— ¿Y lo verás hoy? —cuestionó Lily May tendida en la cama de Dominique Weasley. Danielle ni siquiera aparto la mirada del libro de Encantamientos avanzados sobre sus piernas cuando encogió los hombros— ¿Qué ha sido eso? —recriminó la menor ante el gesto. Dolohov se llevó una varita de regaliz a la boca y con la otra se encargó de ejecutar un brusco movimiento de muñeca en dirección al espejo frente a ella. Nada sucedió, suspiró con frustración— Lo veo todos los días. En la sala, en el comedor, los pasillos, ¡incluso compartimos algunas clases! —sería imposible pasar por alto a Krum.
Desde el día del baile, Brandon era un cabello en la sopa. Aparecía hasta en el lugar más recóndito del castillo. Y no era como si le molestara; de echo, comenzaba a sentirse bien. Extraño, pero bien al fín y al cabo. Aunque esto Dyer no tenía que saberlo.
Lily saltó y le arrebató el libro de las manos.
— Sabes que no me refiero a eso, sino, a verse como algo más —ni siquiera luchó por recuperar su objeto de estudio, sería inútil— Quizás… una segunda cita —Danielle se rió socarronamente sin querer— ¿En qué momento tuvimos la primera? —a la chica se le subieron los colores al rostro— Tú eres imposible Dolohov.
La nombrada terminó con un ruedo de ojos y una divertida sonrisa. Se calzó unos botines de plataforma negros y cubrió con una chaqueta del mismo tono. Tal vez no se encontraba de un humor excelente, pero lo suficientemente bueno para apoyar a Weasley en el torneo — Andando May, o llegaremos tarde —.
No estaba entre sus planes terminar disfrutando la competencia junto a Brandon y su hermana Clarissa ¡por supuesto que no! Simplemente, al verlo ahí, agitando su palma para saludarla, y sin otro sitio a donde ir -porque no había más lugares en las gradas- terminó por dirigirse a ellos y pedirles un espacio. Solo y únicamente por eso. Bueno. Tal vez sí lo había estado buscando con la mirada entre la multitud y deseando encontrarlo, pero eso no significaba absolutamente nada. Lily May le había llenado la cabeza de patrañas y después había desaparecido de su vista en el momento que cruzó palabra con Brandon. Pero... ¿Desde cuándo Danielle escuchaba a una niña mimada?
Clarissa le golpeo el hombro al saltar de su asiento gritando y agitando con todas sus fuerzas el nombre de Fred en alto. Por la sonrisa de suficiencia que le lanzó a la serpiente, quedo en claro que aquéllo era a propósito. Y de no ser por la mano de Brandon en su rodilla, le hubiese lanzado un golpe cargado de ira a las costillas— Esta bien, solo un poco emocionada —gritó juntó a su oído para lograr ser escuchado. Pero Danielle no lo creyó. Había fomentado tanto el desprecio de Clarissa los últimos años, que no la culparía por quererla lejos de su hermano. Tal y como ella lo hacía con Finnigan— Linda argolla, por cierto —siguió la dirección que tomaban los orbes claros del chico. Elevó la mano; todavía con el tacto de los dedos ajenos en su muñeca y frunció el entrecejo. La obsidiana de Alecto adornaba su dedo corazón izquierdo. Quizás había olvidado quitarla después de juguetear con ella toda la mañana— Gracias —.
Volvió la vista al frente, pero Brandon siguió hablando; parecía ajeno y desinteresado con el Torneo— La otra noche parecías demasiado afectada y no quise decir nada pero... —un rayo iluminó desde el laberinto captando completa atención de los espectadores, incluyendo la de Krum. El aire arremolino, arrebatando banderines, bufandas y gritos de emoción. Por un par de segundos, se extendió el silencio. No hubo ni un solo murmullo o respiración hasta que la tierra cimbreo bajo sus pies. La alarma golpeó abruptamente el pecho de la rubia y entonces se desató el caos. Alumnos y profesores comenzaron a correr. Danielle apenas había saltado de su asiento, cuando Brandon la derribó junto a Clarissa y las bombillas explotaron en sus cabezas.
— ¿Qué estas haciendo? —le gritó el mayor saliendo de encima de ambas chicas— ¿Quieres que te maten? —sin aire y con un dolor intenso en las costillas, Dolohov se sacudió la escarcha de cristales y fulminó a Brandon con una obscura la mirada— ¡Mi hermano y mi madre están ahí! ¡Tengo que ir con ellos! —Krum sacudio la cabeza y se atrevio a tomarle del brazo a pesar del odio en sus ojos— Tenemos que salir de aquí. Alguien más los ayudará —no podía creer que Brandon hablará de una manera tan cobarde y que en verdad creyera que ella abandonaría a los demás a su suerte. ¿Qué acaso no la conocía? En efecto, él no la conocía ni un poco.
