"Tenga cuidado con eso" murmuró la rubia adelantándose entre la multitud para recoger su equipaje, sin importarle las quejas que recibió por parte de algunos muggles malhumorados. Ella también tenía algo de prisa: su madre le había enviado a Khalessie su lechuza con un carta ordenandole regresar en el primer tren a Londres por algo que le explicaría llegando a casa. Danielle no había entendido absolutamente nada, pero por la forma precipitada que le ordenaba volver, debía ser algo importante, porque grave estaba descartado desde la primera línea que leyó en el pergamino. Gracias a Merlín que su madre se había dignado en aclararle ello, o justo ahora estaría al borde del colapso y en lugar de tomar un tren, se hubiese aparecido, a pesar de que aún estaba por acreditar el examen para su permiso.
Al llegar al frente, le quitó el gigantesco baúl al hombre, susurrando un suave y prácticamente imperceptible "Lo lamento" antes de volver por el mismo camino. Esta vez los muggles tuvieron la decencia de apartarse, quizás por temor a un nuevo golpe por parte de la rubia o por algo más pesado como el gigante baúl que tiraba con cierta dificultad. Ahora mismo se arrepentía de llevar tanta ropa consigo, pues sus vacaciones con los abuelos Greengrass se habían ido por la borda.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos del bullicio, se detuvo para darse un respiro, las multitudes solían ponerle de malhumor y esta no era la excepción, ahora solo tenía que encontrar un maldito taxi y ¡oh! su día mejoraba al notar frenar uno frente a la puerta de los andenes, se apresuró a ponerse en marcha, tan en su mundo se encontraba, que no visualizó aquel chico rubio que cruzaba, golpeándole a él y el gigantesco baúl que portaba. Como si no fuera poco, la ropa de ambas valijas abandonó el interior de forma caótica por todos lados.
— ¡Mierda! —exclamó cayendo en cuenta por primera vez en el chico a su lado— ¿Tienes seguro médico de baules? —soltó una risita entre incómoda y nerviosa. Su madre decía que en accidentes como aquellos siempre era mejor bromear que exhaltarse o no llegarían a ningún lugar, y a ella le urgía llegar a casa justo ahora.
— ¡Liam! ¡Danielle! ¿Quieren darse prisa y bajar ahora? —su padrastro grita desde el pie de las escaleras, Danielle en su habitación cierra el álbum de fotografías, se coloca el abrigo y sale sin ninguna prisa, Liam la imita, dándole una inexpresiva mirada cuando se encuentran de frente. Ella quiere hablar, pero antes de poder abrir si quiera la boca, su hermano ésta descendiendo a trote las escaleras. Un suspiró cansado abandona sus labios. Y es que apenas el día anterior han vuelto a discutir, Danielle ya ha perdido la cuenta de sus peleas por su primo Scorpius y la tonta idea de preferirlo a él sobre su propio hermano. ¿Cuándo entenderá Liam que no existe punto de comparación?
—A su madre no le gustará que lleguemos tarde... —Vladímir murmura ajustando la corbata de du hijo Sergey con dedos hábiles. La rubia no entiende porque se molesta en ello cuando puede simplemente agitar la varita y asunto arreglado— ¿Y tú corbata Liam? —inquiere el hombre mirando el cuello del interpelado. Liam se encoge simplemente de hombros antes de rodear el cuerpo de su padrastro y perderse por el pasillo que va directo a la sala de estar. Los profundos ojos azules se dirigen hasta la única chica del salón varios escalones por encima de sus cabezas de forma acusatoria— ¿Han vuelto a discutir? —.
— ¿Qué? —exclama la rubia a la defensiva— Danielle —Vladimir susurra a forma de advertencia, brazos cruzados por encima de su pecho— No eres Daphne, mucho menos mi padre para darte explicaciones —Sergey los mira temeroso de otra discusión alternativamente— Se que no lo soy, pero mientras tu madre no se encuentre en casa, soy responsable de ti y Liam, te guste o no —Dolohov gruñe en respuesta, pero no parece querer discutir esta vez, algo que sorprende a padre e hijo, quienes intercambian una mirada significativa, la cual termina por indicarle una silenciosa retirada al niño que sin rechistar sigue los pasos de su hermano mayor.
