—Ninguna en particular, mientras tenga un sabor fuerte, idealmente picante, me conformo. —Sonrió como si pensara en algo agradable antes de volver a las respuestas—. ¿Mi tiempo libre? —rio nervioso—, malgastar… ¡Invertir!, invertir el dinero en comodidades necesarias para mantener un estado mental apropiado para el trabajo —suspiró—, ojalá haya tragos baratos cerca del hotel… Ah, sí, las preguntas. —Sacudió la cabeza—. ¿Algo que me de miedo?, ¿a estas alturas…? —se llevó un dedo a la cicatriz—, supongo que tener una de éstas en un ojo, ¿te imaginas sangrar cada vez que parpadeas? —Soltó una carcajada—. No, pero, hablando en serio, ¿has oído hablar de Vlad Tepes?, es una oscura leyenda sobre mi tierra natal. Bueno, las historias son reales, creo que si su espíritu regresara de alguna forma, dudaría un muchísimo sobre si volver a Valaquia o no… —Cuando dejó de hablar, se quedó pensando profundamente.