Momiji
La tradición del Momiji no era en lo absoluto desconocida para Tenshouin, no tanto por la cultura que el rubio pudiese o no tener como lo era por haber vivido una vida entera en Japón. No era algo que fuese tan popular entre sus compañeros de clase como podía ser acudir a ver el florecer de los cerezos, por lo que no le prestó nunca una especial atención al fenómeno (de cualquier manera, ¿Qué interés podía haber en ver como las hojas cambiaban de color?) contentándose con ver como las hojas rojizas caían de los árboles del jardín y se apilaban desordenadamente en el césped hasta el día siguiente.
Pero este año era diferente. Este año le habían dicho que no lo hiciese, y como persona adulta y madura eso era justo lo que iba a hacer.
Ver las hojas en soledad sería demasiado triste pero Eichi, igual que estaba rodeado de enemigos, también tenía más de un amigo con el que podía contar al menos para algo tan simple como esto. Sus amigos educadamente y con distintas excusas, pero por suerte había alguien con quien podía contar sin importar la idea que tuviese en mente.
Días después de que Wataru accediese a su invitación, Eichi, armado con una suave manta y un termo de té caliente (su última adquisición, el invento del siglo si le preguntaban), se encontró de pie bajo un árbol, buscando a Wataru entre la multitud. Lo que no debería ser una tarea herculeana, el mago destacaba allá donde fuese, se demostraba complicada
—¿Wataru? —Llamó con curiosidad, quien sabía si aparecía con solo llamarle, no sería la primera vez que le sorprendía— ¿Estás aquí?
— @xuperbia







