Llevaba media hora parado en el parque con panfletos en sus manos, los cuales su madre le había pedido que entregara a la gente con el fin de promocionar su negocio familiar; una pastelería-bollería. El joven no reaccionaba, era demasiado cohibido como para hacer algo así sin compañía, se moriría de la vergüenza.
Frustrado comenzó a caminar de vuelta a casa, llevando su mano sobre la nuca pensando alguna escusa que... acabaría siendo inútil. Se paró, cogió aire pensando que debía quitarse esa cobardía y pesimismo, y con paso decidido se dio la vuelta y caminó, no sin antes meter la pata de tal manera que toda esa fuerza se fuera instantáneamente. Había empujado a una persona y la mayoría de panfletos habían caído al suelo.
— ¡A-Ah..! ¡Lo siento! ¿Te hice daño? —Preguntó preocupado, sin dar mucha importancia a los panfletos caídos, primero se aseguraría de disculparse mil veces si el contrario estuviera muy cabreado.