Rory le había dicho dónde vivía, pero no lo había apuntado, tampoco tenía su número celular y Darren no estaba para preguntarle. Siguió el vago recuerdo de la dirección y pasó a la torre b. Subió los pisos y finalmente se animó a tocar el timbre de ahí. Cruzando los dedos tras su espalda, esperó ver el par de ojos amigables que había danzado en el cuarto de lavado, sin embargo su sorpresa fue otra cuando fue un hombre quién atendió a la puerta. ¿Se habría equivocado? “Hola” carraspeó antes de proseguir “¿aquí vive Rory?” inquirió deseando que así fuera. // @rcptilias

















