Aún después de terminar 6 huevos (si, usó su función "aspiradora") Dougie dejo su 2° panqueque intacto, salvo por las pequeñas hendiduras que le formaba el tenedor cuando pasaba sobre la mantequilla y el pan.
Tom miraba de reojo a su amigo preocupado por su estado de ánimo.
-Y en esa temporada le gane 51 veces a Danny en todos los juegos de Marío Bros.
-¿Enserio?
-Yep, y usando solo mi mano buena.
Harry alzo las cejas de forma presumida mientras Danny giraba los ojos.
-Canijo, si me rompiste la consola…
-¡Pero gane!. –Harry río con esa risa tan suya mientras le revolvía el cabello a Danny, quien le daba manotazos y decía a lo bajini "estate que me despeinas". – Y Danny tuvo que lavar mi ropa interior por dos semanas. –De repente, su risa seso.- Les hizo un hoyo a todos mis bóxers.
La risotada de Danny fue tan estridente que Dougie dio un bote en la mesa y casi se vuelve a dar su segundo santo ranaso en el día. Miró por unos segundos al pecoso que reía como un descocido para después volver la vista a sus muy interesantes panqueques.
Tom miró a Dougie y frunció el ceño, y no fue el único en darse cuenta de que algo sucedía con el pequeño Poynter. Una mirada rápida entre Harry y Don Pecas basto para que Harry entendiera que debía dejarlos solos.
-Tom, ¿Has jugado alguna vez a los Angry Birds de Star Wars?
-¿Angry Birds?. –pregunto ladeando un poco la cabeza.
-¡Santo Dios!. –Harry se levanto, poniendo ambas manazas en la mesa, sobresaltando un poco al ojimarron.- Tienes que venir a probarlo. –Dicho y hecho, Harry se levanto y a grandes zancados alcanzo al rubio y lo haló fuera de la mesa, llevándoselo casi a rastras para llegar hasta el living donde poco después el sonido de la tv resonó en todo el apartamento.
Dougie siguió con lo suyo sin darse cuenta de que había quedado solo con el señor dientes de caballo. Danny lo observo por un rato, comprobando que su pecho se hinchase de aire o parpadeara para decidir si sí seguía vivo, o no.
-¿Te has llenado ya, panquecito? .-Danny estiro su cuello para quedar rostro a rostro con Dougie, proporcionándole un buen susto. El ojigriz se echó para atrás con los ojos bien abiertos, llevándose una mano al pecho.
-Por Dios, casi me causas un infarto... –Habló molesto, alejándose del ruloso.- Y ya va con los motes, Danny.
Danny sonrío con inocencia (fingida, obviamente) y se regreso a su asiento, divertido por el ceño fruncido del rubio.
-¿Por qué esa cara triste, osito gominola?. –Esta vez Danny dejo de reír, preocupándose por como Dougie escondía los ojos tras la mirada gacha y el flequillo.
-Y dale con los motes… -Hablo bajito Doug, sin mirar al pecoso frente de él.
-¿Te he dicho ya que tienes una bonita sonrisa?. –hablo el mayor.
Dougie alzó la vista dispuesto a darle una colleja y salir huyendo si el pecoso empezaba otra vez de osito cariñosito con él. Pero al ver la seriedad en el rostro de Danny solo pudo preguntar un bajo y torpe -¿Qué?
-Que si te he dicho que tienes una bonita sonrisa. –Pregunto el mayor apretando los labios, impaciente.
-He… -jugueteo con el mantelito de la mesa.
-Doug…
Dougie no contesto, se limito a dejarse vencer y depositó sus ojos grises sobre los marinos ajenos, dejándose desnudo, con sus inseguridades allí expuestas ante alguien más que no era él.
Para Danny, algo en su interior hizo crak, rompiéndose y provocándole un dolor que ni entendía ni quería entender, solo sabía que lo que lo provocó fueron esos ojitos de plata aguaditos y tristes que estaban frente de él. Una gotita salada violo la seguridad del lagrimal de Dougie, y no pasó ni medio minuto cuando un pulgar ajeno se aventuró a secarlo contra la piel de sus pómulos. No sabría decir si pasaron segundos, minutos u horas, pero durante ese tiempo el mar y la plata se hicieron uno solo. De un lado se puede mirar que el acero y el metal en realidad no son muy sólidos, pues se pueden derretir. Del otro lado, que la paz del mar puede llegar a calmar hasta la tormenta más deplorable.
-Si es por lo de las tortugas ninjas Dougie, no tienes porqué avergonzarte.
-¿Qué?
-Eso, que esas cosas molan y mucho, no es que allá creído que eras raro o me hubieras causado risa, bueno, si me causaste risa pero de la buena, ósea no me quería burlar de ti pero ¡Arg! Tú entiendes. –El pecoso se sobo las sienes mientras hacía un mohín con sus labios. Dougie solo pudo reírse de lo gracioso que le había parecido el parlancheo tan rápido del pecoso.
