremos en ello, lo que vale lo que se lee de ello, evita el onto --Toto toma nota, el onto--, incluso la ontotautologia.9
No menos que aquí.
El 1 de enero de 1973.
Publicado en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis de Jacques Lacan, Barral editores- 1977, España.
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1 Traducimos postface, postfacer y posteffacer respectivamente por «epílogo», «epilogar» y «epiborrar». (N. del T.)
2 y 3 Dejamos los términos tal cual por no poder realizar en castellano el mismo juego entre basurero, olvido y publicación. (N. del T.)
4 En francés parole a distinguir del simple mot a veces por la mera incidencia del habla. (N. del T.)
5 Damos el pedazo en francés por lo que en castellano se pierde: où il poussah, ah! à se donner de 'ecoute... (N. del T.)
6 y 7 Composición lacaniana que entendemos de escribir y creer. (N. del T.)
8 Causer: causar y conversar. (N. del T.)
9 En francés ontotutologie guarda homofonía irónica con lo anterior que en castellano se pierde. (N. del T.)
OSCAR MASOTTA
(Buenos Aires, 8 de enero de 1930 - Barcelona, 13 de septiembre de 1979)
PRÓLOGO
La presente traducción del seminario de 1964 al que Lacan diera título y contenido de exordio (inconsciente, repetición, pulsión y transferencia: ¿quién podría negarles función de pilares del edificio completo de la práctica y la teoría psicoanalíticas?), no podrá no influir en el destino y el desarrollo de la doctrina e instituciones psicoanalí- ticas en los países de habla hispánica. Este libro «XI» de una enseñanza que quien la conduce como sus interlocutores han convenido bautizar «El seminario», aparece en lengua original nueve años después: la publicación de la reconstrucción y redacción a cuidado de J. A. Miller es de 1973. Cuatro años entonces no hace casi mayor diferencia si se tiene en cuenta la amplitud de los estudios lacanianos en Francia con respecto al interés relativamente incipiente aunque vigoroso, en seguro progreso, para el grupo de países que son los nuestros,1 el habla y los escritos de este idioma que Sigmund Freud un día estudió para leer el Quijote.
Los comienzos de la encrucijada que haría notoria la figura y el nombre de Jacques Lacan, datan de veinticinco años atrás, cuando en la inmediata postguerra la Société psychanalityque de París, creada en 1926, retoma en 1948 la publicación de la Revue française de Psychanalyse y apresura el reordenamiento de sus cuadros internos. La crisis se constituye en torno a la creación de un instituto de psicoanálisis, proyectado y alentado desde 1949 por Nacht, entonces presidente de la S.P.P. «En novembre (1953), Nacht et ses amis présentent le programme des cours qu'ils ont préparé, ainsi qu'un projet de statuts leur assurant tant à l'Institut qu'à la Commission de l'enseignement une majorité automatique. L'ambition affirmé est d'obtenir la reconnaissance officielle d'une diplôme de psychanalyste, réservé aux médecins».2 Se suceden la serie de hechos que conducen a la mentada escisión del 53, cuando la ridiculez de propósitos y actos3 no cede en altura a los personajes en juego, la princesa Marie Bonaparte, Serge Lebovici (quien llegaría a presidente de la International psycho-analytical Association), la misma Anna Freud. Entre marzo y junio de 1953 se precipita el arrancamiento de un grupo de psicoanalistas y estudiantes encabezados por Daniel Lagache y Jacques Lacan y nace la Société française de Psychanalyse, la que solicita de inmediato reconocimiento y afiliación a la LP.A. «Un an plus tard, la Commission présidée par Winnicott, qui a enquêté depuis l'automne 53, remet son rapport à l'Exécutive Centrals de l'I.P.A., lequel conclut au rejet de la demande du groupe Lagaches –nouvelle publiée non sans précipitation pour la RFP qui n'omet jamais, dès qu'elle mentione la S.F.P., de préciser que la scission est due aux déviations techniques des démissionnaires, de l'un d'entre eux en particulier.»4
Diez años más tarde Lacan volvería a aislarse, a su turno, para fundar la Ecole freudienne de Paris, cuando la S.P.F. reconocida por la I.P.S. se convierte en Association Psychanalytique de France, ello bajo un modo de organización y de vocación institucional no muy alejada de la institución oficial, excepción del hecho que «its hierarchy is considerably softened by its size (with only twenty titulaire and Fourteen asociate members) and its vocation universitaire».5 Lagache era profesor en la Sorbonne. La escisión tiene que ver sin duda con la actitud del Comité ejecutivo central de la I.P.A. que excluye a Lacan de la Comisión de enseñanza en el momento en que reconoce a la A.F.P.; pero hay que añadir que la separación entre Lagache y Lacan se venía sellando a raíz de motivos bien teóricos, planteados por el propio Lacan. Confróntese el trabajo redactado en las Pascuas del 60 y recogido en los Ecrits: Remarque sur le rapport de Daniel Lagache: «Psychanalyse et structure de la personnalité».6
En la crítica al informe de Lagache se lee en efecto la ruptura con el intento –que Lagache representó entonces– de introducir la fenomenología para dar cuenta de la segunda tópica freudiana, la teoría de las instancias del Superyo, el Yo y el Ello. Lagache ignora –señala Lacan– que la segunda tópica debe ser leída desde la primera (el capítulo VII de la Traumdeutung), y esos restos más que evidentes de intencionalidad para dar cuenta de los objetos de la división psíquica, sólo sirven para interpretar incorrectamente los fenómenos especulares y la escisión que Freud describió en términos de narcisismo. El sujeto está aliado a sus objetos porque lo está antes a su imagen especular, a una articulación de miradas cuyo efecto de espejismo torna improbable la existencia exigida por la intencionalidad husserliana.7 Los aparatos ópticos de la física ingenua resultan mejores modelos para pensar los conceptos de la metapsicología freudiana, que las más refinadas descripciones de los haces vivenciales. Por lo demás, los estudiosos de Lacan no sólo encontrarán en el trabajo sobre Lagache las razones que hacen imposible la utilización de una idea de estructura prefreudiana para dar cuenta de los meandros y los enversos del inconsciente psicoanalítico, sino aun el esbozo de objetivos, fines y efectos del tratamiento psicoanalítico.
