6X18: “TODO DEPENDE DE LA PERSPECTIVA”. | LONDRES— 20 DE MARZO, 2021 |
Las últimas semanas habían sido complicadas para Melanie en muchos sentidos y el mundo parecía no querer mejorar incluso cuando muchos tenían la esperanza de que lo sucedido el año pasado mejoraría en este, pero no había sido así. Incluso a pesar de la preocupación mundial en el ámbito de salud y la nueva vida que ya parecían haberse acostumbrado todas las personas, la violencia y la poca empatía era grande. Mil veces peor que los años anteriores. No por esto hacía que su trabajo fuera menos productivo, ayudaba a muchas personas que lo están perdiendo todo incluso por trabajos que han sido reducidos por los costos de protocolos de salud y por ende, llegaban al lugar dónde la chica los recibe en la ciudad de Nueva York. Una comodidad que muy pocos tenían si se pone en la balanza de cuántos en realidad necesitaban ayuda, pero algo es algo.
A pesar de todo esto, la necesidad por dejar un trabajo que tanto había añorado se hacía más presente. No sabía si era precisamente porque valoraba más los tiempos que tenía con sus hijos que eran muy reducidos o porque tenía miedo de que algo les sucediese en una gran ciudad como la que vivían. Podías tener los mejores cuidadores pero el riesgo estaba y se sentía desprotegida en ese ámbito. Cada padre ganaba ese superpoder de protegerlos pero no algo para calmar su mente cuando estaban a kilómetros de distancia. Pueden haber miles de aplicaciones para verlos por cámaras pero nada reemplazaba el tenerlos consigo.
Cuando dejó de pensarlo, levantó su mentón para mirar hacia el frente. Estaba esperando que Matty saliera de uno de sus trabajos. No sabía cuál era más intenso, pero al menos podía quedarse en la banca afuera del Centro que el chico manejaba. No lo había visto desde que comenzó la pandemia debido a que aunque era director también era un muy buen doctor. Sus minutos eran muy valiosos en el último tiempo. Cuando lo vio salir por las grandes puertas le sonrió como una niña pequeña. Podía verse adulto y un chico muy importante para todos allí, pero para ella siempre será su mejor amigo de infancia.
— ¡Matty!— Podía admitir libremente que sus preocupaciones se habían ido al sólo verlo. Se quedó allí esperando que se acercara cómo si estuviera cuidando sus asientos pero en cuánto lo tuvo cerca lo abrazó y necesitó ponerse de puntillas para al menos alcanzar su cuello. —Que bueno verte, necesitaba conversar contigo — Le dijo toda emocionada cuando sus ojos se encontraron.
El último año para Matt había sido intenso. Siempre había tenido muchísimas horas de trabajo en sus actividades como doctor, pero desde que lo habían nombrado Director del Centro de Londres, hacía clases e incluso era parte del Consejo, es que su tiempo libre se había vuelto prácticamente nulo. Su recorrido era del trabajo a la casa, aunque ni siquiera descansaba lo necesario por ir al Bosque Brocelind a patrullar, aún y cuando no estaba dentro de sus actividades, pero no podía evitar sentirse responsable de aquella actividad como forma de proteger el lugar en donde él y toda la gente que amaba residían y le servía como forma de llenar sus pulmones de aire fresco, de convertirse en su aspecto animal sí lo sentía necesario y de dejar atrás un mal día luego de atender tantos pacientes y presenciar más pérdidas de las que deseaba, pero se había acostumbrado.
Su apariencia también había cambiado durante el último año y medio, ahora ya no tenía un aspecto juvenil y el paso de los años ya habían caído encima de él, que sumado a las pocas horas de sueño sí le habían afectado. No tanto si se consideraba que era un hombre lobo y todo se apaciguaba de alguna manera, pero no era algo que le preocupara en absoluto.
