❌ 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐏𝐈𝐋𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝐃𝐄 𝐃𝐀𝐓𝐎𝐒: @𝐯𝐚𝐥𝐤𝐲𝐫𝐚 𝐚𝐜𝐚𝐛𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫: PIROFOBIA: miedo irracional y desproporcionado al fuego y los incendios.
No fue el olor a humo lo que la despertó, fueron los gritos de desesperación. Confundida y desorientada se levanta de su cama y descalza camina hasta la salida de su habitación. No se detiene allí, no quiere hacerlo hasta entender, hasta descubrir qué es lo que sucede. Pies pequeños siguen su camino hasta dar con el exterior, siente el frío y la humedad del césped en los mismos, pero esta vez no se deja entretener con eso, su mirada sube y se encuentra con un escenario devastador. Detiene su andar y simplemente se queda mirando, impactada. Llamas consumen la carpa número cinco, la cual siempre le ha sido difícil de identificar pero que en ese momento brilla clara y se destaca de las otras del Circo como si se tratara de una ironía de mal gusto. Siendo tan solo una niña, no lo entiende. Enseguida lleva sus puños cerrados a los ojos, los rasca, pensando que solo se trata de una pesadilla. En su mente un evento tan terrible cómo aquel solo pasa en los sueños o en las películas. “¿***?” Pronuncia el nombre de su hermano de forma instintiva, pensando que tal vez él pueda despertarla finalmente, que pueda llevarla lejos de lo que sucede allí. Mira hacia un lado, luego hacia el otro, él no está. Puede que siga durmiendo, tan solo espera que no se encuentre dentro del incendio. ¿Y su abuelo? ¿Dónde está su abuelo? Pensamientos intrusivos la atacan, le hacen sentir desesperación en su pecho y en la boca del estómago. Sin aguantar un segundo más de incertidumbre vuelve a enfrentarse a lo que sucede frente a sí, camina unos pasos y se acerca poco a poco, queriendo cerciorarse de que no es una ilusión, que no se trata de su imaginación. En caso de efectivamente estar viviendo una situación de tal magnitud debe ayudar, hacer algo. Siente el calor del fuego en sus mejillas, el humo comenzar a adentrarse en sus pulmones y entonces entiende: es real, siempre fue real. No puede hacer más que echarse a llorar, no sabe qué hacer, como dar una mano. Gente va y viene. Ruidos fuertes y alaridos de dolor llegan a sus oídos. Se siente diminuta, indefensa, el pánico la controla entera en ese momento. Sus ojos no pueden despegarse de todo lo que ven pero al mismo tiempo extremidades no parecen responderle, ni para intervenir, ni para marcharse, para absolutamente nada. Lágrimas siguen cayendo y vulnerable simplemente se derrumba sobre sus rodillas, incapaz de sostenerse. No sabe cuánto tiempo pasa, si segundos, minutos u horas hasta que siente como brazos fuertes la levantan del suelo y la cargan para llevársela a un sitio seguro. “¡No, abuelo, tenemos que hacer algo! ¡Ayúdalos, por favor, no pueden respirar!” Habla entre lágrimas, desesperada, pudiendo al fin reaccionar, exigiendo a todo pulmón volver allí. Brazos se estiran, como si quisieran volver, esta vez para ser valiente y no una cobarde. “Ya es muy tarde.” Es la respuesta que obtiene y mientras se aleja de la tragedia, sigue observándola y siente que su corazón se parte en dos, siendo aquella la primera de muchas tristezas que vendrían en el futuro. Días posteriores vivió funeral tras funeral, despidiendo a seres queridos que se fueron con el incendio, aprende que el mundo es injusto y que la vida es tan efímera como delicada, puede escaparse en un segundo.
















