Aunque el racismo se vista de seda
En la industria de la moda, se le llama lujo a la cultura material de la blanquitud y de sus instituciones.
Hoy se protege con leyes de propiedad intelectual y denominación de origen, hace siglos se protegía con ordenanzas.
¿Qué eran las ordenanzas?
Normas administrativas y técnicas emitidas a nombre del rey para regular territorios o industrias.
América Latina abastecía al mercado europeo pero la cantidad de «mano de obra» se convirtió pronto en una amenaza económica.
El peligro no era solamente que hubiera más oferta, sino que los grupos racializados ganasen poder adquisitivo y —con ello— independencia de las autoridades virreinales.
Por ello, los gremios comenzaron a pedir la intervención del rey para asegurar que el status quo colonial se mantuviera.
El hilado de la seda fue de las primeras actividades que lo solicitaron.
Una ordenanza de 1574 mandaba «que ningún negro ni mulato pueda usar de este oficio ni persona alguna se lo pueda enseñar».
Según el estado del sistema de castas, las ordenanzas pedían más o menos flexibilidad.
La ordenanza de algodoneros de 1757 indicaba: «no se admita de aprendiz negro ni mulato, sino que ha de ser español o indio, mestizo o castizo, y el que se hubiere de admitir sea haciendo constar su calidad».
Admitir a una persona racializada en un oficio era equivalente a hacerlo jurídica y socialmente igual a un español.
La exclusión nunca es sustentable ni económica ni socialmente, así que las ordenanzas en la práctica no eran muy estrictas.
Se admitían a indios, negros y «mezclas» como ayudantes o para labores de limpieza pero se les intruía como artesanos. Así se les pagaba un sueldo bajo.
Las mujeres racializadas aprendían oficios textiles para labores domésticas pero vendían sus piezas a maestros artesanos que las revendían en su taller.
El 16 de febrero de 1800 se derogan las ordenanzas sobre la «calidad del sujeto», es decir, sobre quiénes tienen derecho o no a ejercer un oficio.
La «falta de desarrollo» del artesanado latino tiene de origen al racismo de la colonia no a la cultura local.