Aquel día sabía que había alguien esperándolo tras su salida del trabajo. Melanie si bien había estado alejada de él de manera física, habían mantenido contacto por medio de videollamadas de manera ocasional en el último tiempo, por lo que su visita le llamaba la atención y como no, le preocupaba. Una sonrisa se apoderó de su rostro cuando la vio a lo lejos y no pudo evitar alegrarse de que, ante cualquier situación, tenerla allí siempre era una alegría para él. Su amiga siempre había tenido una chispa que le daba energía y extrañaba no pasar tanto tiempo con ella, pero ambos habían crecido y tenían sus propias preocupaciones, diferentes, pero preocupaciones, al fin y al cabo.
—¡Enana! —exclamó, dándole un abrazo estrecho y besó su frente con ternura. Siempre la había considerado una hermana pequeña y una de las personas que más amaba en el mundo. Eso ni la distancia podía desaparecerlo. —Podemos vernos siempre que quieras, eso lo sabes,—le dijo, tomando una de sus manos con cariño. —¿Quieres ir a una cafetería que hay por aquí cerca? Será bueno un momento para nosotros, siento que estás mucho más grande y madura de la última vez que te vi, —agregó, comenzando a caminar para que la siguiera.
Si había algo en el que Melanie podía llenarse de energía era conversar con sus viejos amigos y Matty era uno de los que no se podría ver jamás separada. Había luchado contra la distancia y la pandemia, por lo cual, agradecía que le diera un momento de su tiempo porque se había convertido en una persona muy importante en la ciudad. Estaba tan orgullosa como seguro lo estarían sus padres y su hermana.
Le dio unas palmadas en el hombro cuando se abrazaban, se puso a reír cuando sus ojos se encontraron y muy risueña le contestó en un tono muy agradable. Había un viento tan agradable que caminar hacia la cafetería era perfecto.
— ¿Quién se negaría a una buena dosis de cafeína? — Murmuró en un tono de regaño, pero sólo jugaba. Se puso a caminar a su lado y trataba de hablarle, pero la diferencia de altura siempre era un problema para la chica. Tenía que mirarlo hacia arriba para sentir que le escuchaba. Alzó ambas cejas ante su último comentario, le miró de reojo con una clara intención de que la edad se hacía cada vez más notoria pero la madurez, la madurez siempre sería relativa en su vida. — Los años pasan, soy madre soltera con un niño que cada vez se hace más independiente y a mis ojos eso es inconcebible — Murmuró con dramatismo marcado en su voz. Odiaba verlo crecer, andar por sí solo sin necesitarle, pero también amaba verlo de esa manera. Como si conociera todo del mundo. — ¿Cómo has estado? Y no me respondas como si estuvieras hablándole a tu compañera de trabajo… — Le dio un ligero codazo con el brazo para que le sonriera, ambos eran sinceros el uno con el otro, pero desde que compartían cada uno el Centro las conversaciones fácilmente fluían en torno a la administración más que en sus vidas. — ¿Has pensado en algún momento dejar los puestos de trabajo? Y no sé… mudarte a Escocia en una casa sencilla para dedicarte a atender a la gente en ese pueblo — Su pregunta era directa, pero al llegar a la cafetería le dio tiempo para que pudiera pensar mucho mejor en su respuesta. Fue ella quien abrió la puerta, pero de inmediato sintió la pesadez del vidrio que tiraba contra su mano ya que era de esas que se cerraba de golpe. Cuando le ayudó su amigo le sonrió, pero odiaba ser tan minúscula para esos detalles. Una sonrisa se amplió en su rostro cuando su amiga accedió a ir por un café. Venía de un turno de 72 horas y se sentía frito. Aun así, estar allí con ella no era para nada un esfuerzo, al contrario, era más un incentivo que cualquier cosa. De no estar ahí con ella, lo más probable es que se perdiera en el Bosque Brocelind como lo había estado haciendo últimamente, por lo que esa