Laney era más emoción que persona. Al fin había llegado el día de esa nueva etapa en su vida y, aunque la idea de mudarse lejos de sus amigos por un tiempo le hacía un hueco en el corazón, comenzar algo nuevo, con nuevas personas del medio para conocer y nuevas experiencias, hacían que ese corazón ahuecado saltara en su pecho. Lo bueno es que pudo llegar unos días antes a la ciudad y comprarse esa motocicleta que tanto había deseado y que le era totalmente inservible para la mitad del tiempo que se quedaría en aquel lugar, también sabía que probablemente la guardarían lejos de ella para cumplir el motivo del programa en aquella temporada, pero a ella no le afectaba en lo más mínimo vivir sin lujos. Se movió ágil por las calles de Los Ángeles y, siguiendo indicaciones, en poco tiempo llegó a su destino. Con ganas de elegir ya una cama y conocer a sus compañeros, bajó de su moto y se quitó el casco. Sus maletas, que eran pocas y que habían estado bien amarradas a la moto en todo el trayecto, fueron desmontadas y cargadas con dificultad por la castaña hasta la puerta de entrada que, por cierto, se veía enorme en comparación a ella. Como pudo, entró a la casa y sus ojos se desorbitaron de inmediato. Aquello era mejor de lo que había imaginado “Maldición, esto es mejor que el palacio de Versalles y creí que jamás diría que algo era mejor que ese lugar” Dijo en un murmuro, más para ella misma que para otra persona.