Niña...
Érase una vez, en un cuento de hadas, una niña que lejos vivía. Aun para su edad, la pequeña todo entendía: sueños y aspiraciones tenía, pero la vida es cruel, y eso no lo sabía. Ella, con su inocencia, cargaba con el llanto de su mamá en su conciencia. Creía tener potencial, que quizá era especial, pero siempre hay un final… Se te suben las arañas, y aunque asustada estés, ya te da igual, porque te sientes fatal, todo sigue mal, ya no quieres que te asocien con un grial, solo quieres gritar, llorar sin parar, acercarte a un tonto balcón, y admirar a ese halcón. Quieres repetir su acción: saltar, y volar, arrancar las plumas de tus alas, no te importa si comienzan a sangrar, si duele o cuánto te llegase a lastimar. Lo harás hasta que las velas quemen este maldito lugar, para que el fuego con todo pueda acabar. Dime, lector, ¿qué hay para festejar? Ella se está dirigiendo al mar, nunca aprendió a nadar, y sabe que se puede ahogar, pero así quiere dormir, no se quiere despedir, solo desea finalmente partir. Que la arrastre la oscuridad, asqueada de ver esa antigüedad, harta ya de sentir ansiedad. ¿Quién habrá matado su sonrisita de ilusión y de bondad? Se apagó su corazón, desapareció su enorme pasión. Denle un poco de paz, o aunque sea un as, para que obtenga suerte, y como antes sea fuerte, así la pobre no pensará en la muerte… Cada noche, una diferente pesadilla, tal vez lo solucione todo una simple pastilla. Niña, ojalá recuperes tu fuerza para una gran vida tener. Recuerda en quién te querías convertir, en aquella mujer. Espero que cuando sea momento de crecer, niña, seas quien quieras ser.
— Chica poesía