opción no era para nada desagradable. No recordaba la última vez que se había juntado con alguien para hacer algo tan simple como ir por un café para charlar. — Justamente te iba a preguntar por él. Imagino que debe estar inmenso. No recuerdo si llegué a conocerle cuando caminaba, creo que no—alzó las cejas y sonrió amargamente. No era culpa de Melanie, más bien de la pandemia y la entendía, primero estaba la seguridad de su hijo. —Lo he visto desde lejos, pero estás haciendo un gran trabajo, ¿sabes? Es bien sabido que he sido nulo para las relaciones estables en estos últimos años, pero criar a un hijo es todo un trabajo aparte y lo has hecho estupendamente, me tienes muy orgulloso—añadió, ahora sí, con una sonrisa genuina. Su pregunta lo atrapó con la guardia baja y no le sorprendió que le pidiera que fuera honesto y no políticamente correcto. Soltó una carcajada ante su codazo y negó con la cabeza de manera rotunda: nunca podría mentirle.—He estado bien… solo. Más solo que antes y es mucho decir. —respondió, finalmente. —Si te soy honesto… algunas veces pienso eso. Una cabaña tranquila, con un gran bosque alrededor, me pregunto si llegaría a ser completamente feliz, yo creo que si…— Le ayudó a abrir la puerta y la siguió mientras ella escogía un apartado donde sentarse. El ambiente estaba muy tranquilo, lo cual le gustó enormemente. Se sentó frente a ella y esperó a que el mesero llegara. Por su parte, él pidió dos cafés extra cargados con mucho endulzante y un sándwich de queso caliente. Esperó a que ella hiciera su petición.—No sé nada de ti. Los últimos rumores que tuve fueron de que habías renunciado, pero no te quise llamar. Se me hacía algo más para consultar en persona. Y aquí estamos. —dijo, una vez que el muchacho se fue con sus pedidos. Su rostro cambió totalmente cuando le mencionó acerca de su hijo. Odiaba de ser de esas típicas mamás que hablaban todo el día de ellos, pero su orgullo era lo mucho que había crecido y por sobre todo, lo inteligente que era. Es como si supiera que cargaba con todo el peso sola y se lo hacía todo mucho más fácil. Aún así, espero a entrar a la cafetería. Le agradeció por la ayuda y se sentó frente a él. Lo veía con su rostro marcado por el cansancio y las pocas horas de sueño. ¿Tal vez un poco de exceso de vida solitaria? — Oh, Rhys caminó hace muy poquito. — Soltó para no hacerlo sentir mal. — Así que no te has perdido de mucho. Le gusta hablar más, pero tú tienes que hablarle muy motivada aunque no entiendas la mitad, el cincuenta por ciento es balbuceo pero seguro amaría verte de nuevo — Dijo con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Miró a la camarera y pidió un latte de medio litro. Sabía que no lo bebería del todo pero podría llevárselo. — ¿Has sabido manejar el pasar tanto tiempo sólo? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde tu antigua novia? No digo que sea malo, pero tal vez se sienta mucho más pesado la vida y no sabemos cuánto tiempo nos queda en realidad en este mundo — Repuso muy seria. A veces era poco optimista pero llevar un año así, no le hacía verlo de mejor manera. — ¿Qué es lo que te ha hecho no alejarte de todo? ¿Es un poco loco pensar que tanto tiempo luchamos para estar dónde estamos cómo para que pase por nuestra cabeza? — Bajó un poco la voz pero no quitaba su sonrisa del rostro. Había aceptado que la vida debía aceptarse como viniese, con lo bueno pero también lo malo. Dio un largo suspiro al escuchar los rumores de sus decisiones y un poco de vergüenza añadido. No iba a verse muy profesional pero era su amigo, entendería sus motivos. — De hecho, renuncié. Por eso he venido con tanta tranquilidad — Hizo una mueca porque el trabajo los mantenía siempre alertas, muy poca vida social. — El puesto es permanente, debe haber muy buenos motivos para irse y me dejaron en pausa