A most unusual picnic
A lo largo de los años he gozado de deleites gastronónicos en un sinnúmero de lugares. A veces, los restaurantes de lujo han decepcionado y la comida de mercados ha sorprendido. Tengo la suerte de tener amigos amantes de la cocina y cada invitación a comer es una garantía de un placer gustativo sin igual. Tengan paciencia, un día les contaré de estas orgías de sabor, pero hoy les quiero platicar de una de las más originales e inolvidables. Es más, sin querer presumir, puedo asegurar que poca gente ha hecho una igual.
Recién casada, me tocó vivir en un pequeño pueblo francés. Para que se den cuenta de su tamaño diré, que al llegar había un letrero que decía: La Meilleraye de Bretagne, y un kilómetro más tarde, el nombre del pueblo tachado Ya estábamos en la campiña. En ese tiempo existía una abdía muy famosa del siglo XII cisterciana que, desgraciadamente, cerró.
Fui muy feliz en el pueblo, sobre todo cuando mataban un cerdo y nos daban unas morcillas deliciosas. Mi adaptación no fue nada fácil. Se imaginan, venir de la Ciudad de México y llegar a vivir en un lugar que, en ese entonces, no tenía ni 1,000 habitantes! Obviamente, fui la primera extranjera y, para mayor sorpresa de los habitantes la primera mexicana, ahí descubieron que había un país llamado México Sin embargo, años después, me confesaron que “los había desilusionado”. No usaba sombrero y no tenía trenzas: en fin me veía como cualquier otra persona, aunque mon charmant accent mexicain era lo único que me distinguía.
Mi francés mejoró muchísimo pues no habia con quien hablara inglés y menos español. Imaginen mi alegría cuando la encargada del correo me informó que habían llegado unos ingleses a pasar las vacaciones ahí. El pueblo no sabía ni como reaccionar. Primero una gitana mexicana, a muchos nunca los pude convencer de que no era gitana, y después tres ciudadanos de la Pérfida Albion. Era demasiado: yo en cambio estaba feliz. Pronto nos hicimos amigos, iba a tomer el afternoon tea o una copita de sherry, bebida a la que son muy aficionados. Les intrigó bastante que estuviera casada con el director de la escuela, pero se alegraron muchísimo cuando les dije que mi suegro era ostricultor y les propuse, de inmediato, que organizáramos un picnic y fuéramos a ver los cultivos de ostras de Luc, mi suegro. Me dijeron nosotros llevamos todo.
Salimos un viernes y nos dijirimos a la Baie de Noirmoutier. Ahí íbamos a tomar una lancha, y esperar a que el mar se retirara! Si leyó usted bien. En este lugar hay un pasaje muy famoso que se llama Le Passage du Gois que tiene aproximadamente 4.2 kilómetros y que une la tierra firme a la Isla de Noirmoutier. Han de estar pensando ¿qué tiene de raro una carretera así? Pues su originalidad estriba del hecho de que la marea, en ciertas temporadas, la cubre con unos cuatro metros de agua!. Es más hay un letrero que avisa de las mareas para que no se queden atrapados. Claro, siempre hay alguien que se cree más listo y después se tiene que aguantar su vergüenza y la pérdida de su automóvil. Si usted fue imprudente, se puede subir al techo de su auto o a una de las balizas que hay a lo largo de la carretera. Las primeras se colocaron en el siglo XVIII y la primera persona que cruzó el pasaje a caballo fue un señor llamado Gauvrit.
Pues ahí nos tiene en la lancha esperando, estábamos, mi suegro y su ayudante, mi esposo y yo, y los tres ingleses. Cierren los ojos, vean una lacha rodeada de mar! mi suegro echado la pesada ancla, y aprovecha para decir que sería bueno comer. El chalan, como buen francés, saca una baguette y con su cuchillo Opinel empieza a cortar rebanadas de saucisson y queso. Lunch time, dijo Peter. Abrieron entonces una hermosa picnic basket, que siempre hemos querido comprar, pero desgraciadamente, nuestro bolsillo nunca nos permitió tal lujo. Sacaron mantel, platos de porcelana, copas de cristal y cubiertos de plata! Luc sonrió, su ayudante casi se cae del barco y confieso que Jean Luc y yo también estábamos ligeramente sorprendidos, Nos sirvieron un delicioso vino tino, pedazos de roast beef, una ensalada y espárragos. Quisieron compartir con mi suegro y su ayudante pero, ellos decidieron seguir con su baguette y saucisson!
¿Isn’t this lovely?
Yes, nothing quite beats eating deliciously while we wait for the sea to go away!
De pronto nos dimos cuenta, que no había ni una gotita de agua Mi suegro me dijo que era tiempo de salir de la lancha.
Empezamos a caminar en el fondo del mar, mientras Luc nos platicaba sobre el cultivo de ostras. Yo estaba, como los ingleses, bastante impactada, pues nunca me hubiera imaginado ver lo que estábamos viendo. Mi suegro empezó a abrir ostras dándonos una a cada uno. Estaban deliciosas! Mary, tomó la ostra, se la puso en la boca y con gran apuro le preguntó a su amigo BOB
Now, what do I do?
Don’t worry, it is alive so it will walk down!
Mary se volvió un arco iris. El chalan dijo: elle va vormir, va a vomitar. Mi suegro dijo claro que no. Siglos de educación y honor inglés no se lo permitirán! Con un enorme esfuerzo, se la pasó y dijo: delicious!
Mi suegro le ofreció otra ostra, pero Mary dijo que de las buenas cosas no hay que abusar.
Regresamos a la lancha y Bob preguntó y ahora ¿qué hacemos?
Esperamos a que regrese el mar, contestó Luc.
Tea time, abrieron la canasta sacaron el termo y ahí estuvimos platicando y tomando nuestro té mientras el mar regresaba no tan lentamente.
Ya ven como no mentí, fue de verdad un picnic inolvidable.











