Lo que Madison más odiaba de los recados, es cuando incluían dinero de por medio. Estúpidamente, había dejado caer o quizás olvidado un par de billetes en algún rincón de su recorrido hacia el mercado. No podía volver así al prostíbulo que solía llamar hogar, no si esperaba cenar esa noche o dormir en una litera más o menos decente. Ni hablar de la paliza, esa ya era cosa habitual.
—¿Dónde te has metido, señor dinero? No me hagas esto. —murmuraba, un tanto perdido en sus propios pensamientos mientras rebuscaba acuclillado cerca de unas pequeñas matas de pasto y rocas. Qué horror, ¿por qué no podía dejar de ser despistado?
— ★ @incsensv ;;









