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El Talismán, La Pastilla, El Hechizo
El camino a reconocerse trans, aceptarse trans y finalmente abrazar ser trans es personalísimo. Cada una les va a contar una historia distinta. Cada una empezó a recorrer lo que sería el resto de su vida a su manera. Algunas no teníamos ni referentes ni información alguna sobre lo que nos pasaba, otras llegaron al mundo inundadas de relatos, teorías y sitios web. Hay chicas que explotaron en la adolescencia o en la niñez, mientras algunas encontramos el valor de ser tarde en la vida, superado el espanto no solo de ser, sino de perder lo que teníamos. Súmenle a este torbellino el afuera, la gente que nos odia o que nos invisibiliza o que nos usa.
Todavía no estaba muy segura de ser trans, tenía veintilargos años y recién me animaba a ir reuniones de crossdressing. Hoy sé que sabía y estaba segura en realidad, pero tenia miedo. Aterrada deje de ir a las reuniones, y aterrada volví a ir.
En esas reuniones de gente variopinta, imagino que muchas mujeres trans pusieron los “pies en el agua” por decirlo de alguna manera. Yo fui una de esas mujeres trans.
En el ambiente crossdresser, entre algunas habituales, escuche variantes del mismo cuento o fantasía. Era sobre un talismán, o un químico, o alguna formula, que te permitiera cambiar de forma entre hombre y mujer a voluntad. Un pasaporte que te permitiera dar salida a lo femenino, sin perder las prebendas y privilegios de lo masculino. Era una no - transición. Era un permiso para “soltar la bestia”. Hombres que fantaseaban con entrar y salir sin consecuencias.
Era una no — transición. Era un permiso para “soltar la bestia”
El cuento nunca me satisfizo, me llenaba de angustia. La idea de la forma masculina, por temporal que sea, me ofende. Ahí también escuché a algunas chicas que me hablaban del asco que les daba verse al espejo. Esa revulsión se calmaba cuando realmente se podían vestir y ver como se sentían adentro. Ese asco era el mío. Esas chicas desaparecían al tiempo de las reuniones. Primero lo vi como una ofensa. Se creían mas que una? Hoy entiendo que no. Simplemente fueron en otra dirección, hicieron algo que las separó del resto. Transicionaron. Yo misma hice eso. Me alejé. Corté (de la peor manera posible, pienso a veces) toda conexión con esas reuniones. Sali del área protegida de las asambleas secretas y me lancé a un mundo mas grande, no siempre mas amable. Es que simplemente transicionar se riñe con toda comodidad, con todo secreto, con toda invisibilidad.
Finalmente mi transición también empezó con una pastilla que no ofrecía vuelta atrás ni seguridad alguna. Nada mágico. Nada sobrenatural.
A veces vuelvo a pensar en algunas de las personas que conocí en las reuniones. Algunas tenían la misma inquietud en el alma que yo. Espero que estén bien y hayan encontrado el camino que no ofrece el talismán.
No puedo desearles nada mejor.
EUPHORIA (no la serie)
Ya se que estamos hartas de hablar de la disforia.
Porque yo la experimento y otras personas trans que conozco la experimentan, no me voy a extender mucho pero hay que explicarla aunque sea un poco para que los que no la sintieron, entiendan porque es tan antitética en todo a su opuesta: La Euforia (así, con mayúsculas).
Me voy a autoreferenciar a partir de aquí, porque mi disforia y yo nos conocemos hace mucho y, si bien hay experiencias comunes a todas las personas trans, cada una la sufre distinto.
La disforia es la intensa, paralizante a veces, y profunda sensación de desagrado con el cuerpo, que sentimos discordante con nuestra identidad. En pocas palabras, nos sentimos de un género, pero el cuerpo que vemos nos escupe el otro a la cara, generalmente desde el espejo.
No negamos la biología, la entendemos dolorosamente bien. Pero ese es tema para otro ensayo aparte.
Bañarse y salir de la ducha para vernos desnudas en esa porqueria que tenemos colgada de la pared, es un disparador tan grande de angustia que es difícil explicar lo que se siente. Una vez que tomamos la decisión de combatirla (sea transicionando social, química o quirúrgicamente) empezamos a tener alguna herramienta para tolerarla, remontarla o a veces, con suerte y ayuda, convertirla en un ruido de fondo que podemos manejar.
