--¡Hugo!--La rubia gritó por décima octava vez el nombre de su pequeño, mientras que este seguía correteando, escapando una y otra y otra vez de su agarre.--¡Te vas a resfriar!--Le reprochó, entre enojada, cansada y divertida, todo al mismo tiempo, debido al enano ser que corría desnudo de una habitación a otra. Antes, Miranda se había resbalado, había caído de rodillas, había chocado contra la pared, todo esto, corriendo detrás del rubio. Sabía que hacía demasiado ruido y que ya era muy tarde, pero le daba igual que pensaran sus colegas de ella. Al final de cuentas tenía un hijo y era madre soltera, así que sus comentarios le resbalarían en caso de que los hubiera. En cuanto la puerta sonó, Hugo detuvo su paso y, al fin, la rubia pudo tomarlo.--Ya vas a ver, vamos a salir y tu culito se va a congelar.--La mujer cargó a su niño entre sus brazos, y como pudo, abrió la puerta mientras él solo gritaba por su liberación. En cuanto la mujer divisó a su mejor amiga al otro lado de la puerta, sonrió ampliamente.--Pero mira quien está acá, Hugo...--El niño llevó sus manos de inmediato a sus partes intimas y muy hábilmente se soltó del agarre de su madre. Miranda resopló y rodó sus ojos pero se alivió al darse cuenta de que el pequeño corría al baño directamente.--Rayos, Syl, no sabes cuanta tarea me da este enano.--Negó un poco y de inmediato hizo una mueca.--Siento el ruido, por cierto, pero... Bueno, me estaba dando un poco de pelea.