Vladimir no esta seguro de su siguiente movimiento. Hablar con una Danielle serena era quizás peor que hacerlo con la usual muchacha alterada, pues no sabías cuando atacaría y de que manera. Él lo había visto ocurrir entre madre e hija tantas veces y por Merlín que la menor solía ser tan cruel. Pero justo ahora, ahí en medio de las escaleras y con la mirada pérdida en algún punto del cuadro medieval colgado en la pared del frente, parece dispersa y su padrastro cree saber el porque.
— Danielle... —el nombre vuelve a abandonar sus labios, pero esta vez el tono autoritario ha cambiado a uno pacífico, demasiado suave y el cuál hace a la susodicha mirarle como si un tercer ojo le hubiese brotado de la nada— se que es un momento difícil, pero no tienes que lidiar con esto sola. No soy tu padre, lo sé y nunca he pretendido usurpar su lugar a diferencia de lo que piensas, pero amo a tu madre y te he visto crecer a ti y Liam, los aprecio, así que si un día quieres hablar solo debes pedirlo, no es como si traicinaras a Anthonin por darme una oportunidad ¿Lo sabes, verdad? —hay un incómodo momento de silencio donde la rubia no hace más que mirar al hombre. Quiere creerle; creer en ese amor que profesa hacia Daphne o el supuesto cariño que mantiene hacia ellos, pero no puede, nadie puede borrar de su cabeza la idea de Vladimir siendo el responsable del asesinato de su padre.
— ¿Por qué mejor no te metes en tus asuntos y me dejas en paz? —y ahí esta de vuelta la rubia a la defensiva mientras se deliza los últimos escalones abajo— Ahora andando, ya lo has dicho antes, a Daphne no le gustará que lleguemos tarde —su hombro golpeando intencionalmente a su padrastro al cruzarlo. Schatten suspira resignado antes de echar a andar con premura hasta el frente de su chimenea. Sus hijos aún son demasiado jovenes para aparecerse por si solos, y una aparición conjunta podría ser demasiado arriesgada, así que reparte los polvos flu equitativamente. Uno por uno desapareciendo entre las gigantes llamas verdes.
La primera cosa que Danielle hace al aparecer entre las brasas de la chimenea Malfoy, es caminar hasta Scorpius al otro lado de la sala y envolverlo fuertemente con sus brazos. Puede sentir el calor de un par de lágrimas traviesas perderse en el hueco de su cuello, mientras el cuerpo del rubio se sacude discretamente contra su pecho.
Los orbes azules observan la estancia por encima del hombro del muchacho: el retrato de la tía Astoria y una brillante urna negra luciendo hermosa rodeado de mil rosas blancas. Dolohov no puede evitar el malestar que punza en su pecho cuando visualiza a su madre apartándose de los brazos del ojeroso tío Draco solo para ser envuelta por Vladimir y sus dos hijos, el primero de ellos depositandole un delicado beso en la frente mientras Sergey aparta sus lágrimas con una mueca triste. Luce tan triste, completamente demacrada e inconsolable, y ella no sabe siquiera como acercarsele cuando le clava la acuosa mirada. Se siente la peor de las hijas cuando tira de Scorpius en dirección contraria, lejos de su familia y el insoportable aroma de las flores.
El nudo en su garganta parece desaparecer al llegar a la habitación de chico, siendo Malfoy el primero en romper el contacto entre sus manos para meterse en la cama. A ninguno de los dos le ha parecido extraño o incomodo el gesto, Danielle tiene la intención de sonreír con un recuerdo y hacérselo saber al muchacho, pero este es tan triste como ahora, que prefiere callar. No es necesario pedir permiso para tomar sitio entre las sabanas también.
