Palabritas
Aprecio el lenguaje de la calle, el que la gente no intelectualiza para verse bien; el que surge de la supervivencia. Aprecio las groserías no sólo de mi país, también las que he aprendido en otros lados, las palabrotas contienen mucha historia; me gusta apropiármelas y guardarlas para cuando las necesite. Aprecio las palabras que en conjunto hacen poesía, aprecio las que he obtenido de la literatura e enriquecen mi alma. He creado mi propia forma de expresarme con base a mis propias experiencias, gracias a los dogmas religiosos, las correcciones de mis padres, de los estudios en el colegio, del trabajo, de mis amigos y sus amigos, de la televisión, el cine, la radio, el internet, la publicidad y los periódicos… Y aún así prefiero hablar como yo quiero según crea conveniente o se me de la gana. La formalidad es un invento anticuado, a mi me gusta descubrir a las personas que creen lo mismo que yo e ir rompiendo el hielo, -que no es otra cosa que una máscara para sentirnos adultos-. Me parece muy limitado hablar siempre igual con toda la gente como si realmente todos fuéramos iguales y nuestra idiosincrasia fuera la misma. Prefiero el lenguaje de la empatía y las bromas, el sarcasmo y la ironía… Sé que las palabras tiene fuerza y energía, pero también sé que es más importante la semilla y la intención de quien las dice. Y ya por ultimo te digo: “Si no te gusta lo que digo, ándate”.












