Yéndonos al norte, Viashka ha sufrido unas fuertes nevadas. Sin embargo, esto no ha causado ningún impedimento a sus habitantes, acostumbrados a copiosas nevadas durante los inviernos que se suelen alargar de más por aquellas latitudes. La reina Lul’y Ru fue suplantada por una doppelgänger (esto lo saben la propia reina, la doppelgänger, Asteria y Arune, puede que unos pocos más, muy pocos), ha estado cautiva todo un año hasta que ha logrado escapar. Ha huido bien lejos, pero volverá. Estamos seguros de ello.
En Eorand hubo un terremoto la noche de la Fiesta de Primavera. Lo sintieron en la capital a pesar de que el epicentro se localizó en Ayrave. También se sintió en algunos territorios de Sauz. A causa de este terremoto (o quizás el terremoto fue un síntoma, o una distracción…) surgieron las gárgolas, seres dormidos durante más de un milenio por el dios Apam. Bueno, no las durmió el dios Apam, pero ellas creen eso. En realidad, fueron dormidas por un bien para ellas, para que Apam no las destruyera como hizo con los eifos. Pero ese es un tema aparte. Volviendo al terremoto… Se combatió a las gárgolas hasta que un día dejaron de salir de debajo de la tierra y demostraron, las que aún quedaban vivas, que no eran seres malignos, sino que había algún tipo de magia que las controlaba. Muchos se muestras escépticos por los cambios tan repentinos –casi sin sentido alguno- pero la mayoría las han aceptado como uno más en sus vidas.
Al mismo tiempo, en Ehismýr se desataban las tormentas más descomunales que la población mundial haya visto jamás. Las tierras comenzaron a anegarse en pocas horas y pasados unos días, ya había lagos y ríos nuevos. Con un mes de tiempo sin cese en las lluvias, el agua corría de lado a lado por todo el reino, uniéndose a los mares a este y oeste. Y, de pronto, un día cesaron las lluvias. Todo el mal estaba ya hecho, aprovechando la energía eléctrica de los rayos en las tormentas, unos nigromantes anclados en las Ruinas de Elda primero y luego en Avonar, crearon a los doppelgängers. No te darás cuenta de que existen a no ser que te veas a ti mismo y no estés frente a un espejo. Aún no se los conoce realmente, pero pueblan varias ciudades, cambiando de forma a su antojo (con ayuda de la energía eléctrica). Y no solo eso, también han asesinado a cargos importantes, colocándose ellos en su lugar…
Y, como no hay dos sin tres, en Yviaross también sucedieron cosas malas. Al tiempo que el terremoto hacía crujir las tierras de Eorand, las Minas Vadrin rugieron con fuerza. Liberaron lo que sus habitantes llamaron “La niebla de la muerte”, que se trató de un polvo –no una niebla, aunque poco importa ya- que surgía cada noche, avanzaba en el territorio e iba matando poco a poco todo lo que encontraba a su paso: vida animal o vegetal. A cada día que pasaba llegaba más y más lejos. Los animales emigraron hacia el norte, las personas los siguieron. Como resultado: Yviaross es ahora un reino totalmente muerto, sin resquicio alguno de que en un tiempo pasado fuese uno de los reinos con mayor población del continente. Se encuentra cubierto por el polvo, lo que ha borrado caminos por completo y atravesar el reino a pie supone un peligro mortal.
¿Qué pasó con aquellas personas que emigraron? El rey Amras los acogió en Eorand. Se fundaron dos nuevas ciudades que llevan ya unos meses en construcción. Algunos habitantes ya se han asentado en su nuevo hogar, otros aún siguen e Yoveri. Yoveri… El lugar que vio morir a la reina Lilith de Yviaross. Ocurrió al poco de llegar a puerto, las revueltas eran cosa diaria y alguien se aprovechó de una de ellas para asestarle una puñalada por la espalda. Sin más descendencia que ella misma, el reino quedó desprovisto de un monarca, por lo que los nobles yviarossinos se reunieron en Eorand y votaron para elegir a una nueva monarca: Edynia Eibjørg Ineaq’a.
En Sarhzak lo que ocurrió no fue obra de seres ajenos al reino, sus propios reyes propiciaron la destrucción de lo que era suyo. Una muy mala noticia recibida una mañana meses atrás desató la ira del monarca Ayperos. Sus hijos habían fallecido en un viaje diplomático, ahogándose en las aguas del profundo océano. Sus cuerpos fueron rescatados a duras penas por los pocos supervivientes a la catástrofe marina. Ayperos se enfureció y convenció a su hermana y esposa de liberar a los seres que llevaban cientos de años encerrando en los volcanes de las islas que componían el reino: los vulcanos. Solo ellos, siendo hermanos y compartiendo una magia especial, podían permitir que siguiesen encerrados y solo ellos tenían la capacidad de liberarlos. El propósito fue la destrucción del mundo, pues un rey preso de la rabia no era capaz de pensar con nitidez… Pero los vulcanos son seres pacíficos que no guardan rencor nada más que a quien los mantuvo tantísimos años encerrados.
Y en Sauz… Bueno, en Sauz no sucedió nada malo. Al contrario. El capitán de la flota real, Lianthorn Verigak, decidió emprender un viaje hacia aguas desconocidas. Y dio con algo, algo grande y especial: Ealyrel. Allí habitan otros seres totalmente diferentes a los que conocían. Aún no han regresado, están inspeccionando el terreno… ¿Qué sucederá cuando regresen? Aunque… ¿regresarán?