Vivir de viaje te pone a prueba todos los días. Casi te obliga a enfrentar tus miedos, a integrar ese lado oscuro que todos tenemos escondido por ahí para darle luz de a poquito. Vivir de viaje te humaniza, te empodera y te libera. Te enseña a agradecer todo lo que te pasa, lo bueno y lo no tanto. Te destruye y al mismo tiempo empieza a rearmarte. Te desnuda. Te recuerda todos los días que estás solo, aunque muy bien acompañado; que sos el único dueño de tu vida y que tenes la responsabilidad de hacer que cada día valga la pena. Te obliga a confiar en extraños que de un segundo al otro se convierten en familia y son tu único sostén. Te hace sentir insignificante en un mundo gigante y al día siguiente te hace sentir invencible en un mundo inofensivo. Muchas veces te marea, otras tantas logra frenar tu mente y hacerte sentir una paz inmensa. Vivir de viaje te expande, te hace ver tu propia conexión con ese “todo” sincronizado. Te enseña a cachetazos e intensifica todas tus emociones.
Vivir de viaje es para mí la mejor escuela. Es hermoso y no lo cambiaría por nada, pero de la mano de todas las fotos lindas y los grandes maestros que uno se va cruzando en el camino, aparecen un montón de sensaciones que no todo el mundo comparte cuando describe su experiencia. No es fácil lidiar con tanta cosa adentro, y hoy siento que voy a explotar.
Tengo una mezcla de sentimientos imposible de ordenar. Mi cuerpo está cansado y mi mente acelerada. Quiero subir corriendo una montaña y llegar a la cima para gritar muy fuerte, y al mismo tiempo quiero dormir 4 días seguidos o pasar una semana entera en silencio mirando el mar. Siento que llegué a un nuevo comienzo, que no soy nadie, que no soy nada. Solo un punto inquieto sobre una gran pelota de tierra girando alrededor de una de fuego. Quiero abrazar a toda la gente que amo y agradecerle a cada uno/a por haber aparecido en mi vida.
Estoy ansioso (se nota, no?). Siento que estoy cambiando muy rápido y necesito tiempo para procesar todo. Tengo miedo. Tengo miedo de todo esto que me hace feliz. Tengo miedo de haber encontrado algo que hacer para siempre y no poder parar. Tengo miedo de no poder manejar esa mezcla maravillosa entre “me siento en casa en todos lados” y “no soy de ningún lugar”. Me cosquillea la panza cuando intento pensarme de acá a unos años. Dónde voy a estar? Qué voy a estar haciendo? Voy a seguir sintiendo siempre tanta intensidad o voy a naturalizar esta forma de vivir? Por qué estoy pensándome “de acá a unos años” si ni siquiera sé qué voy a hacer mañana?
Tengo muchos proyectos y cosas que aprender. Sé que tengo que seguir confiando en mí y en esa voz interior que me dice que estoy haciendo lo correcto y que no hay límites fuera de mi mente. Aunque sé que la vida misma se va a encargar como siempre de mostrarme el camino a seguir, me permito sentir miedo y aceptar que la incertidumbre, aunque la elijo a diario y no la cambiaría por nada, muchas veces me incomoda y causa la ansiedad que hoy siento.
Sé que todo es temporal y que lo que hay detrás de esta ansiedad es sólo miedo a dar el salto que sigue. Miedo a tanta libertad. Miedo por sentir que me espera algo grande, que solo tengo que seguir buscando(me) y dejándome guiar por todo esto. Hoy agradezco profundamente haber llegado a este punto en el que miro para atrás y sonrío por ver tanto crecimiento. Hoy me siento, de nuevo, más vivo que nunca.
— Antes de ponerme a escribir esto estaba editando algunas fotos. Ésta me gustó y cuando pensaba qué escribirle salió esto: “valora tu experiencia”. En el momento no entendí de dónde salió esa idea ni por qué se me ocurrió, hasta que me puse a intentar poner en palabras todo lo que me está pasando.










