Weston, desde hace años, aborrecía las festividades decembrinas, sentimiento que se intensificaba con los años, cuando se encontraba completamente por su cuenta, aunque tampoco era que eso le molestara, más bien eran los recuerdos y sus padres que no dejaban de llamarlo para que volviera a Australia durante esas épocas para estar en ‘familia’, cosa que estaba completamente fuera de sus planes, luego de la muerta de su hermano mayor quedaba muy poco, o quizá nada, de una familia verdadera.
Así que para no sentirse tan patético decidió que lo mejor sería seguir trabajando, lo bueno era que a Serval no le faltaban ofertas de horas extra. Miro el panorama del dichoso festival navideño, ignorando lo mejor posible al ejercito de ardillas que centraban con pequeños negros y brillantes ojos en él de forma que lo hacia sentir incomodo, como si dijeran; ‘nuestro gigante y lampiño hijo’, también, de vez en cuando, dejaban nueces a sus pies, pensando quizá que no podría conseguirse las propias.
-Yo creo que las ardillas te entienden perfectamente, lo que pasa es que no quieren escuchar- y no le faltaba la ayuda de la Chica Ardilla para darse cuenta de ello. Observo a las pequeñas y ansiosas bolas de pelo de pelo seguir yendo a la derecha, desobedeciendo las instrucciones deliberadamente, Weston exhalo de la misma forma -Quizá puedas sobornarlas- miro a Phillipa, con la sombra de una sonrisa en la comisura de labios, porque a pesar de todo, sí tenia su gracia.
Reconoció su voz de inmediato, y aun no sabia como comportarse en su presencia. Eran físicamente muy parecidos, lo cual a veces le daban muchas ganas de burlarse sobre alguna cosa australiana, hasta que sentías una sombra pesada sobre el muchacho. Sin embargo, reacciono a tiempo ante sus palabras, que no fueron bien recibidas. Maldijo entre dientes, entrecerrando los ojos y cruzando los brazos hacia la pérgola que, por lo menos, tenia siete u ocho ardillas en el. —¿Sobornarlas? —cuestionó mirándolo de vuelta, tratando de hallar su tono sarcástico y no pensar que hablaba en serio. —Si no estuvieras presente, Weston, las estaría ahorcando ahora mismo. —aseguró, encargándose de decirlo con suficiente eco para ser escuchada. Ahora tenia muchas ganas de hacer un gigantesco berrinche sintiendo como Veruca en el área de nueces de la fabrica de Willy Wonka. Exhaló, esta vez pausadamente, ahora burlándose por imaginarse en una escena asi, y esta vez, ideando una solucion —¿Sabes donde puedo conseguir un arnés? Creo que lo haré yo misma...