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@tazon-de-estrellas
Tu dijiste: “Yo soy alguien que se destruye a sí mismo y, en el proceso, también puede destruirte a ti… si decides quedarte conmigo.” yo decidí quedarme, esperando que te equivocaras... pero tuviste razón, me destruiste mientras yo quería crecer
Todos crecimos viendo como las rupturas en la televisión y películas se debían a una traición, nacían desde el odio y el enfado.
Nadie nos enseñó (hasta Lalaland) sobre las rupturas desde el amor, donde los motivos de separación son tan profundos que son difíciles de entender, donde solo la pareja sabe por qué se deben de alejar uno del otro, pues de seguir juntos, por muy perfectos que parezcan, solo les hará daño. Es algo que los terceros nunca llegarán a ver.
Llevar a cabo una rupturas desde el amor es algo monumentalmente triste. Ambos saben lo que deben hacer, ambos están conscientes de las circunstancias, pero ninguno quiere hacerlo, hasta que ya no hay más remedio.
El primer paso, tomar la decisión es algo que lleva demasiado tiempo de antelación, es una idea que te carcome desde las entrañas, te sientes culpable, te sientes solx, te desgasta y te agota.
Segundo paso, decirlo. Uy, si esta es la parte más difícil. Es como clavarle un cuchillo a tu ser amado y a ti al mismo tiempo. Sientes que te traicionas a ti mismx, te quieres arrepentir pero sabes que es lo correcto y con el dolor de tu corazón sostienes la decisión. Ves como la otra persona de deshace en tus brazos y tu en los suyos, el mundo alrededor se cae, no existe más que ustedes dos y su dolor. Lloran y se lamentan hasta quedarse sin palabras, se desean lo mejor uno al otro y llega la parte más dura.
Tercer paso, la despedida. Si creías que cortar era doloroso, la despedida es matadora. Ahí es cuando caen en cuenta que no volverán a verse, que lo que sucedió no era una pesadilla, te das cuenta de la realidad. Un último abrazo, una última mirada y la otra persona se desvanece en la distancia. El tiempo se corta, el oxígeno ya no llega a tus pulmones y tu caminas hasta desplomarte a llorar. Y lloras, y lloras. Pasan los minutos y solo desearías que fuera un sueño, te arrepientes, deseas inmensamente que la otra persona regrese y te diga que lo intenten una vez más, que todo va a estar bien. Pero no lo hace, no pasa, te ama tanto que te deja como tu lo dejaste, se aman tanto que prefieren ahogarse en lágrimas que seguirse lastimando.
Pasan los dias y tu mente te dice que te arrepientas, que regreses, le urge la comodidad en la que vivías. Ahí es donde te tienes que mantener firme y recordar por qué cortaron. Recordarlo y recordarlo hasta volver a poner los pies en la tierra.
Recuerda mis palabras, si amas a esa persona y las cosas no van funcionando, déjala. Aunque duela, déjala. Vale más pasar por ese dolor y que ambos continúen sus vidas, a herirse tanto hasta llegar a odiarse, luego se volverán dos ancianos culpándose mutuamente de sus miserables vidas hasta morir.
Más vale un corazón roto, que uno podrido.
Pero no había amor? Claro que había amor, había mucho muchísimo amor, pero no había libertad, ni reciprocidad, ni priorización, ni autonomía.
Fuimos una vitrina de cristal.
Fui un Santo en un pedestal.
Idealizada pero no priorizada.
Él pulía la superficie y cuidaba el brillo,
pero dejó que el polvo se acumulara en mis ganas.
Me quiso quieta, perfecta y disponible;
yo lo quise presente, recíproco y humano.
Y al final descubrí que no me faltaba amor,
me faltaba espacio para existir.
Y yo estaba en una vitrina, protegida pero apartada, valiosa pero prescindible, amada pero no escuchada, idealizada pero no priorizada. Y sobretodo, sin estorbar, acomodada en donde me quisieran colocar.
Que lindo anillo en forma de gotita, parece que un angel lloró en tu mano con lágrimas de amor.
Cuántas malditas veces me viste llorar por tus palabras? Cuántas jodidas veces viste mis ojos muertos y hundidos en la decepción y el dolor, y continuaste clavandome navajas de desprecio e imposición? Pero al final del dia jurabas que me amabas y que morirías por mí, pero me dabas por sentado y mi opinión te importaba muy poco. Mi moribundo corazón continuó latiendo hasta no poder más, y tuve que irme aún sabiendo que moriría de amor, pero me aterraba más que al quedarme mí alma se apagara poco a poco hasta morir prisionera y vacía.
En cualquier momento uno desaparece sin ningún aviso, la muerte es rápida como un parpadeo.
—Garrapata
Nadie habla del golpe emocional que es obligarte a soltar a la única persona que te despertó algo que ni sabías que existía en ti.
Plantilla por determinar 🍂.
Hay días en que la ausencia de alguien pesa mucho en el corazón.
No todas las cosas cuando se rompen hacen ruido.
Hay algunas cosas que colapsan por completo en el silencio más absoluto.