manifiesto | del | odio
Empezar el martes a la mañana en pleno ataque de ira, queriendo dejar todo plan y rutina actual para hacer lo que acá -en el ojete del mundo- se conoce como tomarse bien el palo. No trabajar más de lo que no me gusta, no madrugar más por esfuerzos pedorros proletarios que a nada llevan, que poco aportan y continúan con el eterno perseverar sudaca, que tampoco es útil. Porque hacer esfuerzos acá de nada sirve, porque si no tenés el amigo indicado nadie se va a detener a ver si realmente lo que hacés o decís tiene valor alguno -salvo que te hagas la puta explícita o digas alguna frase bien de gato que te haga aparecer en todos lados (todo se remonta a lo mismo cuando la sociedad tiende a volverse un conglomerado de trogloditas mira culos), para que luego en algún remoto caso encuentres la puerta indicada (que tampoco pasa)-. Al fin y al cabo todos los días cuento las horas pasar pensando cuáles de todas las cosas que disfruto hacer podré concretar en el momento que finalmente tenga libre -o pueda forzosamente hacérmelo-. Y todo plan, deseo o proyecto resulta postergado un promedio de año, año y medio, o quizá década después.
Y con todo esto, un saludo respetuoso a todos los hippies y antisistema que no me banco, porque hoy, martes a la mañana, haciendo lo que no tengo en absoluto ganas de hacer, estoy de acuerdo con una sola de sus ideas y con ganas de dejar esto que estoy haciendo en este momento; para dedicar mi tiempo a lo que sí disfruto, aquello que me desafía minuto a minuto, me apasiona y sobretodo, aquello en lo que sí creo. Para recorrer más y estar mucho menos -casi nada- sentada. Para decir, trasfigurar, crear y navegar.