durante un mes para que lo analizara. Amo Nueva York, es el trabajo que muchas personas matarían por tener pero, — Encogió sus hombros ligeramente. — Es una ciudad caótica, muchas muertes, mucho dolor y aunque me llene con cada ayuda, siento que nunca será suficiente. Si muero, mi hijo lo cargaría mi madre, no, seguro mi hermano, ¿Sabes lo que es llegar a pensar en eso? Si voy a Canadá, trabajo en lo mío, en una de las ciudades más seguras del mundo… lo haría, pero también sería considerada una cobarde — Repuso muy seria. Nuevamente se quedó en silencio, ella se echó hacia atrás para que pudieran poner los cafés sobre la mesa. Imaginar al pequeño Rhy caminar era algo que no podía llegar a concebir. Ya había sido todo un cambio el ver a una de sus mejores amigas tener un hijo, pero era una irrealidad que le parecía un regalo más que cualquier cosa. Melanie a pesar de todas las adversidades había aprendido a ser fuerte y siempre se prometió que estaría con ella a su lado sin importar qué, aunque nuevamente, la pandemia y su trabajo, habían hecho incompatible estar de manera presencial como hubiera deseado. Dejó de pensar en aquello y simplemente habló, no quería parecer sumido en sus pensamientos demasiado. Lo que menos quería era parecer un antisocial. —¿Qué te parece si este fin de semana los visito? Me haría un examen antes de salir para cerciorarme no ser un riesgo para él y me quedo un par de días. No me dará problemas en el trabajo, tengo días libres acumulados e igual ya me estaban molestando con que me tomara un descanso. —le dijo con una gran alegría en el rostro. Lo cierto es que por primera vez en mucho tiempo, le emocionaba el salir de Idris. Tras escuchar sus preguntas, se inclinó hacia atrás y buscó las mejores palabras para responder. Podía parecer un interrogatorio, pero Matt conocía a Mel como a la palma de su mano y tenía claro que estaba lejos de ser uno. Era simple preocupación de alguien que lo quería como hermano. —Años que no tengo nada serio, Mel. Lo sabes, serías la primera en saberlo. Creo que he podido lidiar con la soledad básicamente porque todo lo que hago es atender pacientes, dormir y tomar aire en el Bosque Brocelind, —se encogió de hombros y suspiró, moviéndose otra vez a su posición inicial. —Estoy bien, de verdad…— agregó, en un intento por convencerla. La escuchó con atención, cada una de sus dudas y miedos. La entendía, era complicada la posición en la que se encontraba, más que nada por no ser solo ella, tenía que pensar en su hijo también. Quiso hablar, pero fueron interrumpidos por el mesero quién venía por sus cafés y le dio espacio a que dejara todo sobre la mesa. Tras dar las gracias y esperar que se alejara, se acercó para tomar su mano y acarició su dorso con ternura con uno de sus dedos.—¿Tú cobarde? Por favor. Si nos has hecho sufrir un montón con tus decisiones impulsivas, Melanie Harrison, —comenzó a decirle, con cariño. —Deberías ir donde sientas que serás feliz, ¿sabes? No importa lo que opinen y lo cierto es que somos afortunados de ser lo que somos, porque… independiente donde elijas vivir, yo siempre podré visitarlos con la simplicidad de un portal. —murmuró alegre. Cuando tomó su café lo hizo con ambas manos para sentir el calor en sus palmas y sonrió al sentir cómo sus dedos se abrigaban. Le agradeció a la chica por la entrega de sus pedidos y obviamente, todo había quedado en silencio. Ambos hablaban cosas y no sabía si palabras extrañas saldrían en plena conversación. No era muy agradable ver sus expresiones cómo si fueran gente extraña. Escuchó su idea y esa sonrisa que siempre tenía Melanie se ensanchó mucho más. Lo quería, tanto como quería a su hermano y saber que podían pasar unos días conversando sobre la vida y no pandemia, ni trabajo, se escuchaba demasiado irreal. — ¿Podrías? ¿En serio? — Se podía notar