Era jueves. El clima se mostraba cálido gracias a la cercanía del verano, pero el invierno todavía dejaba sus rastros en el fresco viento que era posible apreciar a tempranas horas. En esos instantes, la clase de la joven debía impartir educación física, y como el profesor decidió realizar una carrera de relevos, ella participó con gusto. Siempre había sido una buena corredora mas, gracias a su anemia y a su poca resistencia física en general, no era capaz de durar mucho, fue por eso que sintió desfallecer tan pronto como acabó su turno. Tras pedir permiso al profesor, se apartó del grupo y fue a refrescarse un poco.
Sin embargo, tan pronto como llegó al sitio en el que los múltiples grifos de agua se encontraban dispuestos para que los alumnos fueran capaces de sacarse encima un poco del sudor luego de las actividades físicas, se encontró con la sorpresa de hallar a su primo, sentado justo allí. Al parecer, no fue la única que se percató de la presencia ajena, pues tan pronto como sus ojos se encontraron con los de él, éste los abrió expresando su genuina sorpresa al tiempo que ocultaba algo rápidamente. Pero ella ya lo había visto: Un cigarrillo.
Ella conocía el vicio de su primo desde que él había empezado con ello, pero siempre mantuvo la boca cerrada pues era un asunto que, de cierta forma, no la concernía (además, Hikaru podía hacer lo que le apeteciera con su vida), así que ése no fue el motivo por el que pronto se vio a sí misma estupefacta. Tenía el conocimiento de que Hikaru no se saltaba las clases, ya que debía mantener una asistencia perfecta y, con ello, no quedar detrás de sus hermanos, quienes se habían graduado con honores. Entonces, ¿Qué hacía allí?
La cuestión permaneció flotando en el aire, hasta que fue capaz de atar cabos mentalmente y llegar a una conclusión: Él había escapado con el fin de fumar algo.
Hikaru le había dicho que cuando se sentía muy ansioso, tendía a fumar más de lo normal, pero si eso lo había obligado a -incluso- saltarse las clases ¿Qué tan grave era ese nivel de ansiedad que lo estaba consumiendo? Misaki pronto comprendió que todo podría tratarse de esa chica. Ella había visto los ojos de Hikaru al verla, y pudo comprender inmediatamente que se trataba de amor. No era un simple "gustar". Él de verdad la quería.
Y allí estaba ella, intentando separarlos por culpa de un capricho.
— Oye, tú, ¿Por qué pones esa cara? No luces para nada sexy ¿Sabes? —fue Hikaru el que rompió el hielo, y ella se sobresaltó, especialmente ante la última frase. Él sonrió y le señaló las coletas en las que amarraba sus cabellos durante las clases de educación física, así que Misaki elaboró un mohín y frunció el ceño.
No había hablado con él desde ese día, y todavía se sentía incómoda al dirigirle la palabra, pero esta vez se esforzó en hacerlo.
— No estoy intentando lucir bonita para nadie, de todas formas —comentó ella secamente antes de acercarse a uno de los grifos, abrirlo, y mojarse un poco el rostro. Todavía sentía que su pulso estaba teniendo dificultades con normalizarse—. ¿Y tú? ¿Qué se supone que haces aquí? Creí que tenías clases de matemáticas.
— Tuvimos una prueba, y fui el primero en terminar —aunque él sonó natural, estaba claro que era una mentira. Ella era la vicepresidenta del comité, y sabía respecto a las pruebas que los de tercer año debían presentar a lo largo del año. No respondió nada, así que mantuvo la boca cerrada antes que él decidiera, una vez más, acabar con ese silencio—. Oye, MiMi-chan —el apodo que usaba con ella cuando eran todavía un par de niños—. Lamento lo del otro día. No sé qué ha ocurrido conmigo, y prometo que no volverá a suceder —suspiró—. He sido un idiota, ¿De acuerdo? Es solo que... por un instante, mis instintos se nublaron, y cuando me percaté, ya te había golpeado. De verdad, lo siento mucho.
— No te preocupes —respondió ella sintiendo la garganta seca—. Son cosas que suelen suceder —y así, sus dedos cerraron el grifo, cortando la circulación del agua súbitamente. Debía regresar a clases, pero se detuvo antes de siquiera hacerlo.
Las palabras permanecían atascadas en su garganta, y es que jamás había creído que llegaría el día en el que tuviera que mencionar aquellos vocablos que anhelaba expresar. Observó a Hikaru, y sintió que dolía. No porque tuviera sentimientos por él, sino por sus padres. Todavía no había mencionado nada a ellos, y sabía que éstos estarían muy decepcionados, pero ella ya había alcanzado su límite.
Misaki jamás sería la Yamato Nadeshiko que sus progenitores deseaban.
— Hikaru —su voz casi sonó temblorosa—. Tú adoras a esa chica, ¿Verdad?
Él sonrió y bajó la cabeza.
