S03E02: Oceania
Appeasement is feeding the crocodile, hoping he will eat you last
English version
Monday, 6th of August 2018
Current location: Somewhere between Brisbane and Cairns
Off we go, Sydney. It's been a pleasure. The day we hit the road northwards, we were all equally excited and intrigued. It was the first time we camped outside Europe, in a place full of kangaroos, crocodiles and spiders. What could go wrong?
It was freaking cold, our tent was freaking thin and bad (20$), and it was freaking dark, but we were together. And that's all that mattered. Our ranking of camping suffering had started, though, and, to this day, we still agree that that first night was the worst in the history of foreign campers in Australia. Our prize? A wonderful queen bed size cotton quilt that improved the days to come exponentially.
The further we moved to the north, the warmer it got. Night temperatures started to rise and closer we got towards the crocodile area. Before getting there, we visited a koala sanctuary and a kangaroo beach. Both from the marsupial family and super cute. However, as we got a little too close to one of the baby kangaroos, the mother started jumping towards us. We started running to the beach, but Angela had to hide behind a bush. Quickly Cris Balboa Arnau came with a stick to help and luckily we got away without any fight.
Those days we saw many beautiful beaches, such as Byron Bay, where we could spot Humpback Whales swimming in the sea. And then, when we arrived at the Whitsunday Islands by boat. We got to experience the stunning views of a beach with the purest sand on earth. We got to snorkel and scrubbed our skin with this fine sand. Back on the boat we enjoyed the wind in our hair. A perfect day. For a moment we forgot about the cold during the nights and got new energy for our next adventures.
Versión en español
Lunes, 6 de agosto de 2018
Ubicación actual: En algún lugar entre Brisbane y Cairns
Hasta otra, Sídney. Un placer. El día que emprendimos el camino hacia el norte, se respiraba emoción e intriga en el ambiente. Era la primera vez que acampábamos fuera de Europa y lo íbamos a hacer de manera gratuita (gracias a Wikicamps Australia); en un entorno repleto de canguros, cocodrilos y arañas. Pero, ¿quién dijo miedo?
Hacía un frío polar, el grosor de la tela de la tienda era una broma (Kmart/20$) y nos costaba distinguir un árbol de un canguro, pero estábamos juntos... ¿qué podía fallar? No tardamos en inaugurar «la hora de sufrir». Aquella primera noche fue la peor en la historia nacional de campistas extranjeros y, en eso, todavía estamos de acuerdo. ¿El premio? Un maravilloso edredón de algodón extragrande que consiguió que las noches venideras mejoraran exponencialmente.
A medida que íbamos subiendo, también lo hacía la temperatura, tal como nos había avanzado Jorge antes de empezar el viaje. Pronto, el tema principal de nuestra ópera bufa dio un giro para centrarse en nuestros amigos merodeadores: los cocodrilos. Ya estábamos en su territorio. Por el camino, visitamos un hospital de koalas y una playa de canguros, ambos marsupiales y muy monos. No obstante, nos debimos acercar demasiado a una de las crías porque, de repente, una mamá canguro se comunicó con nosotros en forma de saltos aterradores. Todos corrimos hacia la playa, menos Ángela, que decidió esconderse entre los arbustos en un intento absurdo de evitar un epic fail. Cris Balboa Arnau no se lo pensó y, palo en mano, se dispuso a ayudarle (la única que se atrevió). Por suerte, no llegamos a las manos y salimos ilesos de la situación.
Recorrimos la costa deleitándonos con los encantos de hermosas playas como la de Byron Bay, donde fuimos lo suficientemente afortunados para ver una manada de ballenas jorobadas desde el faro. También visitamos Whitehaven, una de las más impresionantes del planeta, en las islas Whitsundays. Perdimos la mirada entre el blanco, fruto del 98% de sílice que conforma su arena, y los azules turquesa que anunciaban aguas especialmente transparentes. De vuelta al barco, disfrutamos de la brisa, que bailaba con nuestras melenas. Un día perfecto. Por un momento, nos olvidamos de las noches gélidas y nos cargamos de nueva energía para las próximas aventuras.










