i do more stuff of this hhhhhh i love thiis so muchh uwuwu
the lovely kitty!sans belong to the amazing artist @owosa uwu <3
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Made a doodle of my Selkie!Sans Saoirse coming nose to nose with a friend
Adopted her from @owosa a while back
For @owosa‘s birthday.
Lil’ Eggy have new outfits for this summer. I couldn’t let this sweetheart with a polo under an unforgiving sun! Poor bean.
So he now have the Sanses trademark shorts and T-shirt. Maybe a nice jacket one day too.
Happy birthday owosa and thanks again for Eggy!
Orange
Me: WHAT DOES THIS MEAN?!??
Owosa: Calm down sir.
some draws i did about the zoo
Paws instead of dust (2/?)
(Aquí está la segunda parte, mucho más larga porque NO SÉ DEJAR DE ESCRIBIR QUE ALGUIEN ME AYUDE. En fin, volviendo al tema. Este AU pertenece a @owosa. Disfrutadlo tanto como yo disfruto con estos animalitos suyos ^___^ <3
Así pues...¡ AQUÍ VAMOS!)
Sans estaba sentado en la mesa de su habitación, lápiz en mano, mirada perdida y miles de pensamientos en su cabeza. Sus dos nuevas mascotas estaban durmiendo en una cama improvisada que Sans había hecho con sábanas viejas y un par de cojines tapados y colocados a los lados para que las mascotas pudiesen dormir como quisieran. Podría haberles dado más comodidad otorgándoles las sábanas viejas de cuando era un joven (y genial) esqueleto, sin embargo sus mantitas de coches y cohetes NADIE los iba a tocar. Estaban bien guardadas en un sitio donde nadie podría encontrarlo jamás… O sea, debajo de su almohada. Por el momento los esclavos no parecían quejarse de su nuevo hogar, el perro se encontraba dormido con la lengua afuera mientras el conejo utilizaba al can como cama.
Mientras no molestasen, Sans podría seguir pensando… Comida. Cama. Medicinas. Comodidades. Entretenimiento. Es cierto que Sans no había tenido nunca mascotas (a excepción de su hermano, claro), era difícil para él comprender qué requerían para vivir. Era muy novato en eso, pero era tan cabeza hueca que no iba a permitir que dos vidas tan simples y menores como la de esos dos fuesen acabadas. Ahora le pertenecían. Por ende, debía demostrar que era el mejor cuidando de dos animales cualquiera. Aunque para muchos pertenecer a Sans era una tortura más que una bendición… El esqueleto menor no lo veía así. Era tan orgulloso que hasta era capaz de enfrentarse a sí mismo con tal de ganar.
Y eso implicaba enfrentarse a un pueblo entero que buscaba EXP fácil y gratis.
Anda, otro problema al que añadir a la lista: seguridad.
Lo tuvo que apuntar, notando entonces que su lápiz tenía el final demasiado mordido por estar Sans pensando en sus cosas mientras su hiperactividad quedaba sin control. Gruñó, soltando el lápiz, pensando en posibilidades mientras miraba al techo. Podía ser sencillo cuidar de animales, sin embargo no lo era. Si ya tenía que lidiar con un hermano inútil, dos esclavos serían más de lo mismo. Pero al menos estos no dejaban ropa interior en el suelo, ni la casa olía a tabaco (y otras cosas). Aunque cabía destacar que su habitación olía a perro mojado porque hacía poco lo habían bañado, y como no tenían secador al ser esqueletos, Sans le puso una manta caliente a los animales cambiándolas cada poco rato para que no pillasen ninguna enfermedad. Parecía haber hecho bien… Pero eso lideró en descubrir que el perro estaba MUY delgado, y su pelaje lo escondía de manera magistral. Por ello la palabra comida estaba subrayada, pues el chucho necesitaba comer más. Y debido a eso tampoco le había cortado el pelo al chucho, para seguir escondiendo esa delgadez, y mantenerlo caliente en su hogar.
Estaba muy bien pensar en eso, pero ahora debía plantearse cómo obtener todo cuanto necesitaba. ¿Tal vez en alguna tienda…? ¿Pero acaso habría cosas para mascotas? No tenía ni idea. Pero quedarse quieto no iba a solucionar nada. Y él odiaba estar mucho tiempo sentado. Así que tras decidir que tocaba dar una vuelta por Snowdin procedió a levantarse. Con suerte la tienda cercana a su casa estaría abierta. Tras coger sus guantes y su bufanda dio un último vistazo a las mascotas. Estaban dormidas. Si fuesen ciegos del ojo derecho aseguraría que eran hijos de su hermano, igual de vagos…
-VOY A SALIR UN RATO. VOSOTROS OS VAIS A QUEDAR EN EL SALÓN CON MI HERMANO. MÁS OS VALE PORTAROS BIEN U OS LLEVARÉ A LA HABITACIÓN DE PAPYRUS.
