Un día que sin intención me purgué:
Vivimos con la sensación de estar afrontando correctamente la realidad, de vivir con el sentimiento de que tus pies están afirmados a la tierra. Aunque desvariemos y sin querer tropecemos o por instantes flotemos. Porque sí, en algún punto no relevante de nuestras cortas y efímeras vidas, podemos hacernos esas preguntas que interpretan nuestra existencia. Ese cuestionamiento al cual algunos imploran a través de entidades divinas siguiendo el curso de la fe, fluyendo en la creencia. Pero por más que esos libros sagrados nos hayan intentado responder el por qué, cuándo, cómo, sin sostener algo profundamente correcto, si no que sosteniendo una convicción una ideología antropológica, desconociendo la verdad o lo que sostenemos como verdad. ¿Sabemos cuál es la verdad realmente?. Cuál es la verdadera razón que nos hace ser sistemáticamente el modelo de ser humano, cuál es la causa, cuál es su propósito. De este mundo tan tétrico que hemos creado, lleno de inseguridades que perforan identidades. Cuál es la verdadera realidad sin ser la que afrontamos, o solo ¿escondemos esa realidad a través de una simulación? De todos estos desvaríos, de esa ruptura en los hilos que a todos nos conectan, podemos entender el interior de esa brecha cuántica que puede que nos diga una posible verdad.
Ayer me purgué, y por más que estos últimos meses mi consciencia hubiera sido expuesta a sustancias con la intención de percibir otras cosas, esta vez no fue realmente causal. Lo hice por curiosidad y experimentación. Todas estas cuestiones filosóficas viven inundando mi cabeza de vez en cuando, y considero que cuando logras desafiar a esa sensación de piloto automático que constantemente nos domina,.. bueno, percibes el mundo desde tu control. Sé que el universo lo quiso así, y por eso me entregó psilocibina. Así que sin entrar mucho en detalle, la ingerí y sentí que la monotonía iba cambiando. Todo esto de las entidades interdimensionales, la luz, el ojo que todo lo observa, la sensación de autocontrol, la desdicha humana difuminada; eliminada, todo esto lo llevamos en nuestra esencia como seres conscientes. Fue todo tan extraño y al mismo tiempo tan gratificante, que me cuesta explicarlo.
Me acosté, porque según lo que habíamos leído en internet, la clase de hongos que había consumido te generaban somnolencia. Soy honesta, e incrédula, porque realmente no me esperaba una lluvia de visiones ancestrales frente a mi persona que sigue acorralada por el ego. Tenía sueño y me dormí, pero seguía despierta. Escuchaba la voz de Stefano, escuchaba el movimiento, escuchaba las anomalías del exterior, pero algo que no sé reconocer, tal vez esas entidades dispuestas a ofrecerme amor me decían que me quedara quieta, que me escuchara por un momento. Así que el viaje introspectivo inició cuestionándome mi existencia como Paula Castrillón, la española viviendo en Uruguay. Me sentía tan diminuta, y sentía que me decían que estaba oscurecida, que la noche de mi vida tenía que cesar. Vi pasar mi vida en segundos, mi primera mascota, mi madre, mi padre, mis amistades, mis dolores, mis temores, mis heridas, mis cicatrices. Aquel viaje que me dividió, la despedida, lo que no reconocí. Mi llegada, el enfrentamiento frente a los cambios, dolor, dolor y alegría. Todo estaba tan negro que dolía furtivamente y desquiciadamente. Sin embargo, sentía como aquellos seres en la sintonía de mi dolor me consolaban y me decían que todo iba a estar bien. Que mi porvenir es de alegría y que el temor de vivir como ser humano en este plano dimensional es llevadero y crucial para seguir elevandote. La daga que nos atraviesa a cada uno de todos nosotros, la sangre que corre por sus escurridizas palmas, las palmas del ego.. Me contestaban que sea sensata, que los enemigos son fuentes de virtud, y de crecimiento. Así que, entre todo este mareo, abrí mis ojos y me topé con el rostro inmaculado de mi pareja, ya que había consumido pero estaba en distinta sintonía. Estaba tan mareada, mientras que en mi mente resonaba