VUELTA AL SOL
Diciembre 2019
Navidad sin ella. Los fuegos artificiales ya no tenían el mismo fulgor. Con la mirada fija en el cielo, Elena dejó escapar una lágrima y luego otra. Lo que en principio parecía haber comprendido, ahora era una difusa nebulosa de sentimientos. Julia ya no estaba para alzar juntas la copa cuando el reloj marcaba las doce, ni para abrazarse, ni para agradecer que la vida les permitía, un año más, disfrutar los bocaditos, los budines de chocolate y los regalos de Papá Noel. Si, eran pequeños placeres, que aún de mayores solían compartir cada Navidad durante 40 diciembres ininterrumpidos.
Todo cambió. Tantos años de lucha contra esa maldita enfermedad habían sido suficientes para su mamá, pero no para Elena. Ella esperaba que, como muchas otras veces, volviera a la vida. Sin embargo, esta ocasión fue diferente, Julia se fue apagando, hasta no tener fuerzas para desear regresar. Había sido una mujer llena de sueños a pesar de todo lo que le había sucedido en el camino. Una pionera para su época.
Nacida en el 52, había elegido a su hija frente a las intenciones de aborto de su marido. Eso la convirtió en un ser diferente en su comunidad, un pueblito del interior de Uruguay, en el cual ser madre soltera era uno de los pecados capitales del momento y ser pobre el segundo. Lamentablemente para muchos, aunque no para ella, Julia cumplía con esos designios y con otros tantos más. Esa elección la hizo ganarse el respeto de su hija desde el momento mismo de la procreación, y así Elena creció, con su mamá siendo la heroína de todos los cuentos.
Miró al cielo nuevamente, todo se veía borroso, un farol de deseos se elevaba lentamente. La lucecita anaranjada y titilante le recordó a la luz de Jesús, la iluminación y la vida eterna. Allí estaba su mamá, desde hacía un mes ya, descansando en la morada del señor, disfrutando de la merecida paz que no había podido tener en la tierra. Cuánto más se elevaba el farol, más melancolía sentía Elena. Entendió como la inmensidad de la pérdida se percibe con el correr del tiempo, cuando se advierte que ni ese día ni los que te restan de vida, volverás a tener a tu lado al ser al que amaste.
Nuevamente extrañó el cálido abrazo materno, la sonrisa espontánea. Cuando su sabia amiga le dijo que la primera vuelta al sol sin su mamá iba a ser muy difícil, ni cerca estuvo de poder siquiera imaginarlo. Sólo al atravesar el dolor se lo puede comprender y decidir qué hacer con él: olvidar, recordar, aferrarse, destruirlo o intentar hacerlo… infinitas opciones, tantas como personas y pesares hay en el mundo. Soltó un suspiro y entrecerró los ojos, con su mano derecha se acarició el corazón intentando darle calor y cobijo. La lucecita iba desapareciendo, mientras la tristeza iba creciendo. Unos brazos la trajeron de vuelta y secaron sus lágrimas, sus hijos la esperaban para celebrar la Navidad. La luz del arbolito encendido dentro del hogar fue reemplazando lentamente la visión de aquel farolito.
Junio del 2021
Han pasado muchas celebraciones, algunas pérdidas, varias alegrías, y dos vueltas más al sol. Elena siguió con su vida, como todos los sobrevivientes, conviviendo con las ausencias y congojas, en la búsqueda constante del equilibrio entre soltar y recordar. Por momentos vuelve la imagen de aquella lucecita encendida volando por el cielo, y la angustia va menguando su intensidad. Está aprendiendo a sonreír de nuevo, de a poco. La luz del sol le recuerda día a día, que aunque hay personas que no podamos ver, siempre están, en una mirada cómplice, en un poema cursi, un perfume dulce, una canción de resiliencia, en un abrazo eterno.
Katia