Obviamente amenazaba con ir a la habitación más asquerosa de la casa: la de su hermano. O al menos para Sans, claro. La cuestión es que tomó a los esclavos en sus brazos, el cual solo uno se quejó, claramente el conejo, mientras que el perro tomaba eso como una invitación al cariño que acabó en una lamida indeseada en el rostro del esqueleto, quien por poco tiraba a las mascotas al suelo por eso.
-NO VUELVAS A HACER ESO. ES ASQUEROSO.
Dijo, pues era bien sabido que ese esqueleto no apreciaba el afecto. El perro tan solo agachó la cabeza, a lo cual el roedor acabó gruñendo. No parecía gustarle nada a ese animal, o más bien nada que tuviese que ver con mangonear al perro.
Ignorando aquello Sans bajó al salón, con cuidado para que sus mascotas no tuviesen una caída desafortunada, siendo advertido por su hermano, el cual miraba la televisión en ropa interior OTRA VEZ. Inútil asqueroso.
-TE VAS A ENCARGAR DE ESTOS DOS MIENTRAS SALGO. SOLO SERÁ UN RATO.
-no, gracias.
-NO TE LO ESTABA PIDIENDO.
-siendo tanto una obligación como una petición me niego. no son mis mascotas, ya lo dije. y como pronto te cansarás de ellos poco me importa lo que les pase.
Papyrus seguía UN POCO negativo con el tema de las mascotas. Para él solo eran más gastos para la casa. Como si no hubiesen ya suficientes. Pero lamentablemente Sans tenía un complejo de mimado aun cuando Papyrus pocas cosas le había podido dar en la vida, por lo que al dejar a los animales en el suelo, al lado del sofá, siguió hablando como si nada.
-NO ME CANSARÉ DE ELLAS, AHORA SON DE ¡MI! PROPIEDAD, Y TENGO MUCHOS PLANES PARA ESOS DOS. TAN SOLO PROCURA QUE NO SE MATEN O ROMPAN ALGO. AL IGUAL QUE MIRAS LA TELEVISIÓN TODO EL DÍA ¡SIN HACER NADA! PUEDES Y VAS A MIRAR A DOS ANIMALES. ESTÁN AGOTADOS ASÍ QUE DORMIRÁN UN BUEN RATO.
-normal, los has bañado.
Papyrus odiaba los baños. Su olor pestilente era un claro aviso de eso. Sans entrecerró los ojos, pero una vez comprobó en un vistazo rápido que nada en la casa podría suponer una escapada para los animales, lo dejó estar.
-DEJA DE LLORAR COMO UN BEBÉ POR TODO. YO ME ENCARGARÉ DE TODO.
-pffft, eres tú quien llora por todo y por nada en realidad.
Susurró Papyrus para sí mismo. Sans puso las manos en jarra.
-¡¿QUÉ DIJISTE?!
-que síiii, los estaré vigilando. pero si me quedo dormido no es mi problema.
-BUENO, AL MENOS TIENES DOS COMPAÑEROS NUEVOS QUE DUERMEN COMO TÚ. LA FAMILIA PEREZOSA.
Aunque Sans tenía planeado entrenar a ese perro para que se convirtiera en la mascota más temible de todo el subsuelo. ¡Sería tan fuerte que nadie se atrevería JAMÁS a cuestionar a Sans! Claramente eso era algo que él soñaba, no que se fuese a convertir en real.
Una vez el esqueleto bajo se aseguró de que todo estaba en orden procedió a salir de la casa, enfrentándose a la cruel nieve de Snowdin que daba la bienvenida azotando las ropas del esqueleto, buscando congelarlo de frío, mas al ser esqueleto poco podía conseguir. El esqueleto cerró la puerta, mirando a ambos lados para asegurarse de que no hubiese algo sospechoso cerca. Nada. Todo estaba tranquilo, o al menos lo que se consideraba como tranquilo en ese mundo, que era básicamente ninguna revuelta salvaje.
