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Two birds with fair wings, knit with bonds of friendship, in the same sheltering tree have found a refuge. One of the twain eats the sweet Fig-tree's fruitage; the other eating not regardeth only.
Rg-veda I, 164, 20
A LA AURORA
(por Prascanwa y Gotama)
Los himnos se elevan hacia los dioses en el momento en que el carro de Indra, todo centelleante de luz, viene a despertar al mundo abatido.
Sube hasta el cielo que se desgarra, y nos da esa alimentación luminosa que sacia nuestros ojos.
Hija del cielo, Aurora, diosa brillante y generosa, detén al genio maléfico de la noche y expulsa al inmenso buho que cubre el cielo.
¡Ya ha nacido, ya va a brillar la divina Aurora; ven, ven gloriosamente y sube al cielo para hacerlo resplandecer de luz!
Eleva tu estandarte por encima de las montañas, y ven en tu carro que arrastran vacas de colores purpúreos.
Los fulgores de la Aurora se distinguen; ella avanza por grados; ilumina lo que la rodea y da todo a tintas tornasoladas. Bella y benévola; sonríe.
Hija del cielo, resplandece. Como la bailarina descubre su seno, lo mismo que la vaca muestra sus fecundas mamas, y así como ésta da su leche, la Aurora distribuye al mundo entero su luz.
Vedla, abriendo las puertas al cielo y coloreándose con los fulgores del Sol, su amante.
De igual modo que un profundo mar, así todo lo llena con su grandeza.
Siguiendo los pasos de las auroras pasadas, eres la primogénita de las auroras futuras, de las auroras eternas. ¡Ven a reanimar todo lo que tenga vida, Aurora! ¡Ven a vivificar lo que está muerto, madre de los dioses, ppuesto que contigo todos los dioses despiertan! ¡Ojo de la Tierra, porque sin ti el mundo sería ciego! Mensajera del sacrificio, noble Aurora, brilla para nosotros; aprueba nuestros votos, y esparce sobre nosotros tu luz.
¡Aurora, bendice, iluminándolo con tus rayos, al padre de familia prosternado ante ti rodeado de sus hijos!
Rig-Veda