— Más de lo que tú podrías imaginar —declaró—. Pero ella ha estado enamorada de alguien más y creo que nunca llenaré el espacio que él ha dejado —entrelazó sus propios dedos en un gesto gentil, y suspiró—. Estoy a punto de darme por vencido, especialmente porque es... doloroso. Ella ha estado evitándome estos últimos días, así que me pregunto si ha empezado a odiarme —rió con amargura—. Soy patético, ¿No es así, MiMi-chan?
Misaki lo observó larga y detenidamente. Ella, si bien tenía a una persona a la que admiraba, nunca se había enamorado de alguien, así que desconocía la sensación. Pero Hikaru era honesto respecto a lo que sentía, al menos con ella lo había sido siempre, porque ella era buena escuchando, a pesar de ser pésima tratando de brindar apoyo.
Y casi pudo palpar el dolor de su primo.
Apretó los puños, y finalmente decidió mencionar las palabras que buscaba expresar:
— Entonces lucha por ella —Hikaru alzó la mirada, sorprendido de oír algo así surgir de los labios de su prometida—. Si de verdad la quieres, ve a por ella en lugar de quedarte aquí, ahogándote en cigarrillos y llamando al cáncer —Él volvió a sobresaltarse (¡Diablos! ¡Lo habían descubierto!)—. Si confiesas tus sentimientos obtendrás la respuesta que buscas y podrás avanzar un paso más hacia el frente. Si te rechazan, sabes que puedes llorar sobre mi hombro todo lo que quieras, nadie lo sabrá.
Hikari se hallaba estupefacto. Ella también lo estaba, así que observó el suelo con vergüenza, y continuó hablando antes que él decidiera soltar alguna pregunta que la hiciera sentir incómoda.
— Creo que lo mejor es romper con nuestro compromiso, ¿Cierto? —mencionó con las manos temblorosas—. Sé que esto es repentino, y probablemente te cueste asimilarlo, pero... He estado pensando —suspiró—. Pensé que, incluso si continuáramos con el plan de nuestros padres, lo nuestro simplemente no funcionaría. Los dos somos muy diferentes y, al no aguantarnos mutuamente, resultaría un fracaso en menos de un mes. Es claro que tú y yo no estamos hechos el uno para el otro y, por supuesto, tú ya tienes a alguien más en tu corazón —apretó los labios brevemente, y luego formó una sonrisa forzada—. Quiero obedecer las órdenes de mis padres, pero si algo está destinado a fracasar, lo mejor es dejarlo ir, ¿Cierto?
Hikaru la observó con una multitud de sentimientos aflorando en su interior: sorpresa, incredulidad...
Misaki jamás había hablado tanto, y mucho menos, desafiado una orden de sus padres.
— ¿Estás segura de que no te has tragado un loro? —fue lo primero que él pudo decir, sin siquiera aventurarse a reír. Se rascó la nuca, nervioso, y entonces enfocó su mirada en ella—. No me digas que... ¿Tú también encontraste a alguien?
— Pero si deseas seguir con el compromiso, no...
— ¡No, no! Es solo que estoy sorprendido de que me digas este tipo de cosas —declaró atropelladamente—. MiMi-chan desafiando a sus padres... Eso nunca lo hubiera esperado de ti —Misaki se cruzó de brazos y lo vio desafiante. Hikaru todavía se hallaba inmerso en la incredulidad—. ¿Y ya se lo dijiste a ellos? —Ella negó con la cabeza, y su expresión dictó que no sabía cómo enfrentarlos. Él sonrió de oreja a oreja— ¡Entendido! Iré a tu casa esta noche, y juntos los agarraremos de los hue-... —pero calló de pronto al recordar que a Misaki no le agradaban las malas palabras. De hecho, ella estaba observándolo con una mirada asesina justo entonces— ¡Era broma! ¡Era solo una broma! Pero —vaciló— me cuesta asumir esto. ¿De verdad está pasando? ¡Espera! No estarás enferma, ¿Verdad?
— Estoy más saludable de lo que esperas, lastimosamente para ti.
Permanecieron en silencio durante unos instantes.
— ¿Pero de verdad estás segura de que no has encontrado a alguien también?
— Existe una persona a la que admiro. No estoy segura de si esto se considera como "gustar" o "amar", pero ése no es el punto —mencionó—. Creo que era cuestión de tiempo para que esto llegara a ocurrir, y no necesariamente es una consecuencia de algo más.
Y el silencio volvió a reinar, antes que ella hiciera una reverencia y retornase a clases.
Y mientras la veía alejarse, Hikaru todavía creía que eso no era más que un sueño. Ahora podría acercarse a esa chica sin obstáculos en el camino y, finalmente, le demostraría sus sentimientos con sinceridad. Pero a pesar de eso, todavía le preocupaba su prima.
Contempló el cigarrillo apagado que tenía entre los dedos, y lo arrojó a un cesto de basura. Las ganas de fumar se habían esfumado con la misma rapidez que con la que Misaki se esfumó de escena. Pero mientras la espalda de la chica desaparecía al doblar la esquina, una sonrisa melancólica cruzó sus labios.
— Lo cierto es que alguna vez tú también me gustaste —declaró, siendo el aire el único testigo.