Se encaminó hacia la tienda más cercana que había: la casa de Doggo. Llegó a la tienda al poco de andar, donde abrió la puerta de un portazo con el pecho inflado y aires de superioridad, como siempre hacía para llamar la atención. Le gustaban las entradas a lo grande… Irónico considerando su estatura, pero si alguien llegaba a comentar eso, Sans acababa matando al sujeto que se atreviese a decir eso.
-Ugh, ¿tú otra vez aquí?
Dijo Doggo, bajando la revista que debía mantener en movimiento constante para leerla, mientras fumaba un hueso para perros. ¿Cómo era capaz de fumar un hueso? Magia. Pero nada más Sans ver al perro, sonrió de forma victoriosa, pues se dio cuenta de que ahí tenía respuestas para muchas preguntas que se había formulado en casa. Doggo entrecerró los ojos, observando cómo Sans siempre se movía mientras observaba lo que la tienda ofrecía. Todo bajo un plástico amarillo para no ser robado sin que el perro no se diese cuenta, claro. Pero el perro sospechaba del esqueleto por otros motivos.
-Ya pagué mis impuestos hace dos días. ¿Me quedan… cinco aún?
Dijo enarcando la ceja. El cliente negó con la cabeza.
-VENGO A HACER PREGUNTAS.
Eso, en ese mundo, nunca eran buenas noticias.
-Venga ya… No soy un chivato. Lo siento pero de este hocico no voy a soltar ningún hueso.
Desconfiado como siempre. Sans lo dejó estar.
-YA. LO SÉ MUY BIEN. PERO QUERÍA PREGUNTARTE COSAS SOBRE TI… COMO PERRO. YA SABES.
-Explícate.
-¿QUÉ COMES SIENDO UN PERRO?
-Cosas de perros. ¿Algo más?
Sans apretó un puño ante esa respuesta TAN OBVIA. Pero tuvo que contenerse. Por su bien y por el de la mascota.
-ESO ES… DEMASIADO OBVIO. Y NECESITO SABER ALGO MÁS ESPECÍFICO. CARNE, VERDURAS, FRUTAS. ESAS COSAS.
-¿Acaso vais a administrar lo que comemos? ¿Tan desesperados estáis por controlarnos que hasta recurrís a la comida? A otro perro con ese hueso.
-NO, NADA DE ESO. ESTA CONVERSACIÓN ES CONFIDENCIAL. SOLO NECESITO SABERLO POR MOTIVOS PERSONALES.
Doggo sonrió con malicia, moviendo su hueso fumado al otro lado de la boca, dejando la revista para enfocarse directamente en Sans, inclinándose delante para verlo mejor.
-¿Tienes a un perro secuestrado o algo así? Venga, dilo, seré un buen chico y no se lo diré a nadie. Solo quiero entretenerme algo.
Sans no sabía cómo continuar. Ese perro ansiaba tener una explicación válida sobre el porqué de las preguntas. Y quedándose unos segundos quieto, pensando, al final tuvo que recurrir un plan que odiaba con toda su alma, pero viendo las circunstancias no quedaba de otra…
“LO HACES POR EL PERRO, GRAN, MAGNÍFICO Y TERRORÍFICO SANS. CUANTO ANTES LO HAGAS, MEJOR”.
El esqueleto inhaló profundamente, cerrando los ojos… Y entonces alzó una mano con rapidez, dirigiéndola hacia el perro, el cual alzó las cejas alertado, pensando que lo iba a atacar. La pelea estaba a punto de iniciarse…
Pero la victoria ya estaba clara desde un principio. Pues Sans lo que hizo fue acariciar al chucho. Unas caricias con la punta de sus dedos huesudos en la cabeza del perro, el cual solo se quedó con los ojos muy abiertos unos segundos, pero a medida que Sans acariciaba, el perro se inclinaba hacia esos cariños que eran su gran debilidad. Lentamente el perro fue buscando la posición perfecta para ser rascado: con la cabeza tumbada en sus objetos a vender y con el cráneo a un lado, permitiendo que Sans llegase a las orejas, el cuello, y así lento pero seguro el esqueleto supo que ya no habría preguntas, ni sospechas.
La lealtad de ese perro se ganaba fácilmente con mimos.
-¿QUÉ COMÉIS VOSOTROS LOS PERROS?
-Ca-ca-carne… Pesc-pesc- (uy, ahí, ahí, ahhh~~~ sí…) Pescado… Hmmm~ arroz también…
-¿ALGO MÁS?
