Está bien, sí. Uno 'no controla de quién se enamora'. Pero ya a esta altura del baile, uno sí puede controlar a quien dejar entrar o no a danzar. Seamos sinceros. A la larga o a la corta, terminamos reconociendo (solos o con ayuda) cuándo es que la otra persona baila el mismo ritmo que nosotros. Y puede llegar a fascinarte la forma en la que lleva la música, su música. Sin embargo, si ya sabés que no es la tuya, ¿para qué forzar una combinación como la de un tango con un reguetón?
Hay melodías que simplemente no son, Juego de palabras













