Giovanna desde siempre celebraba los matrimonios que nacían con ella como testigo. Una de sus amigas, Chloe, acababa de dar el sí hace tres horas atrás en una iglesia y ahora junto a Chase celebraban en un gran salón de fiestas, con música muy alta, exquisita comida —o mejor dicho, aperitivos—, alcohol y divertidas máscaras.
Ella siempre había sido una fiel creyente en los finales felices. Si bien era una fanática empedernida de las historias románticas, ella sabía que eso de verdad sucedía, pero que tenía que encontrarlo. No podía ser tan complicado después de todo, ¿verdad? Se quitó la máscara que traía puesta y se acomodó en un asiento, exhausta de haber estado bailando en una ronda con el resto de sus amigas. Las veía festejar, tan despreocupadas e interesadas por el vivir el presente que por ratos podía jurar sentir un poquito de envidia, pero luego recordaba lo importante de su convicción y se le pasaba.
Un hombre de traje al que había visto anteriormente muy allegado al recién casado, pasó por delante de ella, y pudo ver cómo de su bolsillo se le caía su máscara. Pensó "bueno, quizá no es tan grave" y al rato "o puede que sí y deba hacer mi buen acto del día".
Giovanna se puso de pie y rápidamente se acercó a él tocando su hombro para llamar la atención del hombre. Lo que no esperaba es que éste se volteara con esa fuerza que la dejó tumbada en el suelo. No se molestó, sorprendentemente reía a carcajadas. No pensaba que fuera resultado del alcohol que había estado tomando, quizá sólo le daba gracia.
—No te preocupes, estoy bien —dijo tras aceptar la ayuda del joven para volver a pararse.