-Nos gustan… las zanahorias… peras… grrr, plátanos…
-¿Y QUÉ NO PODÉIS COMER BAJO NINGÚN CONCEPTO?
-Uva-as, gomino~las, choco-chocolate… ¡Cerveza menos! Pero yo lo tomo de todos modos hehehe… Cebollas, ajos…
-BUEN CHICO.
-¿Muy buen chi-chico?
-MUY BUENO, SIN DUDA. ¿Y QUÉ HACÉIS PARA ENTRETENEROS?
-Morder cosas. Cuerdas en esssspecial… Perseguir otras… Pero eso cambia se-según el perrooooo. Yo adoro las caricias, ¡las amo! ¡Las amo con todo mi ser! ¡Dame más!
Aunque aquello parecía razonable, Sans no parecía creer que el perro acogido fuese precisamente de correr, pero sí de recibir cariño de aquel a quien apreciaba. Durante el poco tiempo que lo había tenido se había dedicado a estar en una esquina con el conejo, poco más. ¿Tal vez por miedo? Quién sabe. Debería averiguarlo con el tiempo.
-¿Y CÓMO OS BAÑÁIS? ¿PODÉIS EVITAR ESE OLOR A PERRO MOJADO SI OS BAÑÁIS?
-Champ-p-p-úuuu especial para perrrrros, vendo aquí algunos y to-todddo… ¡Y no! ¡Yo odio los perfumes, jamás los utilizo!
Mientras hablaban el perro había cambiado de postura, y estando literalmente encima de la mesa, se daba la vuelta para que el otro monstruo rascase su barriga. Sería divertido si Sans no estuviese únicamente centrado en su meta de obtener información y memorizarla.
-¿MEDICINAS?¿QUÉ HAY DE ELLAS?
-Undyne, la cientíiiifica (uyuyuyuy qué gustito…) nos las da. Pero son muy caras.
-ÚLTIMA PREGUNTA. ¿CAMA?
-Eso de-depende del perro o-otra vez… ¡Yo duermo en una cesta! Me gustan las cestas. Puedo morder mientras duermo. Es agradable. Como esto…
Entonces Sans paró, sintiéndose de alguna forma una prostituta por haberle mimos a un perro que lo había gozado demasiado, tanto que aún seguía en la postura, en tal estupor de placer que ni era capaz de reaccionar. Sans se limpió la mano con su pantalón, sacando de su bolsillo unas monedas para coger dos champúes, depositando el dinero en la mesa al lado del chucho. Podría haberlo robado, pero él tenía honor… O creía tenerlo tras lo sucedido.
-GRACIAS POR TU AYUDA. HAS SIDO UN BUEN PERRO. ASÍ PUES, HASTA LA VISTA.
El perro solo movió la cola en mitad de su goce, sin siquiera articular más palabras. Sans se marchó de la tienda con los dos champúes bajo el brazo. Ya tenía todo lo necesario prácticamente a excepción de las medicinas, los cuales seguro que pediría a Papyrus para que se encargase de eso. Odiaba tener que lidiar con Undyne, pues de alguna forma lo ponía de los nervios… Y algo debía hacer el negado de su hermano.
Pensando que su misión había tenido un total éxito, y ansiando borrar recuerdos desagradables de su mente, se fue a completar la segunda misión que tenía pendiente: descubrir información sobre los conejos. Por suerte eso era tan fácil como hablar con los guardias reales, que eran precisamente conejos, y como él se consideraba el líder podría obtener información enseguida. De ellos o de Alphys. Era fácil y sencillo. Así que sintiendo su victoria cercana se encaminó hacia los puestos de vigilancia, dispuesto a obtener información sí o sí…
Pero mejor sin tener que recurrir a lo físico. Por el bien de su salud mental.
01110000 01100001 01010000 01011001 01010010 01010101 01010011 00100000 01010000 01001111 01010110
Papyrus estaba tumbado en el sofá, viendo la televisión medio tumbado, con una pierna en el aire y la otra apoyada en el sofá, sus manos detrás de su cabeza para poder estar cómodo viendo los programas de la televisión, los cuales eran en su mayoría basura, pero el esqueleto solo buscaba algo en lo que mantener la vista e ignorar su mente, la cual siempre le trataba de recordar todos los problemas que acontecían en su vida, pero principalmente en su casa.
