Dos Mil Algo
Pero basta esa canción —esa maldita canción— para romper la ilusión, que yo misma me arme. Pasa una nota y ya estoy ahí, donde te dejé o donde vos me soltaste, todavía no lo sé.
Parece que el tiempo no paso, y estamos en ese lugar que no es pasado ni presente, sino una posibilidad que sigue respirando, aunque los dos hayamos fingido lo contrario.
Yo pensé que vivir sin vos era avanzar, pero descubrí que también es vaciarme. Mi libertad se ha vuelto una condena: me sostiene, sí, pero no me llena.
No quiero enredarme, pero en ese mismo instante ya estoy otra vez enredada. En vos, en lo que fuimos, en lo que prometimos sin animarnos a decir en voz alta.
Y mientras todo eso gira, me doy cuenta de algo: quizás ya no quiero que seamos extraños, ni convencerme de que merezco mejores días en los brazos de alguien más. Porque, al final, lo que fuimos aún pesa, y eso es lo que no puedo dejar ir.
Es por eso que, mientras esa canción sigue tocando, me encuentro recordando todo lo que compartimos: Por lo que fue, por lo que es. Por esos planes clandestinos que nunca tuvimos el valor de llevar a cabo. Por las mentiras que nos dijimos, las que creímos, las que no supimos decir. Por mi terquedad, por tu silencio, por la forma en que nos dimos todo sin darnos cuenta.
Quizás ya no seamos quienes fuimos, tal vez eso sea lo mejor. Tal vez lo que nos dolió también nos preparó para entendernos ahora, desde otro lugar. Y, mientras esa melodía sigue sonando, no me quedo pensando en lo que perdimos, sino en lo que podría ser si, tan solo, volviéramos a coincidir.
-Hadaistyca⋆ ˚。















