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I am exhibiting a selection of images from the Swimming Cities as part of Islands of Utopia at Musuku in Berlin. The show will be at the House of Statistics at Alexanderplatz, an abandoned place steeped in history, right in the centre of Berlin. Look for the giant raft mural.
¿Conocen a Joe Musuku? En otro tiempo fue un gran artista, un ídolo de las multitudes. Ahora, encerrado entre rejas, rumia sus remordimientos esperando la muerte. Y todo a causa de un crimen. Él no es el asesino, pero la sumaria justicia de los hombres no entiende de sutilezas y sólo mira los groseros resultados prácticos. ¿Un hombre murió a manos de Joe Musuku? Entonces no se hable más: Joe Musuku es un criminal y debe ir a la cárcel por todo el resto de su vida. Pero ¿cómo iba él a querer matar a alguien a quien adoraba? Estos son los hechos. Cada vez que Joe, en la pista central, abría la boca y Johnny La Vallée ponía la cabeza dentro, el público aplaudía. Después los aplausos empezaron a ralear, hubo funciones en las que la gente silbó. Vagas amenazas de despido volvieron melancólico a Johnny La Vallée. Joe, que lo amaba, se propuso salvarlo. En la sesión de la noche, cuando Johnny introdujo la cabeza rubia en la boca de Joe, Joe cerró los ojos y en seguida cerró las mandíbulas. Sus colmillos penetraron apenas en la carne de Johnny, un doble hilito de sangre le corrió a éste por el cuello, la multitud rugió con entusiasmo. Johnny, pálido, sonreía y saludaba. Más tarde el dueño del circo lo felicitó. Desde entonces el número de Johnny and Joe era esperado con impaciencia. Pero el público siempre pide más. La pequeña mordedura no era suficiente, el doble reguero de sangre no era suficiente, se comenzó a maliciar que había algún truco. Más, más, gritaban los espectadores. Johnny La Vallée, para no perder el trabajo o envalentonado quizá por el éxito, también gritaba dentro de la boca de Joe: Más, más. Joe, con los ojos cuajados de lágrimas, apretaba cada vez un poco más, un poco más, y si no lo hacía, Johnny, después de la función, lo castigaba con el látigo. Hasta que llegó la noche en que Joe apretó tanto que Johnny La Vallée no pudo levantarse a agradecer las ovaciones de la muchedumbre.
El público siempre pide más Marco Denevi