Más hechizos volaron por encima de sus cabezas. Ya no había más gritos de persecución, sólo de dolor. Y con cada segundo que pasaba oculta en las gradas, sentía que se moría— Ustedes tienen que irse de aquí. Busquen refugio —liberó la varita del interior de su chaqueta y echó un vistazo a la arena. Profesores luchaban contra casacas negras. No podía localizar a Liam o Daphne por ninguna parte— Danielle por favor —pidió una última vez el mayor— Deja de rogarle —Clarissa se manifestó después de un largo tiempo en silencio. Tenía un serio moreton en la mejilla creciendo— Si ella quiere morir, que la maten. Nosotros nos vamos —tiró del chico y Dolohov los vio perderse entre las gradas con posición encorvada. Sin quien se opusiera a su acto suicida, se lanzó contra el primer mortifago en el camino. Tan cerca de ella que logró atestar un crudo golpe en la nuca que lo desvaneció al instante.
La escena no paso desapercibida para los nuevos asesinos que se dirigieron a ella sin la usual máscara al rostro. Frunció el entrecejo y dio una nueva mirada a lo lejos; Daphne estaba ahí, luchando hombro a hombro con el tío Charlie. Hacían un buen equipo, así que notando que su madre no la necesitaria corrió en dirección contraria tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Sorteo hechizos, lanzo uno que otro y desvío aún más. A pesar de toda la ayuda que pudo haber brindado, sus pensamientos y carrera estaban fijos en una sola persona. Su hermano. Encontrar a Liam era lo que necesitaba.
El interior del castillo no era más agradable que sus alrededores. Había cuerpos por todos lados; los cuales no era capaz de identificar si continuaban o no respirando. Y que por cierto, prefirió no comprobarlo. Alguien gritó cuando ella llegaba a las destrozadas puertas del gran comedor. No era el primer grito que Danielle escuchaba, pero si el provocó un escalofrío por todo el cuerpo.
Agazapada en el marco de la puerta, se atrevió a echar un vistazo dentro de la gigantesca habitación. Un nuevo grito arremetió en sus oídos, después una pequeña sombra corrió en su dirección. Pudo distinguirla como un Hafflepuff, antes de que un rayo verde le arrebatara la vida. El niño se dobló atrás primero y un segundo más tarde, su rostro dio de lleno en los escombros. Por alguna extraña razón, Dolohov se lanzó al pequeño sin importale que el mortifago siguiera mirando. Lo giró con brusquedad, sosteniendo la cabeza con una mano y golpeando las mejillas con la otra. Era inútil. Ella sabía que estaba muerto y no podía hacer nada para cambiarlo. Los ojos sin vida del niño la miraron.
La opresión volvió a su pecho, esta vez con una fuerza mayor que la primera. Elevó la cabeza, el mortifago la miraba con una sonrisa de suficiencia pero sin intentar nada; solo estaba ahí, disfrutando de su conmoción.
— Una aberración menos —el hombre elevó la varita y la batió ambos lados. Danielle reaccionó, gritando con toda la rabia que llevaba en ese momento y atracando con la misma— ¡Métete con uno de tu tamaño, hijo de puta! ¡Confundo! —el mortifago lo desvío fácilmente, pero la rubia no se detuvo ahí, ni siquiera cuando él contrataco— ¡Desmaius! —repitió moviendo la muñeca en diferente ángulo. De repente su atacante se tambaleo, un torpe hechizo voló de la punta de su varita y la ojiazul vio su oportunidad— ¡Confringo! —el mortifago se desvaneció como polvo en el aire y despejó su visión.
Casi se echa a gritar el nombre de Liam al notarlo ahí, luchando contra un grupo de casacas negras con limitados rasguños. Su hermano giró, como si de algún modo ella hubiese terminado llamándolo. Él habló desde la distancia, Danielle logró captar las palabras apenas "¿qué demonios haces aquí?" Rodó los ojos y se le ocurrieron miles de respuestas sarcásticas; lamentablemente estaban en medio de una guerra y no podían ponerse a pelear por ello. Si Liam peleaba, ella estaba más que dispuesta.
— Hay mortifagos para ambos —El menor no pareció feliz ante la respuesta, pero contuvo la molestia. Y era verdad, cada vez más asesinos se deslizaban a su alrededor. Era como ese mito que la ojiazul había leído en alguna parte. La serpiente que al cortar una cabeza, crecían dos más. Justo así aparecían y desaparecían los mortifagos. Se permitió dar una mirada rápida a su hermano. No podía evitar esa necesidad de correr a ayudarle y lo hubiese echo de no ser por la dirección que tomó la varita de Liam, la cual siguió sin pensarlo. Ese fue su error.
Un golpe, el dolor paralizando cada parte de su cuerpo y la nebulosa desbordándose en sus ojos es el último recuerdo que posee.
Pudo notar dos sombras acercándose; aún no estaba inconsciente, no todavía, así que luchó por el control de su cuerpo— ¿Esta es la niña? —el hombre se rió tan ruidosamente que comenzó a toser de manera incontrolable. Danielle creyó que podía morir. Y seria una muerte tan estúpida.
La segunda sombra pisó con la punta del zapato su muñeca. Estaba tan pérdida buscando el rostro de ambos, que no se percató el lío en el que convertían su chaqueta. Alguien gruñó muy cerca a su rostro— Un auténtico desperdicio —esa voz. Le dio mil vueltas la cabeza— Disfruta tu estadia en San Mungo, Danielle. No habrá próxima —el zapato fue a dar contra sus costillas. Abrió la boca y expulsó el aire con un grito antes de sumirse en la inconsciencia.