No es un menor mérito que Jacques Lacan haya sabido convertir en proyecto teórico la anécdota que podría confundirse con mera política de instituciones, verdad que adquiriría con los años una relevancia apasionante: Lacan pudo, y asimismo quiso, convertir en sostenido trabajo de enseñanza –más de veinte años de seminarios– su indagación de los fundamentos freudianos, convertirlos en motivo de una tarea interminable, cuestionar y poner en vilo lo que detractores de entonces y siempre dan por hecho consumado: el lugar del psicoanalista. Consejo para cualquier eventual lector de Lacan: si a Lacan le ocurre –para dar un ejemplo que podría sorprender– hablar del deseo de Freud, no se debe solamente a que piense que la noción de transferencia debe ser replanteada de manera radical, sino porque además está seguro de que el lugar del analista (imposible, como el del político y el educador) no debe cesar de ser cuestionado.
¿Qué es el ombligo del sueño? En el capítulo VII de la Traumdeutung Freud se refirió a un núcleo apelotonado (Knäuel) que en el sueño resiste a la interpretación. Interrogado por sus discípulos, Lacan contesto que el ombligo del sueño (der Nabel des Traums) no se refiere sino a lo que «no cesa de no inscribirse».8 En el Proyecto Freud habló de la Cosa (das Ding). ¿Qué es la Cosa? Un cierto espacio vacío de representación, un principio de exterioridad que envuelve a lo más íntimo; a saber, la madre en tanto funcionó la prohibición del incesto.9 Si es que entonces el analista habrá de moverse entre un núcleo de irreductibilidad y esta zona a la que se deberá tratar con spinoziano respeto, no quiere decir que cederá un palmo a lo irracional, sino que, y puesto que se trata del inconsciente, deberá permanecer atento a su propia relación con el Saber. Si es que el psicoanálisis es una ciencia –quienes enfáticamente hablan de epistemología psicoanalítica deberían, de tiempo en tiempo al menos, tomarse el trabajo de probar de qué hablan–, no es obvio para el psicoanálisis la conexión de la teoría con su objeto, y esto por razones que van más allá del hecho de que aquí el objeto es el campo mismo de una praxis específica. Pero inversamente, y de la misma manera que toda ciencia produce y contiene los instrumentos de su propia transmisibilidad, y que no podría afirmarse en el límite la autonomía de la comunidad de científicos con respecto a los hechos del campo y la teoría, mucho menos podría pensarse al psicoanalista aislado de las cuestiones que plantea la comunidad de psicoanalistas. Los primeros seminarios de Lacan sobre textos freudianos datan de la misma época que los desacuerdos sobre la formación del analista conducen al resquebrajamiento de la institución oficial: en 1951 Lacan comienza un seminario sobre el caso Dora, que lleva a cabo en su propia casa y reúne a una veintena de analistas en formación; al año siguiente, sobre el filo de la escisión Lacan dictaba otro seminario sobre el Hombre de los Lobos.10 Coincidencia de fechas, se ve, que no se debe al azar, del mismo modo que la referencia que el lector encontrará a esa «excomunión» en el seminario, remite a algo más que a las circunstancias y dificultades con la Internacional. Resulta claro, en cambio, hasta qué punto para Lacan la pregunta por su praxis, la que engloba la transmisibilidad del análisis, y por lo mismo, que ni el endurecimiento o la burocratización de la institución, ni la dispersión –cuando por suerte ocurre– no son ajenos a esta praxis ni carecen de alcance teórico.