La transición ayuda, y mucho. Tambien entiendo que no es para todos ese camino. Yo lo emprendi y viene bien. Pero la disforia es un monstruo de muchas cabezas y recursos astutisimos. Vuelvo a la autoreferencia para ilustrarlo…
Cuando empecé a hormonarme, al momento de escribir esto ya casi un año, yo ya tenia clara mi identidad y perfectamente identificadas las excusas que el miedo me dio para demorarme. El tiempo de las hormonas es dolorosamente individual: no hay tiempos fijos, no hay metricas exactas. El cuerpo nos va diciendo con sus cambios como vamos, y a veces es frustrante.
Recuerdo haber llorado inconsolablemente en una consulta con mi endocrinóloga. Todos los sacrificios, los cambios de humor repentino, las horas (si, horas) de llanto agotador, los analisis de sangre periodicos, parecian que no llevaban a ningun lado. Me cambiaron las dosis, y me recomendaron acompañamiento sicologico. Todo hice. Nada cambió. O sí. Muchas veces la disforia nos oculta cambios que otros ven.
Hasta que un dia, mi cuerpo decidio que era hora de cambiar. Todo estaba ahi, en un momento. Me vi en el espejo y vi un esbozo, un atisbo, de la persona que era. Ese fue mi primer momento de Euforia. Duro un segundo, pero fue tan movilizador que me desbalanceó. Pero, la disforia es una hidra. En seguida me mostro otra cabeza espantosa: la mirada del Otro. Porque el Otro tambien es un espejo.
La gente que me quiere, que me acompaña, que entiende, dice “estas hermosa” y yo no les creo, les desconfio. Imaginense entonces la mirada del otro que no conoces. Aca opera una paranoia, estas mirando como te ven los demás e interpretas sus miradas de la peor forma posible. Pasar inadvertida y no ser vista como otra cosa que no sea una mujer es como el Grial de la persona trans: el cispassing, pasar como una persona Cis o al menos que nadie te mire dos veces. Mezclarse.
(Pasaron varios dias desde que escribi esta nota, y cada vez que la releo más me molesta este ultimo parrafo. Porque debería desear el cispassing? Acaso no alcanza mi mera existencia para merecer respeto, o al menos una educada indiferencia?…son preguntas con respuestas racionales que no me ayudan, al menos ahora, con las angustias de la transición. Lean entonces el resto de la nota con cautela, porque quien la escribió sigue en un torbellino)
Escribo esto y no se si es la disforia la que me dicta, pero esto es lo que siento: Nunca voy a obtener esa cocarda. No voy a pasar nunca como una persona Cis. Hace dos meses esa idea era otra fuente de angustia. Hasta que…un pequeño incidente me hizo recalcular. Fui con mi hermana a un bar, al que vamos a menudo a almorzar. Ese dia, habia una chica nueva sirviendo las mesas. Se acerco y nos dijo “Chicas, ya saben que van a pedir”. Mi hermana ni lo noto, creo, pero yo me paralice por un segundo. Tuve mi segundo momento de Euforia. Me detonó. Ese dia volvi a casa y me saque fotos y me mostre en instagram como nunca me hubiese animado. Incluso postee algunas fotos sin maquillaje. A la Laura de hacia 6 meses le hubiese aterrado eso. Esa euforia duro veintipico de horas. MUCHISIMO. Pero, se disipó por otras cosas que nada tenian que ver con mi transición. Asi de frágil es la euforia.
Hoy fui por segunda vez a un restaurante para festejar el cumpleaños de mi viejo, que esta absolutamente ciego de lo que le pasa a la hija. Mi hermana no usa mi nombre muerto delante de nadie hace rato y su trato hacia mi es de una mujer a otra. Como los mozos de ese bendito restaurante.
El local este ha cambiado de dueños varias veces, esta es la ultima iteracion. Asi que hoy el dueño nuevo fue, mesa por mesa, a presentarse, a agradecer que elijamos su negocio. Un tipo absolutamente amable. Y dijo, mientras mi viejo lo felicitaba por la comida que hacian, que si, que estaban contentos y que, ya se habian dado cuenta que “las chicas (mi hermana y yo) vienen seguido, y lo agradecemos”.
Delante de mi viejo, mirando al aire y sin fijar los ojos en el dueño para no romper el hechizo, tuve mi más tranquilo, seguro y calmo episodio de Euforia.
Volvi a casa, empapada de lluvia, pensando: Y si esto era mi estado natural? Y si no era Euforia lo que sentia, sino algo que debería ser mi dia a dia? Esto era el cispassing?
Supongo que ese es el objeto de toda esta vida que estoy llevando. De los interminables trámites, de las drogas y los sacrificios. Acomodarme en el cuero que me toco, cambiarlo para hacerlo confortable, y vivir el resto de mis dias preocupandome por otras cosas.