un inesperado grito logra la tensión en su anatomía y la posición de alerta en su máximo esplendor, sin reparar en el hecho de que sus oídos pecaron de inocentes ante el pequeño suceso de que no se trató de un grito de dolor sino algo más. “ ¡¿qué fue eso?! ¡debemos intervenir! ” alertó a la persona a su lado, con iris grandes y asustadizos.