que necesitaba el encuentro conmigo misma, el espectro de mi persona oscurecida debía renacer como amanecer. Le dije a Stefano que necesitaba vomitar. Me sentía mal. Así que me levanté y fui al baño. Me sentía en una borrachera barbara, pero con la mente limpia, con el corazón abierto y con el dolor apunto de ser estallado. Cuando me agaché dispuesta a liberarme de ese mareo, estas entidades me decían que estuviera tranquila, que todo iba a estar bien, habiendo una serie de colores intensos y una vibración armónica en los hilos de mi mente. Empecé a vomitar, vomitar y vomitar, sin asquerosidad. Todos los males de mi alma, de mi psiquis y mi vida actual se iban por esa tubería. Me inunde en un aura de amor y sororidad conmigo misma que me era imposible volver a percibir ese virus de inseguridades inertes. Las voces me decían cosas hermosas, me consolaban y me dirigían conscientemente a desechar todo, cada gota de oscuridad. “Levántate, mírate al espejo, aceptate” y vomitaba nuevamente. Es que, me descompuse por completo, me llevó a tal extremo que tuve la necesidad de sentarme a defecar. Sin aires de encogimiento, me estaba purgando literalmente, junto a un canto constante que me decía que debía limpiarme, que ya era hora de liberarme. Cuando retrocedí, y vi ese charco de dolor me di cuenta de lo que era, de lo que somos. Simples entidades dimensionales que vienen a evolucionar en la escuela en la cual nos encontramos, el plano llamado Tierra. Que estamos desafortunadamente rodeados de dolor e injusticia, como según Cristo, que fue un iluminado a enseñarnos la verdadera razón sin ser la religión, nos daba apología del amor aceptando la soberbia, la gula, la pereza, la envidia, la lujuria, la ira y la avaricia; los pecados, hacerlos nuestros, depositarlos en nuestro cultivo de experiencias y aprender de ellos hasta que finalmente comprendamos la raíz definitiva que nos une a todos; el amor.
Stefano me preguntó si estaba bien y yo estaba en un vuelo lejano de sentimientos encontrados con el universo y la vida. Le dije que estaba bien y que necesitaba ese momento. Limpié el inodoro detalladamente y profundamente, por más que suene absurdo, sentía que en mi vida era demasiado relevante la limpieza y el orden. Ya que todas estas cosas que consideramos superfluas, pues sí, corrompen nuestra energía, y muchas veces nos roban la fuerza de nuestra aura sin que seamos capaces de percibirlo. Cuando me volví a acostar sentía que seguía teniendo cosas en mi interior que estaban revueltas. Estaba bastante intoxicada, pero sentí como puede que todo en el todo tenga hasta la más insignificante razón de que sea así. Volví a vomitar con la misma sensación de purificación y purgación. La cadena infinita hasta llegar hasta la causa de nuestra existencia, el polvo estelar y la magnificación de lo que somos me llegaba a mí como si me estuviera comiendo el repartido de la materia de mi instituto. El hongo hizo todo su recorrido para llegar a mí de casualidad, ¡la famosa casualidad que hace la lógica incertidumbre!. Sabía que todo lo que se me estaba entregando por la luz de este oscuro mundo humano, porque sí, la oscuridad de nuestras inseguridades diarias y los obstáculos impuestos por el mismo sistema que hemos creado es causa de nuestro sueño, de que estemos dormidos. A pesar de todo, sabía que el planeta en el cual transitamos es vivo, es vivo en aromas, colores y vida. Es amor, energía y somos parte de ello.
Después de un proceso lento de desconexión para poder estabilizarme en el plano que estaba, hablé con Stefano, el cual también fue a vomitar pero sin esta experiencia enteogénica y me acosté a dormir. Otra vez, volví a caer en este sueño despierto, en el cual percibía el exterior pero estaba centrada en la corriente que afluía en mi interior. Sentía paz y alivio, no sé exactamente si la Paula con una carga vivencial tremenda murió por completo, pero sé perfectamente que esto quedará en mi memoria, haciendo hincapié en la posible introducción de un mundo que aún es muy desconocido e ignoto.