En el imaginario popular, una ciudad inteligente está llena de cámaras, drones y postes futuristas. Pero el dispositivo que más datos reúne suele pasar desapercibido porque lo llevamos en el bolsillo y porque su “sensor” no se ve: el smartphone y el ecosistema de señales que lo rodea (antenas, Wi-Fi, Bluetooth, GPS, apps). En conjunto, ese entramado funciona como el sensor invisible más constante, ubicuo y detallado del espacio urbano.
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