La rosa esculpe sus violentos colores en el frío, y no es sino quimera de la rosa en la nieve, rosa de invierno, agua helada, blanco en lo blanco[.]
La rosa de hielo | Rosa Lentini
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La rosa esculpe sus violentos colores en el frío, y no es sino quimera de la rosa en la nieve, rosa de invierno, agua helada, blanco en lo blanco[.]
La rosa de hielo | Rosa Lentini
“… No lo que existió sino lo que pudo existir favorece el polvo de un ensueño perfecto…”
Rosa Lentini
Ph: Michelle Rogers Pritzl
(...) Con el tiempo, el suelo seca voces vírgenes o recónditas que nos contestan raspando las estrellas con sus lenguas que la luna platea; y bajo el palio de este cielo pasa el viento la página del centenario libro de registros, al que acudimos una y otra vez en busca de nuestros nombres.
Los dos sueños | Rosa Lentini
(...) más tarde el lugar se precipita, tras escribir mucho las fragmentaciones suceden a los silencios, irse sin quedarse o hablar por los desmemoriados, el hueco o el exceso, el poema imponderable, alguna vez en equilibrio cósmico o con más flores, el cuaderno escolar en el agua, donde una bandada de pájaros con antifaz golpea el aire.
Rosa Lentini
Un haz frente a la costa y un fuego que arde en el espejo, ambos guardan los recuerdos: el primero enturbia el viento que encrespa al mar contra las calles nocturnas[;] El otro se nutre de un mar de cera, y arde.
Los dos sueños | Rosa Lentini
Si yo fuera Alejandra la fugaz, de bellos ojos enquistados en la fiebre, ojos que dibujan su forma, cansados de leer palabras que nombran y hacen sombras sin carne, sabiendo que se trata de eso, de hacer la ausencia; si yo fuera su fiebre, su fruto mordido, su único pájaro en el viento o sus brazos, follaje mortecino, transparencias a la luz del cielo, amorosos restos de una biografía.
Rosa Lentini
Te escucho arder en gestos desvelados, largos, veo tus muslos tensos que guardan para sí su piel más fina y secreta; me quedan solos tus ojos cerrados al misterio del aire.
Rosa Lentini
Ahora que la noche me susurra que la noche me susurra que ella y el agua son una misma presencia, ahora que la voz del agua vuelve y nos invade, ahora que en esa religión del agua he olvidado hablarte y hablarme y por tanto nombrar al mundo y sus gestos, tú deberías insistir
Rosa Lentini