¿Cómo sobrevivir a la ciudad? Pues escapando, de vez en cuando, de ella
Después de dos meses enclaustrado en la ciudad, he vuelto a la naturaleza. Después de dos meses tomando micro antes de las seis de la mañana, viajando de pie, apretado junto al sardinaje gris de los obreros y estudiantes. Saliendo de noche y llegando de noche. Encerrado en micros, en metro, en edificios. Encapsulado en ruidos, en tacos, en caos.
Eso quedó atrás. Ahora, en el presente, estoy en un bosque a los pies de la cordillera.
Respiro, comienzo a respirar, de a poco.
Cuesta bajar el ritmo, cuesta quitarme el vértigo, pero logro frenar y relajarme: la pureza del aire cordillerano, los colores otoñales de los árboles, el canto acuoso de las aves, me ayudan.
La verdad es que yo no lo tenía planificado -ni tenía el dinero- fue de la noche a la mañana cuando mi tío me llamó para invitarme. Justo cuando más lo necesitaba y soñaba. Incluso a punta de visiones, de autoengaños. Me da pudor confesarlo, pero para soportar las horas de clases en la universidad, me las he pasado imaginando que en el reflejo de los vidrios hay bosques, hay montañas.
Aguanté fantaseando. Aguanté escribiendo.
Y aquí estoy, nuevamente, en la naturaleza.
Escrito por: Fernando Osorio redactor de Silvestre & Coqueta.