— ¿Así es como se siente? —Scorpius murmura con media cara enterrada en la almohada, Dolohov apenas es capaz de escucharlo, frunce su cejo notablemente confundida, abriendo la boca para preguntar a que se refiere su primo con aquella extraña pregunta, pero lo que viene después, es como un balde de agua helada para su persona— Perder a uno de tus padres ¿Así es como se siente? —la voz de su primo se quiebra cuando repite la pregunta y agradece que él no le este mirando pues sus ojos se inundan en lagrimas y de pronto el labio inferior le tiembla con el vivido recuerdo de su padre. Así es exactamente como se siente.
— Regresa a tú sala Danielle —Anthonin demando desistiendo del amarre en el brazo de su hija. Se llevó la palma a la zona afectada y la cubrió inconscientemente, ignorando el hecho de portar la túnica que seguramente estaría cubriendo un gigantesco hematoma— Tienes que decirme la verdad papá —era una causa perdida, estaba llevándolo más allá de su limite y ella lo sabia. El hombre resopló con evidente fastidio, se acomodó el saco sin apartar la mirada y por más insignificante que aquel comentario pareciera, decidió complacer a su pequeña— Nadie esta a salvo ahora. Sí él lo quiere, lo tendrá Danielle.
— ¿Dolohov? —elevó la mirada. Lily May la miraba en el marco de la puerta con expresión asombrada. Portaba un corto y ceñido vestido verde. Las ondas de su cabello rubio atadas en un moño alto. Danielle pensó que en verdad tenía estilo. El maquillaje, no era como las demás chicas en Slytherin, iba muy acorde a su edad: fresco. Al no recibir respuesta de la mayor, que seguía con la vista pérdida más allá de ella, decidió acercarse— Llevas vestido... —primera gran sorpresa del día para May— Los rumores eran ciertos entonces. Asistirás al baile —.
Dolohov rodó los ojos. Le parecía algo increíble como los chismes corrían en el colegio. Y los llamaba chismes, porque no eran más que eso. Dos días habían pasado de la invitación de Brandon en la sala de Trofeos, y tanto Danielle como el chico habían preferido mantenerlo en secreto— Los rumores dejan de ser rumores cuando se comprueban Lily.
El desayuno dio por terminado. La rubia picó el trozo de carne una ultima vez y dejo los cubiertos a un lado— ¿Qué tú no vienes? —Scorpius y Albus la miraron a mitad de pasillo. Ella negó lentamente. Los dos chicos siguieron su camino sin cuestionarle. Se tomó el tiempo de observar a todos alejarse. Algunos más emocionados que otros por la segunda prueba. El comedor se vació tan rápido como se había llenado. Los alumnos habían vuelto a prepararse para la noche del baile. Los profesores aguardaron un poco más. Nadie pareció percatarse de su presencia, ni siquiera cuando enfilo a paso firme con el hombre junto al Caliz.
— ¿Estas decepcionada de no haber sido seleccionada? —por un momento creyó no ser ella a quien cuestionaba. La sombra, ligeramente más alta, pero considerablemente imponente, seguía dándole la espalda. Inmerso en los papeles entre sus manos. Se limpio el sudor de las palmas discretamente sobre la tunica— No preguntaré como es que lo sabes. Es demasiado obvio. Eres el Ministro —finalmente, él se volvió. La mirada fría y distante de siempre. Las mejillas hundidas, cabello largo, frente amplia y barba de tres días. Danielle se pregunto ¿si era cosa suya o su padre en verdad lucía más acabado que apenas unos días atrás?— Y tú padre —hizo una pausa, como si esperase a que ella continuara, pero no lo hizo. Anthonin introdujo una mano en el bolsillo de su saco y extrajo del mismo, un trozo desigual de pergamino. Lo arrebató de sus manos— ¿Lo has tomado? —cuadro los hombros— Supe que introducirías tu nombre desde el primer momento. También sabía que no habría nada que te hiciera cambiar de opinión. Así que aguarde —pasó una mano por su rubio cabello— Así que... ¿no fui elegida por tu culpa? —Dolohov negó— El Cáliz no fue alterado en ningún momento. Weasley es el elegido.
