UN DÍA PINTADO DE NARANJA Y GRIS (parte 1)
Me encontraba en el mes de noviembre del 2019 buscando otro destino que visitar y como siempre me dirigí a las fotografías de los viajeros que rondan por instagram. Subiendo y bajando en las publicaciones se me antojaba un destino fresco y montañoso. De pronto algo cautivó mi mirada, eran unas increíbles imágenes forradas de pequeños animales naranjas que volaban entre árboles gigantes. No tomó mucho tiempo para que me naciera investigar sobre el destino y tratar de encontrar algún recorrido que me permitiera visitarlo a la brevedad posible.
Resulta que se trataba de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca ubicada en el estado de Michoacán, México. Aparentemente a pesar de las condiciones del sitio era una zona segura y de fácil acceso económico, por lo tanto no tomé más tiempo para pensarlo y aparté mis lugares de viaje.
Dirigiéndome a la reserva no dejaba de pensar en todas esas increíbles fotos que unos días antes había visto en los perfiles de muchos de mis amigos, ya que sin duda alguna, era un lugar bastante conocido y visitado. Conforme pasaba el tiempo iba pensando en qué tipo de post iba a sacar, cuáles lugares quería encontrar y qué quería comer, obvio para publicar las mejores historias en instagram. Mi idea del santuario era de un lugar de ensueño.
Finalmente llegué a mi destino y enfocando mi mirada a los escalones para no caer del autobús pisé tierra y levanté mi mirada. Mi bienvenida: cuatro pequeños niños de seis, cinco y cuatro años de edad respectivamente. Con mirada desesperada, ropa ligera a pesar del frío y preciosas caritas cenizas que permitían que sus lágrimas quedaran marcadas en sus cachetitos rosados. Entre gritos ofrecían bastones de madera para apoyarse durante el recorrido y si alguno lo deseaba podían ser sus guías turísticos.
No dudé en vivir la experiencia de las manitas de Raúl, María, Rosa y Javier y emprendimos la aventura. Durante el camino no pude evitar preguntarles sobre su vida, la escuela, sus amigos, sus padres, porque la verdad es que si pudiera expresar las condiciones en las que vivían sería un tema de empatía que cualquiera podría llegar a experimentar.
Entre montoncillos para ganar el primer lugar para contestar mis inquietudes habló primero María, “la más grande de toda la pandilla”.
María: A mí me gusta donde vivo, me gusta la escuela y todo lo que me enseñan. Allí aprendí a hablar español.
Javier: A mí me gusta,” pero me gustaría que no hiciera tanto frío”.
Rosa: A mí me gusta,“pero me gustaría poder pasar más tiempo con mis papás y que vendieramos más para sacar más dinero”.
Raúl: A mí me enseñaron una canción de la mariposa, ¿Te la canto?



















