He nacido de tu piel y muerto en ella para volver a renacer en la cama, altar donde muestras escultura con ira y calma.
Vi a una sola rosa y me perdí en las galaxias orbitales que rodeaban tu negro cabello con puntas arcoiris y risa hermosa.
Los terremotos orgasmicos de tus piernas seguían un mapa crucial hacia el cielo y el infierno. Uno para mi bendición y el otro para el destierro.
Lágrimas de risa, de llanto. El fulgor con su ira, su encanto. Tu cuerpo pasado, mi cosmovisión. El de ahora fractura por profanación.
Y nosotros, juego idiota de pensar lo que nunca imaginamos. El pasado nos rompe, las promesas nos raspan la carne con sus 9 trillones 28 millones 2016 dientes, más se alejan con el incumplimiento el cual no se rompe, nos fragmenta.
Hemos tenido que firmar un nuevo ser a partir del fracasado intento de olvido mutuo, aunque mi materia ya congenie con la rosa y la tuya con poeta, nuestra ira nos repele por anonimato.
Busco articular, sé que también lo buscas; venimos del mismo ser de calor y manto llamado "no hay nadie en mi casa". Nos condenamos pensar el día de mañana para ambos una relación bivalente perpetua.
Nos amaneció el ego fatal demente sin que pudiéramos por lo menos darnos cuenta que estábamos dormidos.
No pude dar cuenta de sueño intenso hasta caer por el hueco, ausente del mapa en el colchón, y la atmósfera demandando tú esencia. Ese cuerpo es profano, fractura. Me he hecho dependiente como de la heroína a tu cama.