— Baila conmigo —La sonrisa de Brandon destello en su rostro. Danielle siguió el recorrido de su rostro al brazo y sonrió sin proponerselo, odiándose al mismo tiempo por hacerlo— Comienzo a pensar que venir contigo fue una pésima idea —Krum no esperó respuesta. Capturó la palma de la chica y tiró de ella rumbo a la pista. Recorrió su alrededor con una mirada rápida. Todos parecían inmersos en sus asuntos. Solo unas cuantas miradas fueron a dar directo a ellos antes de que las luces se apagaran y los consumiera la obscuridad. Brandon tomo su cintura y la pego a su cuerpo con inseguridad. Estaba preparado para recibir un buen puñetazo de la menor en cualquier momento pero eso no sucedió— Para mi fue la mejor idea —Danielle deseo que toda la noche transcurriera de esa manera.
— Mantenerte alejada, eso es lo que debes hacer ahora —ella saltó al notarlo alejarse. Apresuró el paso e irrumpió en su camino de forma dramática— No voy a hacerlo, y lo sabes —Anthonin apretó la mandíbula. Los últimos dos profesores abandonaron el lugar visiblemente incómodos con la situación— Me eh mantenido mucho tiempo al margen, pero ya me canse. Tengo derecho a saber lo que pasa —su padre no respondió, renuente a revelar lo que pasaba detrás de ese mundo de rutina que le pintaba— ¿Qué es lo que él quiere? ¿Poder? ¿Seguidores? —el silencio del Ministro terminó por nublar su juicio— ¡Dímelo! —gritó— ¿Qué es lo que tú estúpido Lord quiere? ¿Qué es lo que estarías dispuesto a darle? ¿A mamá? ¿A mi? ¿O qué tal Liam, eh? ¿Llevarías a tu propio hijo al matadero como lo hiciste conmigo?
Anthonin aprisiono su brazo y sacudió el delgado cuerpo de su hija con dureza. El dolor se precipito hasta su hombro— Me estas lastimando...
Jadeo y abrió los ojos de forma desmesurada.
— ¿Estas bien? —Brandon deslizó los dedos del vaso rojo hasta la su muñeca, rodeándola y acariciando con las yemas. La ojiazul mantuvo la mirada perdida un par de segundos más antes de agitar la cabeza en negación. El encuentro con su padre esa misma mañana, la había dejado demasiado afectada. No podía seguir pretendiendo que todo iba bien cuando comenzaba a quebrarse por dentro— Quiero irme —Krum no lo pensó dos veces. Dejó los vasos a un lado y cruzo la pista detrás de ella, perdiendo la rubia melena entre la multitud.
Se sintió ligeramente mejor cuando el aire le acarició el rostro y la música dejo de rebotar dentro de su cabeza. Brandon la capturo solo treinta segundos despues.
— Creí que con irse te referías a la sala común de Slytherin, no al bosque —se defendió con aire tranquilo, ignorando totalmente la fulminante mirada azul que ella le dedicaba— No voy al bosque... voy al lago. Y no necesito que vengas conmigo —quería estar sola ¿qué ten difícil era eso de entender?— No pienso dejarte ir sola. ¿Olvidas el ataque a Alice Longbottom? —Encogió los hombros; era algo que no dejaría de rondar nunca en su cabeza, pero eso no significaba que llegará a terminar igual que la hija menor del profesor Longbottom . Krum sacudió la cabeza— Tal vez tengas más sentido de la supervivencia que yo, pero no mides consecuencias —se detuvo, cruzando los brazos sobre el pecho y lamentándose de haber elegido zapatillas con tacón de aguja, la cual, no dejaba de sumergirse en la tierra húmeda— ¿Y cómo por qué mierda sabes eso? —su contrario encogió los hombros con una sonrisa suficiente en el rostro— Soy observador —ella también sonrió.. Brandon cada vez le agradaba un poco más.
