Pocas cosas incomodan tanto a algunos niños como la “manía” de sus padres de peinar sus cabellos. Y pocas cosas aterran tanto a un padre como la posibilidad de que los desagradables piojos infesten el pelo de sus pequeños. Sabiendo esto es fácil imaginar a qué se dedicaban los ogros de esta entrada.
La Cardapeçols catalana era una extraña y siniestra mujer con la que muchas madres de las zonas de Bruch, Esparraguera y Piera amenazaban a sus hijas cuando no se dejaban peinar. Esta ogresa era la encargada de peinar a las muchachas rebeldes, para lo cual se valía de cardos y arces utilizados para cardar lana de oveja. En su obra Los ogros infantiles, Joan Amades explica que este personaje trataba a sus víctimas sin ninguna delicadeza: tal era su brusquedad que acababa por arrancarles los cabellos a las chicas, dejándolas prácticamente calvas. Además, Amades asegura que la Cardapeçols se entregaba “a mil suciedades y groserías repulsivas de explicar”. Todo un encanto de mujer.
Más monstruoso era otro ser igualmente preocupado por la higiene capilar, el llamado Pardinot, que habitaba en el Valle de Freser, en Ripollés (Girona). Lo describían como una enorme criatura subterránea de abundante pelo negro, la cual poseía unos colmillos inferiores que le llegaban más abajo de la barbilla y otros superiores que sobrepasaban la altura de la frente. Lo más estrambótico del Pardinot, sin embargo, eran sus dos jorobas, situada una en la espalda y otra en la barriga. Dicha condición física le obligaba a caminar de una forma extraña, quizá hasta cómica si no habláramos de un ogro de varios metros de alto.
Esta figura se asociaba originalmente a la de una entidad pagana protectora de los campos, pero su imagen se fue transformando hasta acabar convertido en un asustachicos utilizado para que las muchachitas se lavasen sin rechistar. De lo contrario este ser aparecería para limpiarlas con cepillos de hierro, de los que se usaban antiguamente para limpiar caballerías y bueyes, y luego peinarlas con herramientas de labranza (unos métodos que recuerdan a los utilizados por el sádico Peladits). También se contaba que este Pardinot tenía una especie de esposa o versión femenina, la Pardinota, a la que describían como aún más terrible y encargada exclusivamente del peinado de las muchachas.