“Creo que en otra vida fui stripper, ¿Tú qué opinas?”

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“Creo que en otra vida fui stripper, ¿Tú qué opinas?”
‘ ¿quién le enseñó a los pinches gringos a hacer fiestas? ’ musita en lengua materna, quejándose de lo lento que es todo a su parecer, justo antes de beber un shot de tequila de golpe ( cosa que no acostumbra a hacer ). ‘ ¿qué? ’ cuestiona tras sentir una mirada. ‘ ¿no viene uno a la barra a embriagarse? ’
La pequeña pastilla con una carita feliz grabada se posó en su lengua, segundos antes de que la fémina la hiciera pasar con el contenido de su copa de champagne. Fue ese momento que sintió unos ojos posados sobre ella, testigos de sus acciones “Si prometes pretender que no viste nada, te invito una de esas” ofreció a la persona que la había visto, con una sonrisa llena de fingida inocencia.
Después de pasar los últimos diez minutos observando cómo continuaban ignorando el pedido hecho por la persona a su lado en la barra, rodó los ojos. “La barra está siendo atendida por idiotas”, se quejó. “Pero aquí, termínate el mío”, ofreció su trago, empujando el vaso suavemente para que resbalara hasta las manos contrarias.
“¿Cuál es el punto de venir en pareja a la fiesta?” Hastío acompaña vocablos de la castaña. No es que la idea le parezca desagradable ¿el problema? su pareja la ha abandonado hace rato y no sabe que hacer. “Si querían recrear la escena de The Masquerade de The Phantom Of The Opera les ha salido mal, mira que todas las parejas ya están por su lado.”
“Oh, Dios, discúlpame. ¿Te lastimé?” preguntó la americana a la persona que accidentalmente acaba de pisar.
“Rata inmunda”, comenzó a cantar con fuerza a la par que la conocida voz de Paquita la del Barrio que sonaba en sus oídos, moviéndose al son de la música de su MP3 en mitad de la gente sin importarle que no tuviera nada que ver con la música ambiente del lugar. “Animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho...”, continuó cantando con gestos dramáticos como acompañamiento, “Infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija... ¡Cuánto daño me has hecho!”. Fue entonces que se dio cuenta que alguien la miraba, quitándose uno de los cascos y alzando el MP3 en una mano, “Ay, no, no... No te lo decía a ti, es la canción”.
‘ bendito sea el alcohol que ha logrado que este chingado antifaz se sienta menos incómodo ’