Terminó volviendo a la sala tal como su padre lo había ordenado. Su cabeza repitiendo una y otra vez las ultimas palabras. Era todo muy claro. Anthonin no estaba dispuesto a intervenir por su hermano.
Su cuerpo salto fuera de la comodidad de su almohada y la protección de las sabanas.
Estaba empapada en sudor, el cuerpo dolorido y la mirada pérdida. Lo primero que sus ojos buscaron fue al chico rubio que la había terminado atacando; pero en su lugar no había más que camillas y heridos.
Se estremeció cuando sus pies tocaron el suelo y se dobló en dolor hacia adelante. Tanteo debajo de la bata que portaba y se encontró con que llevaba un grueso vendaje cruzado desde el hombro al abdomen. Suspiró con pesadez. Recordaba haber sido pateada hasta la inconsciencia, así como las palabras de ese mortifago, pero no era igual con su rostro; ese simplemente se desvanecía en una espesa nube de máscaras, gritos y la muerte de ese niño que aún seguía tan viva y fresca en su memoria.
Liam no debió golpearla. Su hermano siguió siendo el punto inicial de sus pensamientos. Se deslizó entre las camillas y rogó porque el chico no estuviese entre ellos. Los rostros pálidos e inocentes golpearon algo dentro de ella y la poca resistencia que aún mantenía la abandonó a mitad del pasillo. La puerta grande se abrió en ese momento.
— Danielle... —.
Krum habló desde el sofá más grande de la estancia en la sala común. La nombrada no se había percatado hasta entonces de la presencia del muchacho— ¿qué estas haciendo despierta a esta hora? —con lo que ella consideraba pijama, se cruzó de brazos y terminó descendiendo los últimos escalones.
— No podía dormir —confesó frotándose insistentemente los ojos— Las imágenes del ataque vuelven a mí una y otra vez. Siento que si me quedo dormida volveré al profundo sueño donde Nico Di Angelo maltrata a mi gato sin explicación alguna —ojalá aquel simple comentario hubiese levantado los ánimos para ambos, pero no fue así. Tal vez llegaba a pasar como un pensamiento demasiado banal, pero el extraño sueño no la dejaba en paz. Era incluso tan malo como el hecho de que ahora los mortifagos eran nada más y nada menos que directivos y docentes en el castillo dispuestos a pasar en vela sus noches para vigilar cada uno de sus movimientos y torturar cuando notasen algo fuera de lo usual.
— Nadie torturaría a tu gato Dolohov, él esta sano y salvo, de eso estoy seguro —probablemente ni siquiera tenía idea de quien le estaba hablando y ella seguía quejándose sin tomarlo en cuenta— No me hagas caso. Tienes demasiado en la cabeza con el secuestro de Clarissa como para agobiarte aún más —se acomodó sobre sus piernas y observó el lugar donde se suponía debía estar ardiendo el fuego, en completa obscuridad.
La sala común nunca se había sentido tan fría, insegura.
— Que mala disculpa... —Danielle se sorprendió ante la diminuta sonrisa que surco los labios del búlgaro y esto fue en aumento cuando los dedos de Brandon se movieron por encima de los suyos hasta el interior del brazo— Pero no tienes que hacerlo, me gusta escucharte —eso estaba mal— Disminuyen mis ganas de lanzarme a una muerte segura atacando a los malditos que se la llevaron. Ya eh tenido dos visitas en la semana al calabozo de la tortura por cuestionarlos en clase —eso explicaba los moretones en el pómulo derecho y debajo de la barbilla. Dan se quedó helada— Es un cumplido Dolohov —le susurró con un guiño de ojo. No hubo respuesta.
Se tomó el puente de la nariz con suavidad— Sabía que sería difícil, pero creí que tendría un avance sacándote durante el ataque. Ya sabes, siendo el héroe. Rodó los ojos. Le hubiese golpeado de no ser por el mal estado que portaba. Golpes, ojeras y terror al no conocer el paradero de su hermana.