En un mundo sumido en la mierda como ese lo único bueno que tenía debía mantenerlo a toca costa… Y aunque fuese irónico, esa única cosa de valor que tenía era su hermano. El esqueleto alto sabía bien que su hermano era consentido, impaciente y exigente, tal vez hasta rozaba lo psicópata considerando su constante necesidad de quedar por encima de los demás, hasta el punto de herir físicamente. Pero para Papyrus él seguía siendo solo un niño caprichoso… Pues así lo había criado, y así debía soportarlo hasta que su hermano madurase. Lo cual veía imposible. Y eso siempre llevaba a que su hermano cometiese ciertas locuras de las cuales debía encargarse el hermano mayor desde las sombras sin que nadie lo supiera. Tal vez por eso todo le sabía amargo, todo le daba pereza a lo largo del día, pues siempre debía recoger la mierda que dejaba su hermano. Y como Sans era muy Sans, eso pasaba constantemente.
En esos momentos su nueva aventura incluía dos mascotas a las que estaba seguro había traído por la fuerza. ¿Propósito? Ni él mismo lo sabía. Suponía que era un capricho como aquel de vestir con una armadura, idea sacada de un cómic que encontraron en el vertedero de Waterfall buscando cosas para la casa. Y, cómo no, Papyrus ahora debía encargarse de esas dos mascotas, a las cuales las miraba de reojo de vez en cuando, comprobando que se habían colocado debajo de la mesa casi rota, sin dejar de dormir, o aparentemente durmiendo…
Papyrus resopló, hundiéndose más en el sofá, el cual tenía algunos muelles rotos y se notaba.
-supongo que en unos días os tendré que abandonar en el bosque, cuando sans se canse de vosotros… como siempre.
Dijo en voz alta, rodando la luz que suponía su único ojo funcional. El otro hacía mucho tiempo que debó de emitir luz, los motivos eran desconocidos y solo la parte más retorcida del pasado de Papyrus lo sabía.
-hasta entonces vamos a tener que convivir los tres lo mejor posible. si queréis sobrevivir a mi hermano, claro.
Papyrus ya daba por hecho que su hermano los desecharía cuando se aburriese, o cuando se intentasen imponer a él y acabase matándolos por insubordinación, cualquier posibilidad era viable. Los animales sin embargo apenas se percataron, solo moviéndose un poco en el sitio seguro que habían encontrado. Pero aunque Papyrus hiciese muchas especulaciones no sabía cuánto se estaba esforzando su hermano en mantener a las mascotas.
Un rato más pasó, con la televisión mostrando programas a cada cual más estúpido, hasta que Papyrus tuvo un poco de hambre. Para ser un esqueleto sin órganos tendía a sufrir hambre a cada rato, especialmente si no ingería nada mágico con lo que recuperar energías. Hasta los esqueletos necesitaban comer… ¿Y cuándo fue la última vez que comió algo? ¿Hace tres días? Le daba tanta pereza comer que hasta era capaz de morirse de hambre para evitar tener que moverse mucho, hablando de forma metafórica, claro.
Dando un gruñido se rindió ante la exigencia de su cuerpo, y acabó levantándose para ir a la cocina, pues apenas le quedaba magia y lo notaba por cómo su ojo no le dejaba ver del todo bien. Odiaba tener que alimentarse, era tedioso y jodidamente caro. Al menos para una rata egoísta como él. Pero debía hacerlo. Si dejaba a Sans solo en ese mundo no se lo podría permitir jamás. Él era la razón por la cual sus huesos seguían unidos, aunque nunca se lo dijese a su hermano y siempre se mostrase apático…
Al llegar a la cocina abrió la nevera, rascándose el cóccix como bien sabía, observando la poca comida que había dentro. Para ahorrar comida siempre compraban a diario lo que necesitaban, así solo estaba lo esencial en la casa… Lo cual no servía. Pero como siempre pasaba, Sans dejaba un plato de comida en la nevera cubierta en plástico transparente para cuando Papyrus se dignase a comer. Como muchas veces eso no pasaba al final su hermano acababa cenando aquello, lo cual era matar dos pájaros de un tiro…
Hablando de matar cosas. Cuando abrió la nevera, dos cabezas se asomaron a la cocina. El conejo y el perro miraban fijamente al esqueleto, notando olores que les interesaban muy rápido. Papyrus notó eso, así que los miró de reojo mientras estaba inclinado en la nevera, viendo ese plato tan sumamente apetitoso.
