Durmió tantas veces en otros brazos,
en otras camas, que a veces no sabía bien en donde estaba.
Lo acariciaron muchas manos, y bocas un centenar más.
Sin embargo, en cada despertar y en cada amanecer
emergian de a poco, y lo despertaron del todo, sus propias frustraciones.
Con prisa y en silencio se retiraba siempre del lugar, de ser posible solo y sin que nadie lo viera, para poder descansar.
El tabaco infaltable y el café aún más.
De rutina, cada sábado matutino,a resaca, mandíbula apretada y anteojos de sol, se desintoxicaba de a poco en la cafetería decadente de Palermo, y el diario en internet.
Leia aislado algunas noticias al azar, uniendo cabos sueltos de las noches pasadas, preguntando incontables veces ¿Por que?
Pasando frente a un bazar, su reflejo lo traicionaba y se mostraba cansado, perdido.
Cambió el camino de vuelta a casa. y se desvió más de lo que necesitaba, hasta la tan recorrida plaza de Congreso.
Se sentó, en donde solían estar los bancos que lo acompañaron durante tanto tiempo, pero ahora solo había espacio vacío, de empedrado y pasto.
De cara al congreso, como siempre, meditó.
Y una vez más (casi sin quererlo) solo, en las mañanas frías y tranquilas de su querida capital,
se encontró preguntándose ¿Qué estás haciendo?