Sería empresa vana, vanidosa, querer guiar al lector o inducir focos de interés o acentos en un seminario donde el orden y encabalgamiento de los temas es homólogo a las razones que hacen al fundamento. Pero para mi gusto, y para parodiar a Lacan, la «nasa» de este seminario sobre los Cuatro conceptos –para el pescador que no se contenta con un solo pez– no se sitúa lejos del despliegue de razones, pruebas, sugerencias, rodeos por donde Lacan desconecta la repetición de la transferencia. La idea aparentemente segura de que la transferencia es el lugar por excelencia de la repetición, es perfectamente ociosa si no se piensa primero el estatuto de la repetición en relación a lo real como núcleo, la cuestión de la representación, el deseo (no como infinito) y el límite, el alcance del inconsciente, la estructura en fin del significante. ¿Qué busca el niño sino lo que ya ha encontrado cuando de manda que se le cuente siempre el mismo cuento sin variar las palabras? ¿Cuál es la conexión entre esta vertiente lúdica de la repetición y el «Fort-Da» en el Jenseits des Lustprinzips? ¿Cuál la función de la repetición en la neurosis traumática? ¿Será simplemente que el sujeto repite el accidente displacentero para no tener que soportarlo pasivamente? Historias, nos viene a decir Lacan: ni la repetición es el elemento mórbido en la transferencia que deberá ser superado hacia quién sabe qué adaptación del sujeto a lo real, ni el efecto del triunfo de la actividad sobre la estructura. La repetición, como el inconsciente, tiene que ver con el orden de lo «no realizado» (en primera instancia, ni con la realidad ni con lo irreal). La repetición no es repetición del triunfo sobre la decepción, sino decepción en acto: «veremos cómo de la repetición, como repetición de la decepción, Freud coordina la experiencia, en tanto decepcionante, con un real que en lo sucesivo será situado, en el campo de la ciencia, como lo que el sujeto está condenado a no alcanzar [manquer], pero que ese no alcanzamiento [manquement] mismo revela».11 «Un pensamiento adecuado en tanto pensamiento, al nivel en que nos encontramos, evita siempre –así fuese para volver a encontrarse después en todo– la misma cosa».12 A saber, que lo real vuelve al lugar en que el sujeto, en tanto piensa, no lo encuentra.
Pero entonces el psicoanálisis está bien lejos de cualquier idealismo, y no sólo porque lo real sería irreductible a la significación, sino porque el significante funda, al tiempo que rebasa, invierte, torna irrisorio todo significado. ¿Qué significa la muerte de un hijo? «...nadie puede decir qué es la muerte de un niño –sino el padre en tanto que padre– es decir ningún ser consciente».13 Y en un estilo siempre para mi parecer que obliga a recordar esos largos parlamentos que pueden durar capítulos, textos de Hegel o de Marx donde los razonamientos se articulan con rigor y sin imágenes, pero a los que de pronto llega la fórmula cargada de inventiva y pesada de sentido, el párrafo lacaniano en cuestión culmina con la idea de que, como el padre, no es que Dios ha muerto o fuera asesinado, sino que es inconsciente.
Barcelona, Pascuas de 1977
En: Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Seminario 11- Texto establecido por Jacques Alain Miller, Breve- Biblioteca de reforma- Barral editores – Barcelona, 1977.
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1 La versión española de los Ecrits, parte al menos de sus textos, precede en años a las traducciones alemana e italiana, mientras que no existe aún traducción inglesa. Discípulos de Lacan como Maud y Octave Mannoni, Leclaire, etc., son vertidos profusamente al español por editoras de Latinoamérica y España. En 1974 se funda en Argentina la Escuela Freudiana de Buenos Aires, referida a la Ecole freudienne de París, que colabora con ésta y tiene miembros que pertenecen a ambas instituciones.
2 En número especial de Ornicar?, «La scission de 1953», París, 1976, p. 10.
3 Confróntese ese «cómico» al que hace referencia Lacan al comienzo del seminario.
4 Ornicar?, ibid., p. 13. El comité estaba formado además por Greenacre, la señora Hoffer y Lampe-de-Groot.
5 Revista The Human Context», Vol. VII, N.º 3, London, 1975, p. 562.
6 En la traducción española, Escritos II, Siglo XXI, México-España, 1975, pp. 269-306.
7 Cfr. por ejemplo: «Le fantasme dans la doctrine psychanalytique et la question de la fin de l'analyses, en Scilicet, N.° 4, París, 1973, pp. 243-282.
8 Cfr. Réponse de Jacques Lacan a une question de Marcel Ritters of Lettres de Ecole freudienne, N 18, 1976, pp. 7-12. 9. En el seminario de Lacan sobre la Etica (inédito).
9 En el seminario de Lacan sobre La Ética (inédito).
10 Cfr. este aporte a lo cómico de las circunstancias que acompañaron las escisiones. En 1963 los miembros del Buró y Comisiones de la I.P.A. reciben informes del Comité central, que redactados en inglés se dieron a conocer sólo en parte: «En opinión del Comité, lo dominante es el caso Lacan (...). Este problema concierne también a sus alumnos. Los tiene en gran número (...). Actitud del grupo con respecto a Freud: lo estudian muy de cerca, especialmente sus primeros trabajos... Estudios obsesivos: trabajo de amanuense de la Edad Media, sin duda para demostrarse freudianos: disputa de legitimidad» (en A. Hesnard, De Freud a Lacan, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1976, p. 33).
11 En el presente volumen, p. 50.
12 Ibid., p. 60 (en esta copia).
13 Ibid., p. 69 (en esta copia).