-¿tenéis hambre? podría daros algo… con suerte engordaréis y seréis un buen festín para cuando sans se quiera deshacer de vosotros.
Dijo en un tono escalofriantemente frío, riéndose por lo bajo ante su pequeña broma negra. Aunque para él aquello iba a ser una realidad muy cercana. Y la idea de cenar roedor o perro… Tentaba. Era carne a fin de cuentas, y cuando el hambre acechaba hasta una roca parecía apetitosa. Los animales sin embargo no se mostraron agresivos, tan solo siguieron mirando fijamente. El perro sacando su lengua y el conejo con los ojos entrecerrados… Pero debido a la posición en la que estaban, Papyrus podía asegurar que el roedor estaba encima del perro, como si fuese su caballo personal. Extraño. Pero le dio absolutamente igual.
-bueno, a ver qué tenemos para vosotros que no sea nocivo…
Papyrus, debido a sus visitas al laboratorio de Undyne, sabía qué comían algunas criaturas y qué no comían. Básicamente porque entre los muchos trabajos sucios que tenía, algunos eran dar de comer a los… “invitados” de Undyne. Y la posibilidad de que fuesen dos mascotas que huyeron del laboratorio de Undyne pasó por la cabeza del esqueleto alto varias veces. Sin embargo no iba a entregarlos a la científica. Pues morir a manos de los esqueletos sería mejor que morir a manos de una científica con serios problemas morales. Era más digno, y sin duda, menos doloroso. Aunque con una buena compensación económica…
La cuestión era que Sans podría haber recopilado información de una forma rápida y sencilla, que era preguntando a su hermano, pero Papyrus nunca dio señales de saber de esas cosas. Si ni siquiera sabía cuidarse de sí mismo, ¿cómo diablos iba a saber cuidar a los demás? Era fácil pensar así. Y Sans pecó de no preguntar a su hermano, quien también se habría ofrecido a ayudar, pero si su hermano obtenía cosas por sí mismo estaba de mejor humor, y eso era bueno, tanto para su autoestima como las migrañas de Papyrus.
El esqueleto sacó de la nevera el plato de Sans. Burritos rellenos. Hacía tiempo los hacía con todo lo que encontrase, y con todo, era TODO. Tierra, piedras, flores… Una vez hasta se atrevió a traer basura. Tras varios días de magia inestable por la intoxicación con la comida mágica, Sans aprendió a tener cuidado de aquello que cogía, y poco a poco fue aprendiendo a cocinar mejor… Aunque los burritos eran el único plato que conseguían hacer. Y como la verdura era mucho más barata que la carne, ahí había un plato de burritos con verduras trituradas y salsa casera lista para ser calentada y comida. Verduras… Eso era bueno. No para él, claro.
-en fin, con esto podréis ir tirando, supongo.
Dijo el esqueleto, sacando el plato sin motivo de calentarlo. Le daba igual si estaba caliente o no, pero las mascotas podrían sentir disgusto hacia lo caliente, así que decidió quitar el plástico transparente e ir hacia el salón, donde estaba prohibido comer pero le daba absolutamente igual. Los animales –más bien el perro- lo siguieron atentos, alzando su hocico, y en el caso del chucho moviendo la cola ligeramente contento. Papyrus se sentó, abriendo el burrito para ver los alimentos que había dentro. Y precisamente eran perfectos para las mascotas.
-anda, si la pobreza a veces trae algo bueno, hahaha.
Burlándose de su propia situación con un humor ácido, le dio un primer bocado para comprobar que estaba bueno. Algo duro, pues Sans debía perfeccionar cosas, pero era comestible. No era algo considerado manjar pero sí se podía comer.
-feneif fuefde de fe efffo efe defenfe.
Nunca fue un esqueleto de modales refinados, así que tras tragar, sacó un trozo de verdura para cada mascota, tirándolos al suelo donde ellos debían cogerlo. Primero al conejo, el cual recogió la comida con cuidado, olisqueándolo y luego procediendo a morder poco a poco, desconfiado, pero al final seguro de que estaba bueno. Papyrus enarcó la ceja ante esa actitud. ¿Tal vez los intentaron envenenar alguna vez? El perro por su parte quiso aceptar la comida abriendo sus fauces, sin embargo, al ver que esta caía al suelo lloriqueó un poco, mas acabó teniendo que cogerlo directamente del suelo. Tras unos segundos de degustación miró al perro e hizo un gesto extraño con la cabeza. El perro entonces aceptó el trozo de verdura, tan contento que hasta su cola barría el suelo de forma gentil. Papyrus entrecerró los ojos con una gota cayendo por su frente. ¿Era su impresión o el perro había pedido permiso…?