-Vale Danny, ya entendí. –Bajo un poco la cabeza mientras seguía riendo, aguantándose las ganas de echarse a carcajear.
-¿Te estás riendo de mi? ¿Te estas riendo de mi?. –Preguntó mientras fingía estar enojado.
-Jajaja Si. –Las manitas de Dougie bajaron a su estomago, donde trato de evitar que esas tremendas sacudidas que daba su cuerpo le hicieran botar las visera hasta la cocina.
Danny infló los mofletes y puso los brazos en jarras.
-¡Y luego uno es el que no quiere reírse de los calzones de tortugas!
Las mejillas de Dougie se tiñeron de rojo pero siguió riendo, ahora sí, permitiéndole a las carcajadas salir de su boca.
-¡Al menos no soy un rarito que al hablar no se le entiende!
-¿A si? ¿Eso piensas de mi? ¡Ven para acá!. –Danny saltó sobre Dougie (qué es mucho más bajito que él) y fue directo a sus costillas, picándoselas y queriendo tocar la marimba con ella, mientras el cuerpecito de Dougie se retorcía como lagarto y reía como descocido.
-¡Basta! ¡Basta!
-¡Ah no, aquí nadie me dice rarito sin que le haga tragarse sus palabras!
-¡Danny, basta!. –Dougie se retorcía entre las manotas enormes de Danny, mientras sus pies cedían de vez en vez y Danny tenía que sostenerlo y ponerlo de pie antes de que fuera a dar al piso.- ¡Danny, YAAA!
Dougie se echo hacía adelante inmovilizando a Danny con su propio cuerpo, abrazándolo por debajo de los hombros. Su cabeza entre el hueco de su pecho y su cabeza, respirando agitadamente. Danny dejo de reír ante los diminutos bracitos de Dougie a su alrededor, y segundos después acomodo sus brazos para envolver al menor y pegarlo más a su pecho, escuchando su respiración.
-Danny…
-Uhm?...
-Si…
-¿Si qué?. –preguntó mientras Dougie se separaba de él.
-Si me has dicho de lo mi sonrisa… -Dijo, tragándose toda la vergüenza, bajando la mirada para que el mayor no viera el color rojo en sus mejillas y la vergüenza en sus ojos.
-¿Si?, y entonces ¿por qué no sonreías, Doug?. –El azul del mar volvió a perderse en el plata, mientras el plata se perdía en el azul. Dougie miró a Danny, y Danny miró a Dougie, como si sintieran que haciendo eso todo en el mundo estaba bien.
-¿Hay alguna explicación para que no me crea que son del otro bando, y por lo mismo no piense que Danny todos estos años se ha fijado en mi mientras dormíamos en pijamas?. –Pregunta Harry cruzado de brazos, reprimiendo una carcajada, mientras a su lado esta Tom sonriendo, mirando a los dos chicos, mientras algo en sus dotes de Tom le dicen que algo hay entre esos dos.
Y como suele decir Dougie, el tío Tom nunca se equivoca.
El problema con Dougie es que tiembla y tiembla como gato ronroneando, con el ligero cambio de que ni es un gato, ni esta ronroneando. El pobre rubito esta durmiendo en el sofá mediano del apartamento de Danny, mientras se acurruca y se pega lo más que puede a si mismo, para no congelarse y terminar cual muñeco de nieve.
Tom suspira entre sueños, cubierto hasta el cuello con una ligera manta y las botas aún puestas. Dougie le mira y piensa que es muy mono, y si no fuera porque en verdad no puede moverse, seguro le cubriría con su propia manta.
Entonces sus ojos grises van a parar al techo mientras sus manos se cuelan entre el sofá y su cuerpo para acomodarse mejor su nuevo gorro de lana, y suspira.
Los tres chicos se han desvelado viendo Star wars, devorando palomitas de maíz y la verdad es que si era un film bastante entretenido, tanto que a Dougie nunca se le presento Morfeo a echarle unos polvos para dormir.
Y mientras recorre con la mirada la textura del techo, la mente de Dougie viaja directo a un pequeño inventario de lo que ha hecho hoy. Ese pequeño inventario que le recuerda que las personas son buenas.
Allí estaba la señora Lambert esa mañana, con las arrugas de sus ojos a causa del tiempo y la sonrisita que le estaba regalando a Doug, y eso era lo más valioso de ello, la sonrisa. La viejecita pasaba por esa ruta cuando iba al mercadillo cercano, a comprar la fruta y algunos caramelos para Anne y Todd, sus nietecitos. Y cada que se la encontraba, la bella mujer de pelo cano le sonreía y le acariciaba el corazón, regalandoles a Tom y a él algo de lo que había comprado. Y por eso las personas son buenas, porque tienen un corazón tan grande que algunas han aprendido a curar a los de los demás. Y Dougie constantemente necesitaba que alguien reparara el suyo.
Y es que la vida es bella, pero llena de tristezas, e insiste en que esa tristeza es lo que la enbellece, pero Dougie no podría estar seguro de ello. Y aunque vivía allí afuera desde los 12 años, su lista le recordaba que la crueldad humana no esta en todos. Y eso lo mantenía vivo y con una sonrisa dispuesta a aparecer en su rostro.
