ÍDOLOS CRETINOS EN EL TEMPLO DEL ESPECTÁCULO El consumo farandulero del rebaño pseudointelectual actual
[Píldora reflexiva]
“Para ser un cretino, primero debes ganarte el derecho (privilegio) de serlo”
Gregory House en Dr. House (2006).
Si por un lado, se puede estar de acuerdo con la frase del genio y sarcástico protagonista, de la exitosa serie norteamericana Dr. House; por el otro, el problema radica en que este tipo de personajes y/o productos, aparentemente origínales y promulgadores de cultura (llámese Sheldon Cooper en The Big Bang Theory, Rick en Rick and Morty, entre otros); son solo un precocido, un preparado de intelectualismo enlatado, carente de alma y substancia; para así dar a entender al espectador (culto o no), que él es partícipe (sin esfuerzo alguno) de una "genialidad espontanea”; es decir, una “cercana” experiencia “intelectual”, sintetizada en la proyección de un producto final del “genio cool”; y, que no es fruto de procesos, de rigurosidad, de forjar cincel a cincel; un carácter y talento.
El éxito de esta receta comercial con la que se establece un perfil estereotipado del protagonista (o antagonista), para el marketing cliché del antihéroe intelectual; se debe a la proliferación de una generación carente de autoestima e identidad propia; por lo que está predispuesta a ensoñarse tras un personaje audaz, irreverente y destacado, que le antepone frente a las calamidades y carencias propias (El héroe tradicional, adalid de la moral y los protagonistas con vidas perfectas, no les dice mucho); permitiendo dar -circunstancialmente- una falsa sensación de privilegio, poder y de un “alternativo” sentido de pertenencia. Por ello, se comprende por qué este tipo de personajes y/o productos, fascinan a la plebe mayoritaria que los consume e idolatra. Nada mejor que un ídolo genial y disfuncional, como alimento digerible para una horda de andrajosos perdedores, sin una pizca de gracia y aptitud. Por eso, son exitosas, sobrevaloradas y sobreexplotadas estás producciones.
Si bien estos estereotipos de la irreverencia y la “genialidad” que, se nos ofrece en estas producciones, le permiten al espectador sentirse especial, inteligente e interesante (como por arte de magia); ignorando la fantasía y efervescencia que configura dicha sensación (por no hablar de las repercusiones psíquicas y sociales, que conlleva la grave romanización de la incapacidad en el manejo de las relaciones interpersonales, a causa de la poca inteligencia emocional); lo cierto, es que al ser nosotros mismos, más allá de lo que se nos vende tras la pantalla, el lograr un alto estatus cognitivo y gran carisma; demanda en cada uno de nosotros, el rigor intelectual, el trabajo constante y la autodeterminación; para poder alcanzar ese elevado nivel de agudeza mental y la autenticidad que se anhela, por mérito propio.
No se trata de satanizar este tipo de producciones, pues son interesantes y entretenidos, sin lugar a dudas. Pero frente a un público joven, generalmente perezoso, roto, influenciable y narcisista; las consecuencias de estos ídolos artificiosos, para el proyecto de vida de los fanboys; puede ser desastroso tanto a nivel personal, como a nivel interpersonal. Facebook y Twitter, suelen ser -precisamente- las cloacas de opinión más evidentes, en las que se vocifera impunemente, la verborrea de dichos individuos adoctrinados; a modo de un sudario de leprosos, que configura la red de una generación infantilizada y cretina; la cual resalta por ser poco inteligente, superficial, conservadora y aburrida; a diferencia de los ídolos que tanto intentan emular. Toda una tragicomedia.
En definitiva, frente al síndrome del emperador tardío -y en apariencia, permanente- de incontables narcisos sin criterio, en la sociedad del espectáculo contemporáneo; es ahora el tiempo de florecer, sobre el estercolero abrupto del ocaso de los nuevos ídolos. Es momento de rumiar, digerir y transformar; como corresponde y se exige de la madurez mental y emocional del ser humano; para el devenir ser del hombre superior: un hombre de alto valor, es un iconoclasta que se reinventa por propia virtud y naturaleza. Pues, es hora de reivindicar al individuo con la lucidez, libertad y potencia que se le debe caracterizar; por encima del individualismo pop, manufacturado y ofertado en el engranaje de todo ese colectivismo farandulero que le explota; ya que el problema con el estereotipo del personaje “brillante pero cretino”; es que ha hecho creer a muchos patanes mediocres”, que son brillantes por ser cretinos. Tal como dice el epígrafe que encabezó esta pequeña reflexión, si por ser cretino quieres pasar por genio, “primero debes ganarte el derecho (privilegio) de serlo”.