— Entendí la referencia, solo... —rasco su nuca luchando porque el rubor no trepara a sus mejillas— No soy buena con las palabras —el chico sonrió más amplio y tiró finalmente de su brazo. Danielle tenso cada músculo del cuerpo— Entonces ven aquí —no entendía lo que pretendía y no le gustaba absolutamente nada el rumbo que habían tomado las cosas— por favor, confía en mí —eso era prácticamente un imposible.
Tomó una gran bocanada de aire y la dejó ir poco a poco, así como aceptó que su compañero serpiente la llevara contra su cuerpo. La mata rubia cosquilleando la barbilla de Brandon, la mejilla contra el golpeteo tranquilo de su corazón— ¿Mucho mejor, no? —las palmas de Danielle sudaban, los latidos iban en aumento y la respiración se le dificultaba. Toda ella era un manojo de nervios y no podía encontrar la razón con las yemas de él acariciándole brazo y sus labios moviéndose sobre el nacimiento del cabello— ¿Qué pretendes Krum? —inquirió mirando dolorosamente arriba, hacia su rosto apacible y casi somnoliento— Por ahora, nada más que dormir con la rubia más ruda de todo Hogwarts. Y sí, ese es otro cumplido.
La susodicha abrió la boca y la cerró rápidamente. Estaba cansada de pensar hasta que la cabeza se volviera un lío, por una vez quería dejarse llevar y aceptar lo que alguien más le ofrecía. Cerró los ojos, respiró profundo y su mente lanzó miles de preguntas ¿hacía bien? ¿podía confiar en Brandon? ¿por qué estaba tan aterrada a su lado? Por un momento creyó que el cometido del chico se había cumplido y que sería capaz de huir de la pésima escena, pero cuando trato de deslizarse fuera, Krum la atrapó y jugueteo con un mechón de su cabello— Solo respira —habló suave, casi imperceptible. Danielle lo hizo, primero a destiempo hasta finalmente acoplarse con el sube y baja del pecho de su compañero.
Par de minutos más tarde, rodeados del calor y latidos del otro sus ojos pesaron y los párpados los cubrieron suavemente. Estaba prácticamente segura que la mañana siguiente se arrepentiría de dejarlo ganar, pero entonces sería un nuevo día; por ahora ambos necesitaban descansar y si para ello se necesitaban el uno al otro, lo tomarían.
Miró sobre su hombro. Daphne estaba ahí, estática con el pomo de la puerta apretado entre sus dedos y orbes humedecidos. Danielle paso un trago amargo de la poca saliva que conservaba y sintió que el alivió trepaba por su garganta; un gigantesco e insoportable nudo que se atacaba ahí. Tenía ganas de correr y abrazarla; ojalá lo hubiese intentado. Pero en su lugar se quedó expectante y terriblemente destrozada cuando su madre dejó caer la mirada. Liam.
A pesar de que su crianza fue lejos de su familia materna, Jace siempre mantuvo contacto con ellos, al menos en su mayoría.
Nunca se catalogo como el preferido de su abuela Daphne, ese papel estaba bien ocupado por Danna y no era como si él deseara despojarla. Aun con ello, su cariño fue basto hacia el castaño al ser el único varón en la familia.
Desde pequeño, a Jace se le hizo saber que su abuelo Anthonin había muerto, sin embargo no fue hasta sus siete años que Danielle decidió contar la verdadera historia. Algo que nunca olvidará es ver a su madre llorar por primera y única vez, una sola lagrima deslizándose por su mejilla y él no atreverse a consolarla. Se encuentra neutral ante la posición de lo que su abuelo era y lo que hizo. Le hubiese gustado conocerlo. Su madre dice que cuando se molesta, le recuerda a él.
El tío Liam es su ejemplo a seguir, lo admira y desea algún día llegar a ser como él cuando sea grande. Nadie más que su madre tiene conocimiento de la admiración que siente Jace hacia Liam. Sabe que si su padre llegara a enterarse, le dolería mucho no ser el modelo de su “campeón”.
