No me fío de los textos meramente comerciales porque son fríos y tienen sabor a nada.
Tampoco en las frases hechas y repetitivas.
Ni en los emoticones puestos al final de una frase para llamar la atención.
Ni en los anuncios publicitarios mediocres escritos al voleo.
Menos en las palabras que gritan con letra mayúscula.
Me fío de aquello que evoca una emoción.
Punto.
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