la emoción en los ojos de Melanie y ese dolor en el pecho de sólo pensar que podrían pasar tiempo juntos. Ya había olvidado la última vez que habían pasado un buen tiempo y los últimos recuerdos que tenían en su mente tenían que ver con ese viaje de campamento que les cambió la vida. No había sido malo pero si era el comienzo de todo ese largo proceso que debieron pasar cada uno por su parte. — Con Rhys estaríamos felices de que se quedaran en casa. De hecho, podríamos hacer una pequeña fiesta — Soltó riéndose muy risueña. — Nueva York no es tan malo cuando sales a visitar con gente que ya la conoce. Hay lugares dónde no va mucha gente que te gustaría — Le dijo para que no olvidara ese detalle. — Pero Matty, — Dijo una vez que explicó todo con detalles a su pregunta y trató de sonreírle para que no viera que le juzgaba con nada. Al contrario, se estaba ahorrando horas de sufrimiento y dolor. — Pero tampoco es malo salir con alguien, que se preocupen por ti y te digan que te quieren — Murmuró suavemente y luego alzó ambas cejas. — Además, eres demasiado lindo y tienes esos ojos que se están perdiendo entre tanto trabajo. No tenemos la vida taaaaan eterna como otros seres, ¿No crees? Y si, puede que no sea ESA persona que ustedes tienen para siempre, pero ya ni siquiera los cazadores nos están matando, hay peores que no sabemos como controlar, como la pandemia — Dijo sonriendo. — A lo que voy, es sólo un pequeño recordatorio que en este mundo das demasiado pero mereces también recibir — Dijo sintiéndose la mujer más sabia del planeta. Aunque no tenía idea de nada. Se puso a reír a carcajadas y se tapó su boca al ver que había llamado su atención. — ¿Qué decisiones impulsivas? He sido correcta, dentro de todo… — Soltó con un tono de inocencia en su voz, aunque sabía que había hecho más de alguna cosa estúpida que había preocupado a sus amigos. Le acarició la mano y se encogió de hombros ligeramente. — Me gusta este lugar pero, todo está tan jodido y no quiero acabar siendo expulsada nuevamente de algo que amo. Ya sufrí con lo otro y no sé si estoy preparada para ver más pérdidas — Susurró tratando de decir todo con mucho cuidado. — ¿Puedes prometer que si me quedo en Nueva York vendrás más seguido? Por favor, nada virtual; ni mágico ni electrónico. No te ayuda a ti con tu soledad ni a mi con la mía — Murmuró seria. Matty no se había tomado el tiempo a considerar lo que su absoluta soledad y concentración en el trabajo podía verse desde afuera, a través de los ojos de sus amigos. Si, en múltiples ocasiones había rechazado salida con ellos con la excusa del trabajo y la pandemia en sí, justificándose para sí mismo que eran sacrificios que debía tomar, pero, ¿Realmente era algo beneficioso para él? Melanie siempre había sido demasiado madura para su tan corta edad y desde hacía años que confianza en sus consejos y comentarios en todo aspecto personal de su vida. Si ella le estaba dando toda una charla con respecto a eso, era señal absoluta de que debía hacer un cambio en su vida, socializar más, vivir más. — Claro que podría, enana. Lo cierto es que, si voy a verlos, no está en mis planes que sea por un par de horas y listo, me gusta más la idea de tomarme el tiempo de disfrutar junto a ustedes, ya sabes, Rhys y tú, si es que no se aburren de mí antes, —bromeó y soltó una carcajada mientras tomaba la taza de café y le daba un gran sorbo con cuidado de quemarse. —Y estaré de acuerdo si decides hacer esa fiesta, con los invitados que quieras, como dices, me vendría bien tomarme un tiempo para ese tipo de cosas. —agregó con una amplia sonrisa, queriendo transmitirle que no aceptaba por un tema de darle en el gusto, sino que genuinamente le parecía una gran idea. Celebrar que estaban reunidos, que estaban bien después de todo. Soltó un suspiro largo tras escucharla. Nuevamente