“ Problemas, de vez en cuando, sí, como todo niño supongo. Igual Maida nunca fue como un niño común y corriente, ella sabía más que los adultos o pretendía hacerlo, en verdad no sabía absolutamente nada y siento que sigue sin saberlo. Como creía saber más que el promedio, obviamente los problemas iban de la mano de ello, ¿no? Recuerdo unas vacaciones con sus padres, Ida y yo estábamos comiendo helado y como siempre tío Max se había molestado con Maida porque ella no quería, no recuerdo la discusión en sí misma, pero aquella sonrisa, demonios, esa maldita sonrisa condenó a mi tío. Le dijo algo que había ganado como siempre, meses después me enteré que estaba yendo al psicólogo porque no sólo se negaba a ingerir ese helado, sino todos los demás. Siempre fueron esos los problemas, le decías a Maida “has esto” y hacía completamente todo lo contrario, y lo disfrutaba. Tengo entendido que sigue haciéndolo. Y lo peor, es que te hace quererla de esa manera, desafiante, te vuelves adicto al juego que te pone en mesa y mientras más no dices, más sí quiere. Siempre fue así y supongo que siempre lo será.