Hace doce años que la cinta porno de Kim Kardashian desterró a Paris Hilton al ostracismo
La primera personalidad que ha reconocido en público que Kim Kardashian siempre quiso ser famosa fue el editor de la revista In Touch, Kevin Dickson. Confesó en marzo de 2017 que Kim y él se habían hecho amigos allá por los dosmiles, y que ella le enviaba de vez en cuando alguna historia que pudiera publicar. Pero su invisibilidad mediática no era rentable para los medios. ¿Por qué iban a publicar información sobre una mujer que solo ordenaba los armarios de los famosos? Por aquel entonces, el patriarca Robert Kardashian hubiera funcionado mucho mejor: al fin y al cabo, había defendido a O.J. Simpson durante el mediático juicio en el que se le acusaba del asesinato de su mujer y un amigo. Defensor de asesinos gana claramente a chiquita vende-ropa-de-famosos-en-eBay.
La estrategia de Kim por alcanzar la fama todavía se estaba cocinando. Ya era amiga de verdaderas celebrities, pero supo tener la suficiente inteligencia para arrimarse a LA celebrity de la época, la multimillonaria a quien no le importó que la desheredaran porque ya había conseguido hacer de sí misma una marca. Me refiero, por supuesto, a la muñeca más triste de Hollywood, a la reina de lo pink y los perritos toy, la única y pionera Paris Hilton.
En 2001, la heredera de la lujosa cadena hotelera ya había sabido aprovechar su fama con lo que ahora llamaríamos Parisleak. Un vídeo casero de ella y su novio, titulado Night in Paris, mostraba a modo de happy end una felación con eyaculación en pechos incluida. Nada reprochable para ella, pero sí para él, quien decidió lucrarse con la cinta publicándola cuando Paris comenzó las emisiones de su propio reality show, Simple Life. "Nunca recibí un centavo del vídeo. Es simplemente dinero sucio y (Salomon) debería darlo todo a alguna caridad por las víctimas de abuso sexual o algo por el estilo. Para ser honesta, ya no pienso más sobre ello”, confesó a la revista GQ en el año 2006.
Apenas un año después, Kim Kardashian empezó a hacer sus brevísimas apariciones en pantalla. Gracias a los negocios de su padre y a su empresa ordena-armarios (chica, los ricos también se ganan la vida), consiguió hacer amistad con Paris y aparecer apenas unos segundos en el reality de Simple Life. “Esa fue una de las condiciones (que le dimos para que pudiésemos escribir de ella en la revista): ‘Tienes que salir en televisión’”, cuenta Kevin Dickson. “Literalmente aparecía menos de 90 segundos, pero eso ya era suficiente para que empezara a salir en In Touch”.
Se puede decir que la frase más repetida por Kim mientras cogía impulso de cuclillas fue: “Sí, Paris”. Desde abajo, empezó a controlar las últimas tendencias mientras se deshacía de las prendas más aburridas para la magnate. Escuchó atentamente, observó con disimulo y anotó con cautela cada paso que daba su amiga, estudió su comportamiento con los medios y, por supuesto, cómo había hecho de su nombre un imperio, cómo se catapultó a la fama lejos de la sombra de su familia, cómo lo aprovechó en su beneficio... y en 2007, miles de hombres (y alguna mujer también) alcanzaban el clímax onanista con Kim Kardashian Superstar.
La Kardashian ya había intentado catapultarse a las portadas con una exclusiva en vano. Apenas un año antes, su propósito de que los paparazzi la pillaran en una cita con Nick Lachey, exmarido de Jessica Simpson, acabó con una acusación de su propio date. Estaba convencido de que ella misma había sido la que había dado el soplo de la quedada romántica.
Quizás Kim decidió asaltar las portadas por el camino fácil. Quizás, tras su fracaso in fraganti, decidió imitar de una vez por todas a quien había sido su ama y mentora. Vivid Entertainment, la productora que recibió la propia Parisleak de Kim Kardashian, nunca ha aclarado quién le envió esa cinta, grabada hacía cuatro años (suspicious?). En ella, una jovencísima Kim de 23 años practicaba una sesión de sexo vacacional con su entonces pareja, el rapero Ray J. Lo cierto es que a pesar de los llantos de ella y la furia de él, acabaron llegando a un acuerdo con la productora para lucrarse del material.
Una estrategia nada equivocada si contamos con que acabó siendo el vídeo porno más visto de la historia, con 100.000 millones de visitas. La cifra nunca confirmada es que la protagonista cobró 5 millones de dólares, mientras que según el portal experto en celebrities TMZ, él recibe cada tres meses en conceptos de derechos de autor unos 90.000 dólares.
Con la cinta llegó el segundo paso fundamental que la establecería como la nueva Paris Hilton: el reality show. Keeping Up With The Kardashians (o KUWTK para los fans) no solo catapultó a todo el clan de mujeres a la fama (incluida su madre, Kris Jenner, de quien se rumorea que anduvo detrás del Kimleak y su posterior estrategia de marketing). La propia Kim supo aprovechar su imagen e invirtió, casi descaradamente, todos los cánones de belleza que durante tantos años había establecido su amiga Paris. Desechó el cuerpo largo y la falta de curvas: impuso la figura del reloj de arena, los labios carnosos y la larga melena morena.
La destronada Paris estuvo unos años renegando de Kim (Kim who?, decía cuando le preguntaban). Ahora, con el paso del tiempo, han enterrado el hacha de guerra y asisten a las fiestas multimillonarias de la una y de la otra. Pero su historia es la viva imagen en cuatro tercios de la frase Pinterest que se le atribuye a Pablo Picasso: “Los buenos artistas copian, los grandes artistas, roban”.
