Todos creerían que al ser Jace y Lacey compañeros de edades llevarían una excelente relación, pero no es así; al menos no desde la muerte de la tía Scarlett, cuando su prima se volvió distante y decidió ignorarlo como al resto del mundo a pesar de sus intentos para hacerla sentir mejor. Desde entonces prefiere guardar su distancia.
Totalmente opuesta es su relación con Danna, con quien siempre mostró una conexión tan fuerte como la que existe entre sus respectivos padres -Liam y Danielle-. Es la única persona de la que Jace suele aceptar ordenes o sermones, además de su hermana Whaylaa.
Al Danielle nunca arreglar las cosas totalmente con Sergey, Jace no mantuvo contacto con esa parte de la familia, es por eso que le es dificil acercarse a Emma al conocerla en el campamento y aun más, tratarla como su prima por razones obvias. Eso no quiere decir que la chiquilla no cause cierta sobre protección en él debido a todo lo que ha tenido que vivir siendo tan pequeña.
Malfoy más que ser un primo para Danielle, era su hermano, esta es la razón por la que decidió que sus hijos lo llamaran “tío” también. A pesar de esto Jace no lo considera familia, ni a él, ni a Ellie, pues gracias a las cartas de su madre, sabe de la traición que le mostró el esposo de este y no puede creer que Scorpius lo hubiese preferido sobre su familia. “Lo que no fue en tu año, no te hizo daño” que lastima que al Dolohov no le interese esta frase. Dañaste a su madre, olvídate del perdón.
Sebastien made his way up to Drake’s beach house. Figuring the guy had some sense of money to afford the place from first glance. Trotting up to the door with an expensive bottle of wine he gave it a knock. Might’ve been better to call ahead but he did like to make surprise visits here and there. Catch people off guard.
Ni siquiera sé cómo empezar esta carta. Nunca nos hemos comunicado de tal manera y de ninguna otra que no sean gritos, pero… empezare con: Hola Daphne. No pidas que te diga mamá, porque no lo hare. Lo siento.
Sé que esto te sorprenderá de sobre manera y más la rapidez con la que llegara a tus manos. “¡Danielle! No llevas ni 24 horas lejos, pero me alegra saber que te hago falta”, casi te escucho pronunciar aquello en tu cabeza tan despampanante. Y sabes que, no me importa. Estoy demasiado feliz como para colocarte los ojos en blanco si quiera; ¡Eh quedado en Slytherin! ¡En la misma casa que tú y papá pertenecieron! Las mazmorras son asombrosamente tenebrosas y me gusta, sus tonalidades no son para nada tristes, es solo que la gente no ve lo que estas desean transmitir; progreso, actitud, firmeza y crecimiento. Sobre todo siento equilibrio y armonía. Tal vez creas que estoy loca pero así es.
No tengo miedo de iniciar, es más, estoy que me muero de ansias por aprender todo eso que papá no tuvo oportunidad de mostrarme. Sé que hizo lo que pudo, aunque no todo lo que deseó. Ignora esto último y mejor hablemos del bárbaro de mi hermanito ¿Cómo está? Seguramente odiándome porque soy un año mayor y ya puedo disfrutar del castillo y el no ¿verdad? Pues dile que yo disfrutare por él, mientras se pudre de aburrimiento con Sergey allá en casa. Esta pregunta sonara extraña y sé que me arrepentiré pero ¿Él también está bien? Y no pongas esa cara, si, lo creas o no me preocupo por él, lo admití, ahora se feliz y no me lo restriegues, no lo soportaría. Cuídalo, a ambos, pero trata que Sey no se lastime siendo tan torpe, por favor. Suficientes traumas tiene el chico.
Espero poder mandar otra carta pronto y hablarte sobre mis profesores y clases, seguro estarás encantada con ello. Prometo ir bien en los estudios, pero no diré nada sobre mi comportamiento, si te mandan a llamar, ya sabes porque. Suerte en el trabajo.