estaba siendo muy asertiva con su discurso y, aunque buscó la forma de captar algo que pudiera refutar, no había nada de donde pudiese agarrarse. Tenía razón, la vida era demasiado corta en el estilo de vida en el que estaban envueltos y solo había tenido unas pocas experiencias fatales en cuanto a relaciones amorosas. Admiraba a su amiga que estaba frente a él, quién a pesar de todo, seguía creyendo en el amor. —Si tu plan era que me cuestionara todo, debo decir que te está funcionando. Trataré de cambiar eso, lo prometo. Estaré más abierto a la posibilidad de encontrar alguna pareja, tener más compañía y vivir más mi vida, lejos de la atención de pacientes. Solo si tú también haces lo mismo, —le dijo, apuntándola con el dedo índice. Sabía que era algo que estaba de más, que ella siempre lucharía por ese tipo de cosas, pero tenía que decirlo de igual forma. —Me gusta que no te rindas, ¿sabes? Rhys tiene mucha suerte de tenerte, lo digo enserio. —aseguró, acariciando la mano con la que ella le había hecho cariño, retribuyendo aquel gesto. —Prometo hacerlo, comenzando con quedarme un par de días y luego hacer visitas de manera más constante. ¿Está bien? Ya no dejaré ni que la pandemia me aleje de ustedes. —finalizó con seguridad, realmente planeaba cumplir con aquella promesa. No solo para ella, sino también para beneficio propio. Melanie siempre había sido una de sus mejores compañías. La compañía de su amigo siempre le subía el ánimo. Era igual de parecido cuando su hermano la buscaba cuando estaba un poco decaída, incluso cuando no le contaba demasiado. Era algo que la distancia no podía quitarlo con nada. Con Matty era algo parecido, subidón de energía y de recordar que no estaba sola para nada. No importaba cuanta distancia los tuviera el uno del otro, nada cambiaba su relación. — Tu compañía es invaluable para ambos — Refiriéndose a su hijo y a ella. — Incluso más para mí pero no le digas que no puedo luchar con sus expresiones de bebé que hace que cualquier deseo la gane con una sola miradita — Hizo un puchero, recordando ese pequeño rostro tan bonito que tenía. Era hermoso, pero su opinión no era objetiva, ninguna madre lo era. Levantó su mirada para enfocarse en la conversación y bebía unos buenos sorbos tibios del café. Se sentía normal hacer esa pequeña acción y era muy agradable volver a tener esa rutina antigua. Se puso a reír antes la crisis existencial de Matty y negó con su cabeza. — Trato de activar ese lado del cerebro que tienes desconectado. Te conozco y no tienes una idea de lo dominado que tienes esa área. Me encanta recordarte que a veces hay que dejarse llevar y ser feliz aunque sea sólo por un breve lapsus de tiempo, ¿sabes? Duele pero vale la pena — Soltó aquello como si tuviera toda la experiencia del mundo pero no la tenía. Hablaba al menos en base a lo que había vivido y eso era suficiente. — Matty, ¿Si te dijera que yo jamás me cerraré a intentarlo? Si, trato de tomarme mis tiempos porque me gusta cerrar etapas, para que no queden cenizas por ningún lado pero… siempre voy a tratar de ser feliz. Taaaal vez … — Se mordió su labio y lo miró a los ojos. — No voy a dejar que nadie entre por mi puerta tan rápido para conocer a mi hijo. Está creciendo y quiero que tenga la sensación de que las relaciones son más que ir y venir, pero en eso mejoraré. Nunca me cerraré — Le aclaró porque al menos quería que viera que si ella lo estaba intentando, con justa razón debía hacerlo. Afortunadamente Matty no tenía problemas de herencia por ningún lado y si ese fuera el caso, sería más que presente de la mejor manera. Sonrió abiertamente, era tan genuino el amor que no pudo evitar de decir. — O, pero es que ni el fin del mundo nos podría separar — Le guiñó el ojo, con la clara intención de recordarle que hasta allí habían ido por ella alguna vez. [..]









