El quehacer artístico, en estos tiempos desconcertantes, nos da una suerte de inmunidad, no contra el virus, sino contra del miedo, el aislamiento, la locura, el caos. Es un privilegio tener una herramienta que nos da la oportunidad de comunicarnos con otros. Obviamente, también es un desafío, pero quién sabe, el arte es siempre un experimento que implica un reto. Con esta idea en mente es que, ya en camino a la cuarentena, empezamos a pensar en hacer una obra teatral filmada en teléfonos, cuyas escenografías serían las casas de cada uno de los actores. La situación y la forma fue dictando los conceptos a enfatizar: tiempo, discontinuidad y aislamiento. Liliana Porter y Ana Tiscornia