(Neoliberalismo)
Antropología Liberal-libertaria
Los liberales, en sus diferentes acepciones o corrientes, suelen recurrir al argumento de las diferencias biológicas para así justificar las diferencias sociales, A + B = C, y, de manera que podríamos hablar (y podemos) de un darwinismo a la escala de lo social, la selección del «más» acto. Y hasta un nivel más que superficial, podemos encontrar fallas realmente groseras al argumento de las diferencias biológicas para justificar las diferencias sociales, en primer lugar y muy importante, la sociedad compleja de los Homo Sapiens no es dada por la naturaleza, somos la única especie de ser viviente, de entidad biológica que ha podido arrebatarle a la naturaleza sus «secretos» para saciar sus necesidades y mucho más; es decir, producir a partir de la naturaleza aquello para saciar nuestras necesidades. Cuando éramos cazadores-recolectores no producíamos absolutamente nada, porque obteníamos directamente de la naturaleza los satisfactores que suplían nuestras necesidades inmediatas, el hambre, el refugio, etc. El trabajo como tal no existía, o como lo concebimos en épocas posteriores, porque las tareas que hacíamos eran de carácter puntuales, muy concretas, lo que los cazadores-recolectores después de realizar sus tareas, tenían tiempo de sobra para dedicarse a otras actividades, como lo que comenta Yuval Noah Harari en la primera parte de su Sapiens: De animales a dioses (2014), y el cambio radical que sufrimos, el cambio de paradigma de nuestro estilo de vida nómada de cazadores-recolectores a un modo agrícola y sedentario, en el cambio radical de mentalidad que eso nos generó. Ahora, con el cambio de modo de vida, también las obligaciones y necesidades se transformaron, antes nuestro hogar era la tierra entera y nuestro techo el firmamento, después nuestro hogar y libertad de movimiento se restringió a espacios más pequeños y confinados. También, y siguiendo las ideas de Harari en su libro, los cazadores-recolectores no tenían visión a futuro o no se preocupaban demasiado en lo que podría devenir en un tiempo X o indeterminado, más las sociedades agrícolas sí, porque al permanecer toda su vida en un solo lugar (sedentarios), la chance de sufrir calamidades y carencias eran mayores que los que sufrían los cazadores-recolectores, porque al ser nómadas, se las podían arreglar «mudándose» a otro lugar, más los campesinos del neolítico tenían que hacerle frente a las inundaciones, sequías, plagas, etc, en el mismo lugar, en su hogar; por lo tanto, su visión era a largo plazo. Así se empezó con una más que rudimentaria división del trabajo, al estratificarse las sociedades de campesinos del neolítico, se fueron formando las diferentes castas de la sociedad, los dirigentes, los sacerdotes o chamanes, los guerreros, los trabajadores, esclavos, etc, independientemente de las diferencias biológicas de los individuos que componen los grupos sociales.
Ya podemos advertir de la falencia de tal argumentación, y ver que, como las complejas sociedades humanas con sus estructuras no son un producto extraído de la naturaleza, aunque sí es moldeada por ésta, es un aparato artificial, manufacturado por nosotros mismos, y se moldea a nuestros caprichos y cumple un rol eficaz de control social.
La normalización de la desigualdad social, en un mundo y una sociedad madura como la de este momento histórico, es más que un insulto o una fuerte bofetada en el rostro, es la misantropía en su exquisita expresión.
Y para cerrar el comentario, con las palabras de Noah Harari en De animales a dioses, cuando toma el tema de la domesticación de los animales y el trato que el Homo sapiens ha tenido hacia ellos, dice (parafraseando): «¿Cómo podríamos definir el éxito evolutivo de una especie, por la cantidad de copias de su ADN, es decir, por la cantidad de descendencia (cuantitativo) o por la calidad de vida que gozan los individuos de la especie (cualitativa)?»