Negó con la cabeza, ignorando ese hecho, pensando que eran solo simples mascotas. Simples gastos extras para la casa.
Los animales tardaron muy poco en comer, prácticamente una vez comprobaron que estaba en un decente estado (no sumamente fresco pero sí comible) dieron solo dos trozos para ingerirlo. El perro parecía contento con eso, pero el conejo… El roedor siguió mirando fijamente a Papyrus, el cual ya había dado otro bocado a su burrito. Como sentía la constante presión de ser observado dirigió su mirada a la del conejo, el cual se alzó sobre sus dos patas olisqueando.
-¿quieres más?
El roedor no respondió, era obvio que no lo iba a hacer. Era un animal.
-pues paga el alquiler.
Y siguió comiendo, viendo la televisión casi a punto de caerse a pedazos.
El conejo, viendo que poco a poco la comida iba desapareciendo, miró a su compañero, el cual le devolvió la mirada moviendo el rabo más contento de lo usual. El animal de pelaje blanco hizo un gesto, un simple tirón a su propia oreja, y el perro al instante respondió ladeando la cabeza. El conejo siguió incitando al perro a hacer cosas raras, captando la atención de Papyrus justo cuando el can ya estaba tumbado en el suelo con la barriga dirigida al techo. El esqueleto enarcó la ceja, pensando que inocentemente quería jugar. ¿Tendría que molestarse en acariciarle la tripa…? No estaba dentro de sus deberes dictados por Sans. Sin embargo el perro insistió mucho más, mirando fijamente al roedor y al esqueleto, buscando un cariño desesperado.
-ojalá supieras hacerte el muerto…
Susurró mientras suspiraba, inclinándose para que ese perro pesado dejase de hacer monerías. Rascó unos segundos la tripa del perro, con el plato aun sosteniendo un par de trozos que le faltaban al esqueleto por comer. El perro movió su pata, revolviéndose del gusto, en tal completo placer que hasta cerró los ojos con la lengua a medio salir en un lado. Papyrus se replanteó si realmente aquello le daba tanto placer. Pero era un can. Como Doggo debía tener un gusto insano por recibir mimos… Y mientras lo rascaba notó la delgadez extrema del perro, lo cual sorprendió al monstruo. ¿Hasta qué niveles de hambruna debía llegar una criatura para acabar así…? Era similar a Papyrus, solo que al esqueleto se le veían los huesos por su condición de monstruo esqueleto, pero ninguna criatura debería estar como ese animal…
-heh, me parece que los dos estamos en los huesos.
Pero nada más soltar esa broma se dio cuenta de que había bajado la guardia unos segundos, lo cual estaba terminantemente prohibido en ese mundo. Dejó las caricias de forma repentina, dejando al perro en la misma postura, aturdido y ansiando más. El monstruo no dijo nada más al respecto, mirando la televisión.
“si le coges cariño a alguien, dolerá más cuando lo pierdas”, se decía a sí mismo a diario. Para evitar esos sentimientos nocivos recurría al alcohol e ignorarlos durante largas horas. Era bueno huyendo de sus propios sentimientos. Por eso decidió huir con el aparato electrónico, dispuesto a continuar su burrito para dar por finalizada la comida, sin importarle que fuese la misma mano con la que acarició al perro…
Pero sus dedos tocaron el plato directamente, sin encontrar ningún trozo de comida. El esqueleto miró asustado el plato, descubriendo que solo quedaba un diminuto trozo del envoltorio del burrito. ¿Qué coj-
Crunch, crunch.
Las luces de sus cuencas se desviaron a una esquina, aquella que estaba justo cercana a la mesa, comprobando que en ella el conejo estaba mordisqueando comida con un aire de orgullo tremendo. El conejo, al verlo, se rió. SE RIÓ ORGULLOSO. Papyrus no se lo pudo creer. Pero estaba claro que no iba a dejar eso así como así.
-¡maldita rata escurridiza, dame mi comida!
Tirando el plato al sofá se incorporó para ir a por el roedor. El susodicho al instante colocó casi toda la comida en su boca, quedando con los mofletes inflados, procediendo a saltar allá por donde iba. Papyrus aún no había comido bien así que su reserva de magia estaba baja, forzándolo a tener que moverse para coger al escurridizo animal, el cual al instante fue cerca de las paredes para esconderse detrás de los pocos objetos que la casa mantenía en un estado más deteriorado que decente.
