Estos Tlaloque recibían el nombre de Auaque -dueños del agua- o Quinquiyauhtin -dueños de la lluvia-.
Cada Tlaloque llevaba en las manos un jarro con agua y un palo. Cuando golpeaban el jarro con el palo producía un trueno, y si se rompía el jarro pegaba un rayo donde caía un pedazo.
Los Tlaloque son dioses de los cerros que viven en cuevas en el interior de la tierra.