Suspira y juguetea con sus manos, sintiendo lo heladas que están mientras sus ojos se posan en los azulados ojos del pequeño Danny en esa foto.
-Te compro otra sonrisa.
Las palabras del ruloso aún se mantenían dentro de la cabeza de Dougie, y es que el pensaba que nunca jamas saldrían.
Recordó entonces las patas de gallo que se le formaban a los extremos de los ojos cuando sonreía, y ese bonito brillo en el mar de sus ojos, y también recordó el "chiquitín" y un color rojo inundó sus mejillas heladas. Y cómo los había invitado a dormir en su casa sin ninguna intención más allá de ser amigable, y cómo le había prestado su abrigo de camino a su apartamento para que no tuviera frío.
El rubio sonrió mirando la gran sonrisa dentro de la fotografía.
Las personas son buenas, Danny lo era y Dougie lo sabía.
Seguramente alguna vez haz ido de visita a la casa de tu tía Petunia (todos deberíamos tener una tía Petunia) y te haz quedado cual estatua, bien derecho y sin moverte ni un milímetro con miedo a provocar una catástrofe cual efecto domino con solo querer ahuyentar una mosca. Vale, más o menos así de quieto estaba yo en la casa del pecoso.
-Vamos Dougie, relájate. -Habla Danny mientras destapa una cerveza.
-Ah si. -Danny se acerca a Tom y le palmea el hombro mientras se ríe de mi amigo. -Cuando quieras te la presto Tom, más bien te los regalo si quieres, jamas les he leído, fueron un regalo de Vicky en navidad y la verdad no me molan mucho.
Tom haciente con un brillo inigualable en los ojos con la mirada más allá de los libros del joven mago, su mirada ahora esta trabada en algo que no distingo. Achino los ojos para tratar de encontrarle forma.
-¡¿Eso es la edición especial del episodio cinco de la guerra de las galaxias?! -Pregunta mi amigo con el cartel de "deseo" pegado en la frente.
-Yep, otro regalo de navidad que nunca vi. -le palmea una vez más el hombro y cada vez más pienso que es un tonto.- Puedes llevártelo, o verlo aquí, o ambos.
-¡Vale, vale!
-Rubiecita, ¿Quieres quedarte despierto con Tom y yo toda la noche?
-No, tengo que dormir... -frunzo el ceño por mi nuevo mote. Canijo.
-Cierto, me había olvidado que los chiquitines tienen que dormir, ¿te molestaría tener que dormir con la luz apagada? realmente quiero que mi recibo de luz baje unos euros este mes, ya sabes, la crisis...
-No. -replico molesto.- Pero mañana tenemos que trabajar y sería bueno que Tom también tratara de dormir.
Le he dado al clavo, pero no de la forma en que lo arregla todo porque la sonrisa de felicidad de Tom se esfuma y se esfuerza por tratar de no sonar desanimado. -Dougie tiene razón... -Danny nos mira y se cruza de brazos.
-¿Acaso no pueden considerar tomar un día de descanso?
-eh... no. -replico haciendo un mohin.
-¿Te han dicho que tienes una cara muy de risa?
Aparto la mirada de mi deliciosa lechita y le veo plantado ahí, con su cara de idiota.
-Ah, genial.
-Vamos Dougie, no te molestes solo estoy de broma. -se acerca a mi y me revuelve el cabello. Protejo mi lechita para que alguna de sus pecas no termine allí, o ah... eso no tiene sentido.
-Pues no me gustan las bromas, Danny, y mucho menos que me llamen rubiecita.
-Danny solo esta jugando, Doug, además, creo que sería lindo tomarnos un tiempo para disfrutar, ya sabes, solo se vive una vez y no puedes mal gastar tu tiempo pensando en dinero. -Tom se acerca a mi y se sienta a mi lado, haciendo una cara que sabe me va a convencer.- ¿A qué si?. -Su sonrisa es bastante Tom así que no tengo más remedio que asentir y tragarme las risas del ojiazul.
-Eso chiquitín, además, si te duermes a mitad de película te cargamos y te llevamos a la cuna, no hay problema.
Estoy a punto de contestarle un buen puñado de palabrotas y mandarlo a recoger nabos, pero parece que Tom a sido más rápido y el intro de la pelí ya esta pasándose por la pantalla. Tom nos calla con manotazos al aire, lo miró con curiosidad y espero a ver cuando parpadea, y espero, y espero, y espero... y espero.
Refunfuño un poco y me tapo más con la mantita, tomando un trago de leche y me acomodo en el sofá para ver la película, pero una foto en la mesita llama mi atención cuando veo al pecozo de niño junto a otra niña de bastante parecido, y supongo que es su hermana, pero vale, al menos ella no tiene esa cara de idiota gilipollas que porta Danny.
Igual, Danny es muy mono.
Si, mi amigo es un friki y si, si y si... cada día que pasa me convenzo de que me falta un tornillo.