-¡ven aquí, sucio!
Pero el conejo decidió jugar con él, saltando entonces por el mueble del televisor, la mesa, una mesita de noche, el sofá, sin cambiar de habitación… Se estaba mofando del esqueleto y ambos lo sabían muy bien. Mientras el perro observaba eso tumbado en el suelo, divertido, la policía y el ladrón empezaron a romper cada cosa en la casa buscando cada uno su propio objetivo. Papyrus trataba de atrapar al conejo como bien podía, pero el animal era demasiado astuto, tanto que hasta ponía objetos en medio para que el esqueleto se tropezase.
-¡como te pille pienso ahorcarte con la soga!
Dijo, harto de la situación, sin embargo durante ese largo rato de búsqueda y captura el esqueleto le dio un abrazo a la pared, su cráneo entró en contacto con varios objetos, y hasta hubo una ocasión en la que intentó lanzar su brazo para golpear al conejo pero al final acabó tirando su brazo por la ventana. Papyrus revivió entonces esos momentos en los que Sans era un bebé y huía con algo en la boca, teniendo su hermano que perseguirlo durante un buen rato hasta que lo encontraba dormido o exigiendo alguna otra cosa...
Era volver a los viejos tiempos, pero ahora ese saco de huesos estropeado no era tan paciente como antes.
Ni tampoco tan enérgico.
Para cuando Sans llegó a casa, se encontró con el salón destrozado, un Papyrus agotado en el sofá, y dos mascotas encima de él viendo la televisión. Sans tardó varios segundos en intentar comprender qué había pasado… Aunque la conclusión final que decía claramente que Papyrus había perdido estaba presente en toda la habitación.
-QUÉ… DEMONIOS HA PASADO.
-… no has traído mascotas… has traído dos demonios…
-PFFFT, ¿DOS MASCOTAS DE NADA TE HAN DERROTADO? TE CREÍA MÁS LISTO QUE ELLAS.
-cállate, sans.
Pero el esqueleto menor encontró aquello muy divertido. Al final hasta haber traído a las mascotas había sido buena idea, únicamente porque fastidiaban al inútil de su hermano. Y aunque él se considerase el único con la potestad de eso podía permitir que esos dos compartiesen tan divertida afición. Y viendo cómo estaba su hermano el sacrificio valía la pena.
-UNA COSA…
Quiso aclarar antes de siquiera dar por terminado ese evento. El esqueleto bajo aspiró lentamente, inflando sus pulmones inexistentes, mientras cerraba los ojos un par de segundos.
-¡¡¡LIMPIAD ESTO AHORA MISMO PANDA DE BUENOS PARA NADA!!!
Gritó de tal forma que las tres mascotas de la casa saltaron del sofá, ya fuese por el susto o por la fuerza del propio grito, cayendo del sofá inevitablemente, pero sin ningún herido. Vale que Sans pudiese reírse de esa situación, pero su casa estaba hecha un desastre, y más le valía a esos tres arreglarlo, aún si dos de ellos no tenían siquiera pulgares para agarrar cosas.
Por lo menos los cuatro estaban en buenos términos –ignorando el enfado de Sans-. Y esa paz podría mantenerse si los cuatro ponían de su parte… Lo podrían conseguir. De eso Sans estaba seguro. Y podía apostar todos los huesos de su cuerpo en ello.
Front and back of the free late xmas and late new years sketches...the last few that i drew are listed below in order (left to right): @sayhdraws @chuchelo-meluchelo @ohmondieuunautreblog @pinkadessu @shirodraws @noylesslol @sakuranbonotanechan @nencheese @owosa @melle-d @flargahblargh @nsfwshamecave @shortsnas @sinfulsanspar or @comelysun @zwagyzonk @catyuffie @buttercupsticksntricks and @psicro !~ Again, i hope everyone had a happy holidays and a wonderful new years, and I'm sorry if any other of my friends or a fav artist of mine wasn't included, but eventually i will draw u a small gift or fanart when i get around to it and i remember who i left out. Now it is almost 2 Am and i have class tomorrow, so gonna head to bed and i hope everyone likes the sketches i did for them x3.
@owosa i made a drawing of papy and BB and i love the comics you did of them and they are sooo cute and sooo adorable




